Como los peces de la Biblia, el género de terror religioso viene multiplicándose dentro del lenguaje audiovisual. En el último lustro títulos como La primera profecía, Hereje y la saga La monja han horadado con su carga simbólica, repugnancia estética y liturgia temática. Marcial Maciel: el lobo de Dios (reciente estreno de HBO Max) comulga con todo lo expuesto, amén de una diferencia sustancial. Se trata de una miniserie documental acerca de una de las figuras más controversiales del catolicismo en las últimas siete décadas. Los episodios, producidos por Ánima Films y dirigidos por Matías Gueilburt, retratan al fundador de los Legionarios de Cristo como un criminal todoterreno que gozó de un blindaje hasta su muerte en 2008. En la plataforma de streaming ya están disponibles los tres primeros capítulos, mientras que el restante se estrenará el jueves 28 de agosto.

Esta trama siniestra -que incluye pedofilia, abuso intrafamiliar y lavado de dinero- no era desconocida en absoluto. Y ahí el mérito de la entrega que describe un rosario delictivo con gran elocuencia junto al uso de documentos inéditos, testimonios exclusivos y análisis de especialistas. “Siempre fue un personaje muy interesante por el impacto que causa mencionarlo. Nuevamente se da el dicho de que la realidad supera la ficción. Nuestra intención fue contar la historia desde la complejidad del personaje. Siempre se lo había contado por partes, y nosotros lo que hicimos fue juntar a todas ellas. Es un monstruo con mil caras”, dice Sebastián Gamba, productor de la miniserie, entrevistado por Página/12.

La primera parte del documental aborda los orígenes del hombre que llegó a ser reverenciado por el propio Juan Pablo II. “Se ve, se siente: los legionarios están presentes”, se lo escucha decir al Papa polaco en una captura de un noticiero. Desde sus primeros años, Maciel tenía bastante claro el rol que cumplirían los jóvenes, al igual que su cooptación de otras congregaciones. Sin embargo, mientras salían a la luz denuncias por abuso sexual infantil y adicción a narcóticos, también crecía su influencia eclesiástica y la tapadera alrededor de su figura. 

Una fuente apunta que Los Legionarios de Cristo llegaron a recaudar seiscientos millones de dólares anuales. Y es por ello que, según el periodista estadounidense Jason Berry, se explica la coraza recibida. “Fue el mayor criminal de la Iglesia Católica y también su máximo recaudador”, apunta quien fue uno de los primeros en denunciar sus fechorías. Otra entrevistada cuenta que antes de la extremaunción, el anciano de 87 años se negaba a confesar las barbaridades cometidas. “Le salía espuma por la boca cuando le preguntaban por su pasado y el silencio daba la pauta de lo que había hecho”, grafica la española Idoia Sota.

Los testimonios y el rigor de Marcial Maciel: el lobo de Dios se complementan con una cuidada puesta en escena. Al igual que en realizaciones previas de la casa matriz (Vendedor de ilusiones y Los ladrones: La verdadera historia del robo del siglo), los inserts generan un efecto demoledor. Sitúan en el mismo lugar de los hechos donde Maciel cometía “varios crímenes en el día, varios de ellos al mismo tiempo”. Ese camino por dos vías le valió el arribo a HBO Max. “Los trabajos de Ánima Films se destacan por cómo cuentan la historia y eso eleva toda la investigación periodística. Es raro decir que te da orgullo tener un true crime de esta clase por lo aberrante que fue todo este caso. Es una realidad que estuvo oculta, la historia puede que haya sido conocida pero lo que armó Ánima Films es muy novedoso”, apunta Cecilia Abraham, directora de Contenido Unscripted en la Argentina para HBO Max.

-¿Por qué decidieron empezar por el funeral?

Sebastián Gamba: -Lo que significa es que Maciel muere en la total impunidad. Vos ves como fallece, conocés su historia, y el choque es total. Porque ya se había destapado bastante. Todavía era venerado. Había creado un culto a sí mismo justamente para ocultar sus crímenes. En el funeral se vio eso.

Cecilia Abraham: -Ves como lo adulan, como lo despiden... y eso es bastante reciente. El manto de impunidad estuvo marcado por ese acompañamiento social. El aplauso que tuvo tras su muerte es escalofriante.

-Otra particularidad es el uso troncal del testimonio de los denunciantes ya mayores. ¿Qué aportan en cada episodio?

S.G.: -Hay tres ex legionarios: Juan José Vaca, José Barba y Alejandro Espinosa. Este último escribió una biografía no autorizada de Maciel, El ilusionista, que cuenta bastante sobre su infancia en la época Cristera de México. Es muy interesante el enfoque. Estos tres legionarios fueron de los primeros en denunciar a Maciel en los '90. En el tercer episodio aparece Elena Sada, una consagrada que suma su mirada como mujer que fue parte de esta secta. Cuando cuenta cómo se va, prácticamente descalza, es muy chocante. Es una mujer de clase de alta de Monterey, lo cual también expone el método de reclutamiento de Maciel. Muchas de estas personas entraron a la Legión de niños, no era lo que se convirtió después. Es una narración mucho más grande que simplemente los abusos sexuales, que de por sí ya es terrible. Es una historia que va evolucionando.

-¿Y qué fue lo que les produjo más asombro sobre su persona?

S.G.: -Lo que no deja de sorprender cómo pudo llevar esta vida absolutamente sin ninguna moralidad y morir sin rendir cuentas, incluso en los últimos dos años de su vida, cuando Benedicto XVI lo envía a penitencia. Supuestamente debía orar y reflexionar sobre sus actos, no podía ejercer su ministerio públicamente, y hacía lo contario: viajaba por el mundo con su mujer e hija. Es sorprendente el desparpajo con el que se movía. En esas últimas entrevistas sigue construyendo esa narrativa de la de un santo en vida. Su propio testimonio es estremecedor.