Los relatos de Periodismo, quinto libro de Sonia Budassi, tienen un carácter urgente. Esa urgencia no sólo se refiere a las tramas vertiginosas donde los personajes parecen a punto de capitular ante las exigencias de la realidad sino, sobre todo, en la escritura en espiral, intervenida se podría decir, de la autora. Budassi es periodista y el mundo que representa en la mayoría de los relatos es el suyo. Excepto en “Campaña”, el único texto que no está protagonizado por un personaje femenino y el único narrado en tercera persona, las historias transcurren en eso que, elásticamente, se denomina el ambiente periodístico. 

No son estrictamente cuentos los textos de Periodismo, sino una suerte de crónicas mestizas, episodios autobiográficos o biográficos más o menos enmascarados, versiones posibles sobre circunstancias históricas concretas. Debido al peso específico de la no ficción en las ficciones de Periodismo, sería mejor llamarlos relatos y no cuentos. Como la autora, que nació en Bahía Blanca en 1978, la narradora de varios de los textos es una joven de provincias dispuesta a hacer carrera en la ciudad de Buenos Aires. “Es imposible crear de la nada, por más que se esté escribiendo ciencia ficción -dice Budassi-. Siempre partimos de algo conocido. Al mismo tiempo, la experiencia está tamizada por la escritura y la imaginación, además de la búsqueda del armado estructural de la representación, y de un tono, para que cada palabra reverbere más allá del cliché.”

En las historias, los acontecimientos y el tono actúan por acumulación. Muchas veces, ese acopio de frustraciones, de intrigas y de rivalidades genera una tensión dramática que se resuelve en lo que Eloísa Oliva denominó “finales apoteósicos”. La imaginación se convierte en vía de escape. En “Sí, quiero”, una periodista cultural debe abrirse camino en el reino del fútbol para entrevistar a una estrella deportiva. Cuando se produce un tímido acercamiento entre ambos, la fantasía se desboca y construye una realidad alternativa. Algo similar sucede en “Tenía que despedirme”, donde una periodista de una empresa editorial pone punto final a años de conflictos y degradaciones. Al salir de la redacción, la protagonista carga una caja con sus pertenencias. “Es como en una película: la editorial estalla mientras yo avanzo y dejo todo atrás. Una explosión muy naranja, con toques de azul hornalla, altísima que llega al piso 14.” Allí arderán editores, jefes de sección y los empleados de recursos humanos. 

Un aspecto notable es que la mayoría de los personajes de Periodismo son trabajadores. Unos pocos jerarcas, como sombras temibles y neuróticas, bordean las tramas. “Me interesaba de esos personajes su doble estatuto y sus contradicciones; su trabajo creativo e intelectual, su condición de funcionales o no a ciertos ecosistemas laborales y simbólicos que habilitan la desigualdad y los estereotipos –cuenta Budassi–. La disputa por el sentido, desde lo que quieren transmitir gobiernos y empresas periodísticas. Y en el medio intervienen los artistas, los escritores, los periodistas, quienes trabajan con el lenguaje en medio de esas tensiones. Algunos más conscientes que otros de su lugar.” 

Varios relatos cuestionan las relaciones de poder en el mundo del trabajo periodístico. “Vistos y leídos” desde el presente, operan como un diagnóstico de la crisis en el sector de la comunicación social. El machismo no está ausente de ese universo. “Cuando empecé a trabajar en medios, creí que sería menor que en otros ámbitos -revela Budassi-. Tenía cierta fe ingenua en que la gente de la cultura contaría con una sensibilidad mayor ante las desigualdades estructurales, sociales y de género. Muy erróneo lo mío. El machismo de los medios y del campo cultural es aterrador. He visto a editores elegir el libro de una autora por la foto de solapa. He escuchado a editores burlarse de mesas de debate de escritoras.” Muchos relatos de Periodismo, con la ironía que provee la distancia (y viceversa), se toman revancha de esas perfidias masculinas. Y

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Sonia Budassi
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