PLáSTICA › 51ª BIENAL: RECORRIDA POR LOS ENVIOS
DE LOS PABELLONES NACIONALES

Venecia por los canales del arte

 Por Fabián Lebenglik

Las múltiples exposiciones que ofrece la Bienal de Venecia hasta el 6 de noviembre se dividen en tres. Por una parte se destaca la amplia sección principal que los organizadores de la Bienal le encargan a un curador contratado, en esta oportunidad, dos: las españolas María de Corral y Rosa Martínez. Los gigantescos espacios de los Giardini-Padiglione Italia y el Arsenale con sendas muestras, La experiencia del arte (de Corral) y Siempre un poco más lejos (Martínez). Sobre estas exhibiciones nos extendimos en la edición de Radar del último domingo.
El segundo sistema organizativo incluye los envíos nacionales –de los que nos ocuparemos aquí, cámara en mano–, curados por cada país, que se exhiben en los respectivos pabellones dentro de los Giardini o en edificios alquilados especialmente, como es el caso del envío argentino, en el que la Dirección General de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina eligió el Palagraziussi –antiguo Oratorio San Filippo Neri, del siglo XVIII– para presentar la obra de Jorge Macchi y Edgardo Rudnitzky, elegidos por la curadora Adriana Rosenberg (véase la nota del martes pasado).
La tercera sección, la más heterogénea de las tres, es la de los eventos colaterales. Aquí se pueden ver muestras de Modigliani, Lucian Freud o Kiki Smith, entre muchas otras.
Si bien las secciones más importantes de la Bienal –las muestras de las curadoras oficiales y los principales pabellones nacionales– están reunidas en la zona de los Giardini di Castello, todo lo demás está disperso por la ciudad. De modo que recorrer toda la Bienal implica recorrer toda la ciudad.
Varios de los países centrales eligieron esta vez presentar a artistas consagrados.

Gran Bretaña presentó a los célebres conceptualistas Gilbert & George.
Nacidos a comienzos de la década del ’40 –ambos se formaron, conviven y trabajan juntos desde hace casi cuarenta años–, la pareja se hizo presente en la Bienal para mostrar sus conocidas y furiosas piezas fotográfico-pictóricas, de grandes dimensiones, en las que la cifra compositiva se basa en la simetría y los colores predominantes son el dorado y el rojo –también el azul–, sobre el blanco y negro. Desde sus inicios, cuando se dedicaban a realizar transgresoras performances, G & G se transformaron en una de la parejas artísticas más polémicas del arte contemporáneo. Para ellos, la vida diaria debe tomarse como obra de arte y al mismo tiempo proponen un esquema esquizofrénico: en todas sus apariciones públicas se presentan como atildados y flemáticos gentlemen británicos, mientras que en sus obras, visualmente violentas y con constantes referencias a un fuerte erotismo gay, ambos se muestran como salvajes freaks.

Otro consagrado es el norteamericano Ed Ruscha (1937), quien en el pabellón de EE.UU. presenta una muestra de impecables pinturas, de factura fotográfica (una serie en blanco y negro y otra en color) en la que, como es habitual en su obra, rescata y realza elementos supuestamente banales para establecer una relación que oscila entre la celebración y la crítica de lo banal, al mismo tiempo que señala y toma distancia de ciertos modos culturales de pintar y fotografiar en la tradición norteamericana.

El pabellón canadiense exhibe una instalación cinematográfica de Rebecca Belmore, quien utiliza como pantalla una densa cortina de agua sobre la que proyecta un clip dramático, en el que el tema gira alrededor del agua y los fluidos.

El pabellón de Austria quedó transformado en una montaña de utilería por Hans Schabus, quien en el interior construyó una complejísima y laberíntica estructura de andamios y maderas, en medio de la cual una gran escalera lleva al visitante a ver un video sobre la nieve.

El pabellón de Francia presenta a la consagrada Annette Messager, quien visitó la Argentina hace seis años y presentó una muestra en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Messager, desde hace tres décadas, viene construyendo una obra muy personal que fue tomando distintas formas –pintura, dibujo, objeto, fotografía, instalación, escenografía...–, a través de los más diversos componentes. Es una artista de obra cambiante, que no toma los parámetros de la “unidad estilística” y que se vale de todos los materiales que la vida cotidiana pone a su paso.
La exposición veneciana de Messager recibió el León de Oro como mejor envío nacional, a pesar de su pobreza y del poco interés que despertó en todo el arco especializado de la crítica, los artistas y los coleccionistas. Se trata de Casino, una instalación dividida en tres partes, en las que la artista evoca la historia de Pinocho. Está realizada con materiales textiles varios, animales de juguete y muñecos, movidos por distintos sistemas electromecánicos.
La República Popular China muestra una sección propia por primera vez en la Bienal de Venecia. Al final de la zona del Arsenale, la obra central de un envío de seis artistas –Yung Ho Chang, Liu Wei, Sun Yuan y Pen Yu, Wang Qhieng y Xu Zhen– consiste en un bello espacio de esparcimiento construido íntegramente con cañas, en medio de un parque.

Otro de los hits es el envío suizo, de la consagrada Pipilotti Rist, quien proyecta una gigantesca película tan idílica como psicodélica, en la cúpula de la iglesia de San Stae. Un alarde técnico que sólo puede verse si el visitante se recuesta sobre las colchonetas colocadas para tal fin en el piso del templo.

Más allá de los pabellones de Uruguay (Lacy Duarte), Venezuela (Santiago Pol), Brasil (Chelpa Ferro y Caio Reisewitz) –en los Giardini–, y el de la Argentina (Macchi) –en el Palagraziussi–; el grueso de los artistas latinoamericanos, como siempre sucede, se encuentran en el IILA (Instituto Italo-latinoamericano de Arte) que alquiló el deslumbrante Palazzo Cavalli Franchetti, del siglo XV, situado del otro lado del puente de la Academia, sobre el Gran Canal.

La muestra La trama y la urdimbre, curada por la argentina Irma Arestizábal –una de las responsables del IILA–, incluye a Luz Bedoya (Perú), Donna Conlon (Panamá), Maxence Denis (Haití), Gonzalo Díaz (Chile), Polibio Díaz (República Dominicana), Juan Manuel Echavarría, Oscar Muñoz y Oswaldo Maciá (Colombia), Luis González Palma (Guatemala), Mónica González (Paraguay), Los Carpinteros (Cuba), Luis Paredes (El Salvador), Cecilia Paredes, Jaime David Tischler (Costa Rica), Guiomar Mesa y Joaquín Sánchez (de Bolivia, autor de los tres gigantes y coloridos ovillos).

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