ECONOMíA › EN ECONOMIA Y EN LA CITY COINCIDEN EN QUE EL DOLAR NO DEBE BAJAR

El FMI insiste en recomendar mal

Si el Gobierno no interviniese en el mercado cambiario, como recomienda el Fondo, la baja del dólar no sólo afectaría la competitividad sino también la recaudación y, con ello, la posibilidad de pagar deuda.

 Por Claudio Scaletta

La sugerencia del FMI de dejar caer el tipo de cambio vuelve a poner en evidencia la desconexión entre las recomendaciones del organismo y el funcionamiento real de la economía argentina. Tanto en el equipo económico como entre los principales analistas existe consenso de que un dólar más bajo no sólo afectaría la competitividad de la economía sino especialmente la recaudación tributaria y, en consecuencia, el superávit fiscal y la capacidad de pago de la Argentina. En otras palabras, la sustentabilidad misma del actual plan económico.
Luego de un agitado mes de junio en el que las compras de dólares del Banco Central dieron lugar a una fuerte expansión de pesos y su necesaria reabsorción, se conoció que el FMI sugirió dejar caer el dólar para evitar una supuesta inflación de dos dígitos. Dados sus objetivos, el organismo cree que esto permitiría, con el mismo superávit en pesos, comprar más dólares para hacer frente a los vencimientos. A la vez, para las filiales locales de las firmas multinacionales significaría, como en los ’90, la posibilidad de girar más dólares al exterior. Sin embargo, salvo entre los más ortodoxos o entre quienes proponen indexar la cotización del dólar junto con la inflación, el consenso entre los hombres que acompañan a Roberto Lavagna y entre los economistas menos ortodoxos es que un dólar más bajo es incompatible con el actual modelo económico.
El consenso no evitó, sin embargo, que la gran oferta de dólares registrada el último mes haya generado cierto nerviosismo. Los controles al ingreso de capitales especulativos y las medidas que obligan al pago en efectivo de algunas importaciones fueron una respuesta. No obstante, los datos del balance de pagos difundidos la semana pasada mostraron que el ingreso de capitales especulativos no alcanza para explicar la mayor oferta de dólares. En el primer trimestre al menos, el ingreso de divisas del exterior que podrían considerarse de esta naturaleza aumentó alrededor de 500 millones de dólares. Si bien la rentabilidad de los activos locales junto a la finalización del canje provocaron durante el segundo trimestre la profundización de la tendencia, su volumen no es comparable a los dólares ingresados por las exportadores.
A modo de ejemplo, el consultor Miguel Bein destaca que la cosecha record de soja alcanzó los 39 millones de toneladas, 8 millones más que en la campaña anterior. A ello se sumó la suba de precios, que llegaron a los 530 pesos la tonelada, 80 pesos más que 4 meses atrás. Sólo el exceso de 8 millones de toneladas significan alrededor de 1500 millones de dólares extra. Según Bein, la mayor oferta de dólares registrada en junio resulta de una “congestión de dólares comerciales y no de capitales especulativos”.
De acuerdo con lo explicado a este diario por una fuente del Banco Central, la abundancia de dólares obligó a la autoridad monetaria a una “superintervención no prevista” para mantener las metas trimestrales del programa monetario. Las compras de divisas tuvieron como contrapartida la inyección de unos 4 mil millones de pesos que en gran parte fueron esterilizados (reabsorbidos) por distintos mecanismos, principalmente emitiendo letras y algunos bonos. La meta del programa monetario es que el trimestre termine con la base monetaria en 51.995 millones de pesos, un valor que fue sobrepasado a mediados de junio, cuando llegó a los 52.100. Esto explicaría la sobrerreacción del Central señalada en su último informe por la consultora MVA Macroeconomía, llegando a generar cierta iliquidez que llevó la tasa interbancaria al 6 por ciento. Sin embargo, para los próximos meses no se espera ni urgencia por cerrar la meta monetaria trimestral, ni tampoco tantos dólares por exportaciones, en especial a partir de agosto.
Es en este punto donde cuadran las sugerencias del FMI de dejar caer el tipo de cambio a su “nivel de equilibrio”; es decir, el que tendría sin la intervención del gobierno. El razonamiento parece ser que una cotización más baja supone más dólares a cambio del mismo superávit fiscal en pesos,lo que facilitaría los pagos de los vencimientos con los organismos y mayores giros en dólares por parte de las filiales locales de las multinacionales. De ser así, la sugerencia del FMI vuelve a ser equivocada. De hecho, el dólar que reciben los exportadores a los que se les retiene el 20 por ciento se encuentra en torno de los 2,30 pesos, el mismo valor que se calcula para el “dólar de equilibrio”. Bien mirado, el mantenimiento del actual nivel de tipo de cambio es, para los exportadores, el equivalente de no pagar retenciones. Pero lo más significativo en este punto es que los alrededor de 13 mil millones de dólares cobrados por retenciones, y que explicarán buena parte del superávit anual, difícilmente podrían obtenerse con un dólar a 2,30 o 2,40 pesos y, por lo tanto, tampoco se conseguiría el necesario superávit fiscal de 6500 millones. “Todo el andamiaje de la política económica sólo es posible con este nivel de retenciones el que, a la vez, sólo puede conseguirse con un dólar como el actual”, sintetiza Bein.

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El Fondo que dirige Rato recomendó que el Gobierno deje de intervenir en el mercado y deje caer el dólar.
 
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