Una noche antes de partir hacia Montevideo, donde no había estado desde 1996, cuando conocí en vivo y en directo al ya por entonces notorio y mediático Gustavo Escanlar, tomé mi bicicleta y, en el frío y la neblina de un Santiago azotado por una ola polar innoble, pedaleé hasta la Plaza Uruguay, un sitio algo escondido.

La Plaza Uruguay es un lugar de Santiago que asocio a epifanías e intimidad ci