La marcha del sábado superó todas sus expectativas favorables.
Es probable o casi seguro que, hace un año, nadie o muy pocos imaginaran que a los doce meses habría un escenario “favorable”, siquiera de coyuntura, para el Presidente que llegó a tal sin preverlo
El fin de año se precipita ratificando sensaciones muy contradictorias.
El discurso y la escenografía de Javier Milei al cumplirse un año de su mandato fueron una radiografía quizás perfecta de los símbolos libertaristas, en contenidos y formas.
El héroe Edgardo Kueider vino a ponerle un poco de pimienta al escenario aparentemente congelado en la fiesta financiera. ¿Es un escándalo que se quedará ahí?
Hay un contraste muy claro en el escenario político. A simple vista, no concuerdan la temperatura de los enfrentamientos y la calma chicha de la economía. ¿O sí coinciden?
Una visión no tan ligera de la escena política indica que el Gobierno está pegándole un baile a cuanto se le opone.
Según se coincide en todas las vertientes ideológicas, si algo le faltaba al envalentonamiento de los Milei era el triunfo contundente de Donald Trump.
¿El veranito financiero que festeja el gobierno es comparable con los años de la convertibilidad menemista? Papelones, internas sangrientas y debilidad institucional contrastan con la disposición de buena parte de la sociedad para comprar espejazos de colores.
Cualquier noticia de los últimos días es la ratificación de un estado de cosas políticas que parecen estar congeladas, en Gobierno y oposición.