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Ariel Scher

Literatura de palomita

El responsable del cero más glorioso de la historia educativa de mi sobrino menor fue Juan Imhoff. 

Por Ariel Scher

Los goles del Quijote

Los abuelos de Pedro quisieron darle lo mejor.

Por Ariel Scher

Nuestro Panzeri

Siete semanas después de mi séptimo cumpleaños, mi papá y yo resolvimos que Panzeri era primo, tío, hermano, abuelo, sobrino o cuñado nuestro.

Por Ariel Scher

Lecciones de vuvuzela*

El Rey Daniel fue el único profesor de vuvuzela de mi vida  y puedo asegurar que no me arrepiento de no haber tenido ninguno más.

Por Ariel Scher

Los ojos abiertos

Enganche literario

Por Ariel Scher

El equipo de nuestro barrio

Nuestro barrio tenía más o menos la misma gente que cualquier barrio: un pelado que en sus años de número 9 le había hecho un gol a Amadeo Carrizo, una flaca que había vencido a Roger Federer en un

Por Ariel Scher

Noche a noche

A las cuatro y diez de la madrugada, a mitad de camino entre el sueño y la impotencia, uno de los rivales confesó lo que ya otros habían admitido: “No hay manera, no se puede, contra ustedes no se

Por Ariel Scher

Ella y Aimar

La Tía Eufrasia llamaba seguido a las cuatro de la madrugada: casi siempre lo hacía porque tenía algo urgente para contar, casi siempre nos daba un susto y casi siempre estaba lo suficientemente so

Por Ariel Scher

Miguel

El 8 de enero de 1978, a Miguel Sánchez lo desapareció una de las patotas criminales de la última dictadura militar, cívica y argentina.

Por Ariel Scher

Los mierdas

El mejor goleador de la historia de nuestra familia lloraba de tristeza en cada uno de sus cumpleaños porque decía que siempre sumaría más goles que años y que eso le recordaba que la vida es insop

Por Ariel Scher