PLáSTICA › DANIEL GARCIA, EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES

Sometimientos encadenados

Con impecable factura, la obra del pintor rosarino pone en escena el dolor y la violencia a través de instrumentos de castigo que remiten perversamente al sadomasoquismo.

 Por Fabián Lebenglik

En la anterior muestra individual de Daniel García (Rosario, 1958) en Buenos Aires, “Viajes, citas y otros compromisos”, exhibida el año pasado en la galería Ruth Benzacar, el pintor explotaba, al menos, dos de los sentidos de aquello que se entiende por “compromisos”: por una parte, el sentido positivo de comprometerse, de llevar a cabo aquello a lo que uno se obliga por convicción, por principio, por mandato ético. Por la otra, el artista aludía al compromiso que nace de la demanda laboral y que por lo tanto pone en tensión la creación libre del que pinta lo que quiere y el trabajo por encargo, donde las posibilidades se estrechan por criterios de adecuación y el margen de tiempo se vuelve casi siempre exiguo porque apremia la fecha de entrega. Puesto en perspectiva, el compromiso, en su doble significado –el principista y el pragmático– forma parte del sistema del arte en relación con las condiciones objetivas de producción del artista. La poética de la muestra giraba tanto alrededor de los condicionamientos que impone la necesidad como de la recurrente obsesión del pintor por la enfermedad y la tragedia.
Extendiendo hasta el límite las condiciones de ser (un artista) argentino, Daniel García eligió un título por demás significativo para su actual exposición individual en el Museo Nacional de Bellas Artes: “Bondage”, título debido a la obra central de la muestra –un trabajo de cinco metros por dos– que consiste en una serie de collares con púas de metal, unidos por cadenas que a su vez conforman un sistema, una especie de genealogía del sometimiento, donde cada collar está pintado sobre un recuadro de papel de decoración.
En diálogo con Página/12, el pintor elige una definición de diccionario como punto de partida: “Bondage es un término medieval inglés que describe una relación de servidumbre o esclavitud. Otra acepción es la de atadura, generalmente por la fuerza. Actualmente se utiliza para denominar cierta forma de sadomasoquismo, consistente en inmovilizar a una persona mediante cuerdas o cadenas y realizar sobre ella diversas prácticas eróticas estimulantes, pero retrasando el orgasmo. El término “Bondage/Dominación” (B/D) abarca además insultos y castigos corporales ligeros como azotes. El bondage se practica ayudado de cuerdas, ropa de goma, cintos de cuero y otros dispositivos que permitan inmovilización”.
“Creo que para hablar de esta serie –sigue el artista– tengo que remitirme a otra, comenzada en 1997: ‘Defensas’. En ese momento estaba buscando otra imagen, algo más abstracta, si se puede decir así: quería reemplazar las cabezas por una especie de máscara, una construcción de madera, protectora y defensiva, que también remitiera a una cruz. De hecho, mis modelos para el armazón de madera fueron diversas crucifixiones italianas o flamencas.”
El desbarrancamiento argentino de fines del 2001 ya estaba anunciado –a su manera, oblicua e indirecta– en las pinturas de Daniel García. El centro de su obra siempre fue la tragedia, la enfermedad, el mal, tanto individual como social.
En los cuadros de ese período, los cuerpos, los objetos y las cabezas lucían anacrónicos desde el tratamiento de la imagen. Sus pinturas están realizadas con un apego perverso por la pedagogía –por su claridad y frontalidad supuestamente explicativas– y el discurso científico del siglo XIX. En sus imágenes se lee la reactualización de la historia, la crónica de un pasado que también es o puede ser presente o, tal vez, el anuncio de un futuro ominoso. Las cabezas y los cuerpos de los cuadros de Daniel García –como puede verse en la obra suya seleccionada para el Premio Fundación Banco Ciudad, colgada en la primera planta del mismo Museo– siempre están de vuelta del dolor, atravesando infiernos pasados, presentes y futuros. La serie de las cabezas toma en su obra la forma de una galería de casos, tal como lo tomaría el discurso científico o jurídico: imágenes de la excepcionalidad, de la violación de la norma. Lucen como casos criminales, clínicos o psiquiátricos.
Aunque surjan como homenajes o citas, los cuerpos y objetos de sus pinturas se posan sobre la excepción a la norma, para remarcar su perversa ejemplaridad.
“Estas defensas –dice Daniel García–, por supuesto para mí, se asociaban también con el tema de la inseguridad, con las rejas protectoras en casas, plazas y parques. Son obras que nunca mostré en la Argentina sino en México, en la galería OMR en 1999 y en Estados Unidos –Galería Sicardi, Houston, también en 1999–. Sobre esto escribí un instructivo para hacer ‘defensas’ para la muestra Trueque, que presenté el año pasado en el Museo Castagnino de Rosario y estoy preparando una muestra sobre el tema para este año en Posadas.”
La de D.G. es una pintura construida para analizar y criticar toda una concepción del saber. Sólo que para criticar con mayor fundamento, el artista se sitúa dentro de las coordenadas de ese saber, lo cual resulta eficazmente corrosivo.
La multiplicación del sinsentido y de la imagen anacrónica de las obras de García generan un alto grado de absurdo: el artista se burla de los discursos científicos positivos, reducidos a sus aspectos escolásticos y coercitivos. Algunos de los instrumentos de castigo que aparecen en la obras lucen perversamente decorativos, como es el caso de una enorme manopla (Knuckles, 2002).
“En varias muestras en Estados Unidos –cuenta D.G.– ya había mostrado cabezas vendadas, una serie titulada Vendajes, como algunos de los que mostré en la Bienal de Venecia. La cercanía entre Bandage (“vendaje) y Bondage ya me había llamado la atención y quería hacer algo en torno a eso. Supongo que las cuestiones relativas a mi situación profesional y la relación con las galerías tuvo algún eco en el tema del sometimiento y la esclavitud, pero no es deliberado.”
Sobre la causa que llevó al pintor a realizar obras de grandes dimensiones sobre papeles, explica que buscó trabajar con materiales baratos y descartables que ahorraran costos de montaje, transporte y embalaje, además de aludir a la situación socioeconómica. “En este caso -cuenta– presento dos obras sobre papel, una Sin Título usando como soporte el papel barato que encontré (me interesaba, mientras pintaba, la idea de ocupar espacio con economía de medios, como en el juego de GO), ya que no quería endeudarme (es decir encadenarme) para hacer la exposición. En el caso específico de Bondage la hice utilizando muestras de papel de paredes y restos de empapelados, con un poco más de despliegue de materiales, pero ahorrándome bastidores y tela.”

(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473, hasta el 15.)

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“Abstracción lírica”, 2001, de D. García. Una flagrante contradicción entre título e imagen.
 
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