CULTURA

Chandler: “Ningún escritor escribió nunca exactamente lo que quería”

La publicación en castellano de una colección de las cartas privadas del autor de “El sueño eterno”, “El largo adiós”, “La dama del lago” y “Adiós muñeca” permite un paseo privilegiado por su sistema de ideas y relaciones.

 Por Verónica Abdala

En su desesperado intento por acortar sus noches de insomnio, Raymond Chandler (1988-1959) dictaba compulsivamente a un grabador cartas que su secretaria mexicana, Juanita Messik, tipeaba por la mañana. Esas páginas a las que dio origen en esas horas silenciosas, con un vaso de whisky en la mano la mayoría de las veces, y mientras su esposa (no tenía hijos) dormía en un cuarto contiguo, tenían interlocutores determinados: abogados, editores, escritores, agentes literarios, incluso una admiradora y una amante. Sin embargo, leídas en conjunto y a distancia configuran un largo monólogo en cuyo marco el autor de El sueño eterno, El largo adiós, La ventana siniestra, La dama del lago y Adiós muñeca revela sus pensamientos más íntimos, y arriesga algunas definiciones sobre el trabajo, sus colegas, y la sociedad californiana. El relato en primera persona de algunos de los episodios que le tocó vivir en el terreno profesional –entre ellos los relacionados con su conflictiva y estrecha relación con la industria de Hollywood–, tornan invalorable este material, a la hora de conocer en profundidad al creador de uno de los imborrables personajes de la historia del género policial, Philip Marlowe.
“Estas cartas representan un viaje insólitamente libre y sincero por la mente de un hombre que había visto mucho, leído mucho, bebido mucho, pensado mucho y en el proceso se había acercado peligrosamente a la locura”, reflexiona Tom Hiney, que prologa el libro. En el pasado, buena parte de estas cartas ya habían sido reunidas en Raymond Chandler Speaking, de 1962, y en The selected letters of R.C., que se publicó en 1981. En la Argentina 2002, el poeta y narrador César Aira fue el elegido para traducirlas al español, en el marco de una reedición que acaba de publicar Emecé, y que incluye fragmentos inéditos, como un pedido de entrevista que el escritor le envió al gangster Lucky Luciano, por encargo del Sunday Times, y un informe que escribió tras la entrega de los premios Oscar, en 1946. Los textos reunidos en Raymond Chandler. El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos abarcan medio siglo de historia, entre abril de 1909 y febrero de 1959. A continuación se reproducen algunos fragmentos:
u “Y aquí estoy, a las dos cuarenta de la madrugada, hablando de técnica, a pesar de mi enérgica convicción de que en el momento en que uno empieza a hablar sobre técnica está dando pruebas de que se ha quedado sin ideas.” (Carta a Erle Stanley Gardner, creador de Perry Mason, 5 de mayo, 1939.)
u “Nunca he ganado dinero escribiendo. Trabajo demasiado lento, descarto demasiado, y lo que vendo no es en absoluto la clase de cosas que quiero escribir. Suelo envidiar a esa clase de tipos cuyas mentes están sintonizadas con la clase de historias que quieren las revistas lustrosas, y se creen que eso es realmente bueno.” (A George Hamon Cox, 17 de octubre de 1939.)
u “Cosa rara la civilización. Promete tanto y todo lo que da es producción en masa de mercadería vulgar para gente vulgar.” (A G. Hamon, 5 de noviembre, 1940.)
u “Los norteamericanos, pese a tener una de las civilizaciones más complejas que haya visto el mundo, siguen queriendo verse como un pueblo simple. En otras palabras, les gusta pensar que el artista de comics es mejor dibujante que Leonardo (Da Vinci), sólo porque es un artista de comics y el comic está dirigido a la gente simple.” (8 de febrero de 1943.)
u “Podría escribir un artículo llamado ‘La insignificancia de la significancia’ en el que demostraría con mi habitual estilo de burdel que no importa un céntimo de qué trata una novela, que la única ficción de peso en cualquier época es la que efectúa una magia con las palabras, y que el tema es sólo la plataforma de lanzamiento para la imaginación del escritor. (...) Y que los únicos escritores que quedan con algo para decirson los que escriben sobre prácticamente nada y juguetean con modos raros de hacerlo. Pienso que todos ustedes están locos, me dedicaré al negocio de las películas.” (A Charles Morton, admirador de la primera hora y editor, diciembre, 1945.)
u “Hay quienes me dice que Philip Marlowe tiene conciencia social. Philip Marlowe tiene tanta conciencia social como un caballo. Tiene una conciencia personal, que es algo completamente diferente. A Philip Marlowe le interesa un bledo quién es el presidente. A mí también, porque sé que será un político.” (Carta a Dale Warren, directivo publicitario, 7 de enero de 1945.)
u “Ningún escritor escribió nunca exactamente lo que quería escribir, porque nunca hubo algo dentro de él, algo puramente individual que él quisiera escribir. Todo es reacción de una clase u otra. Bah... Al diablo con todo esto. Las ideas son veneno, cuanto más se razona, menos se crea.” (Octubre de 1947.)
u “Soy de esas personas que deben ser reconocidas exactamente en la medida justa para ser apreciadas. Soy retraído con los extraños, una forma de timidez que el whisky curaba cuando todavía podía beberlo en cantidades necesarias. Soy terriblemente brusco, por haber sido criado en la tradición inglesa que le permite a un caballero ser casi infinitamente rudo mientras no levante la voz.” (1º de enero de 1948.)
u “Supongo que los dos somos pecadores a los ojos del señor. (...) Por eso es posible que corra el riesgo de hacerle una entrevista simpática, lo que podría causarme problemas. Pero estoy dispuesto a correr ese peligro, porque el objeto de mi vida es comprender a la gente, sus motivos, sus orígenes, cómo llegaron a ser lo que son, y no juzgarlos”. (Pedido de entrevista al gangster Lucky Luciano, marzo de 1958.)

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Chandler vivía atormentado por sus problemas económicos y por la necesidad de trabajar para vivir.
 
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