Portugal suscita en cualquier argentino una añoranza inexplicable.
La palabra intimidad convoca pudores secretos y suspicacias elocuentes que la dotan de un poderío singular. Su erotismo encubierto la vuelve promesa de placeres recónditos, acaso misteriosos.
Cuando Napoleón vio en Londres una estructura cilíndrica en la que se exhibían imágenes que replicaban la ciudad de Edimburgo ordenó extasiado que se edificara su gloria militar con la narración de