Incomodidad

“Estos cambios generan incomodidad.”    “Muchas cosas que se han recuperado, la gente todavía no las siente”

¿Qué dice el Presidente?

Ahora resulta que se llama “incomodidad” al rechazo a decisiones políticas nocivas para las mayorías.

No se trata de incomodidad, se trata de repudio. Cientos de miles de personas salieron a la calle a la madrugada esperanzados en que esos hombres y mujeres que estaban dentro del recinto de Diputados representaran la voz del pueblo.

Una rueda de prensa en la Casa Rosada en la que nadie le pregunta por qué nunca dijo que el ajuste jubilatorio era su prioridad si ganaba las elecciones de medio término. Una rueda de prensa en la que nadie le pregunta por los heridos civiles.

“Nunca más van a perder frente a los saltos de la inflación. Van a estar 4 o 6 por ciento por sobre la inflación”, asegura, sin inmutarse, Mauricio Macri.

Se supo que no miró la tele para ver lo que pasaba en el Congreso y en la calle. Prefirió jugar al paddle. ¿Tampoco habrá mirado los informes de sus economistas?

Ni Mario Negri, uno de los asimilados al macrismo que preside la bancada radical, pudo decir frente a un micrófono lo que el presidente afirmó: que los jubilados no van a perder.

El Presidente habla, despliega el relato de sus preocupaciones y lo escuchan. Todos/das participan de la ceremonia que reproducen las pantallas. Satisfecho por haber logrado el objetivo: sacarle casi 100 mil millones de pesos a los jubilados, discapacitados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, repite que tiene “dos ejes prioritarios: la niñez y cuidar a nuestros abuelos”. Nadie lo incomoda. Las preguntas pueden ser también una herramienta eficaz para ordenar lo que el otro decidió decir.

“Todo es perfectible. No les pidamos a ellos (los policías) una perfección que no tenemos nosotros”, dice el presidente, acongojado por los heridos de las fuerzas de seguridad. Si el paradigma es el de la infalibilidad todo es susceptible de ser relativizado o, peor, invisibilizado. Una veintena de reporteros gráficos baleados en una semana, jóvenes y ancianos, heridos, reclamando testigos por los medios son anécdotas irrelevantes.

Es una cuestión de fe. El Presidente pide que se crea en sus intenciones. Millones le creyeron y le permitieron convertirse en el representante de la primera minoría, consagrarse presidente. Pasados dos años el credo muestra otra vez el texto oculto. Después de una jornada en la que Diputados convirtió en ley la llave del saqueo a los más vulnerables, gran parte de sus votantes, el Presidente apela otra vez a la fe.

Los argumentos lógicos confrontan con las creencias. Sin embargo, esta vez la mentira serial chocó en la madrugada con un pueblo en la calle. Algo nuevo se percibe. A pesar de los gases, algo huele bien en Buenos Aires.

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