EL MUNDO › LAS ELECCIONES EN ANDALUCIA DIBUJAN UN NUEVO MAPA POLITICO EN ESPAÑA Y CONFIRMAN LA DISOLUCION DEL BIPARTIDISMO

El PSOE ganó, el PP perdió y Podemos creció

Los socialistas consiguieron la victoria aunque sin mayoría absoluta, el partido de Rajoy perdió un tercio de su representación y Podemos irrumpió como tercera fuerza, con 15 diputados. El Parlamento ahora estará formado por cinco partidos.

 Por Flor Ragucci

Desde Barcelona

El Partido Socialista ganó, el Partido Popular perdió y Podemos se convirtió en la tercera fuerza política andaluza tras las elecciones de ayer para el nuevo gobierno de la región más poblada de España y posible escenario piloto de un año marcado por las urnas. Los socialistas (PSOE), que están al frente de Andalucía desde hace 33 años, mantienen los 47 diputados que tenían en su anterior legislatura, quedándose a ocho escaños de la mayoría absoluta. El Partido Popular (PP), en cambio, se derrumba y pierde un tercio de su representación con 33 parlamentarios, 17 menos que en 2012. Podemos, pese a que no albergaba grandes expectativas en una comunidad tradicionalmente volcada hacia el Partido Socialista, irrumpe como tercera fuerza con 15 escaños y ocupa, por primera vez, un lugar dentro de la administración pública española.

La formación de Pablo Iglesias desbancó a Izquierda Unida (IU) –que pasó de tener 12 a 5 diputados– y comparte la experiencia de ser “el nuevo” en el Parlamento andaluz con otra de las agrupaciones emergentes en el inédito abanico político de España: Ciudadanos. El partido centroderechista que preside Albert Rivera sacó 9 escaños en sus primeras elecciones autonómicas, lo cual lo posiciona en un lugar más destacado del que se esperaba, teniendo en cuenta su escasa presencia en las encuestas durante los meses de campaña.

La actual presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, apostó fuerte cuando decidió en enero adelantar casi un año los comicios por desacuerdos con su aliado en el gobierno regional, Izquierda Unida, y no se equivocó del todo. Si bien se quedó lejos de la mayoría absoluta (55 de los 109 miembros del Legislativo andaluz) y tendrá que pactar para poder gobernar, la líder de los socialistas del sur sorteó con dignidad el temido ciclón de Podemos. El creciente auge del partido de Iglesias desde que hace poco más de un año sacara cinco eurodiputados en las elecciones europeas y los sondeos lo confirmaran como una de las opciones con más apoyo entre los ciudadanos, fue uno de los factores que, además de la “inestabilidad de su pacto de gobierno” –como ella en su día explicó– llevó a Susana Díaz a llamar a las urnas con un año de antelación.

Ante la amenaza de que el ascenso de Podemos rompiera el bipartidismo y desbancara a los socialistas, la presidenta regional prefirió que las elecciones llegaran antes de que la nueva agrupación tomara fuerza en Andalucía, donde su dirección no estaba aún estructurada, y las encuestas no le daban tan buenos resultados como en el resto de comunidades.

Pero la candidata gaditana Teresa Rodríguez, de 33 años, procedente de Izquierda Anticapitalista y una de las representantes del sector crítico a Iglesias, consiguió hacerse con 15 escaños y convertir a Podemos en otro de los grupos parlamentarios con los que los socialistas deberán iniciar conversaciones para gobernar. Aunque el partido lila no logró cumplir sus predicciones más optimistas, ya que sus resultados se quedaron por debajo de lo que vaticinaban las encuestas a pie de urna –entre 19 y 22 escaños–, Rodríguez destacó que, para ella, esto es un paso decisivo en la carrera hacia el cambio político, y una mejora con respecto a la situación actual. La candidata compareció ante las cámaras cerca de las 11 de la noche y recordó, emocionada, que llegaron hasta estos comicios con una trayectoria de tan solo un año y “sin recursos”. “A lo mejor todavía no podemos evitar que haya 45 desahucios (desalojos) mañana, pero nunca más habrá pactos secretos en la mesa del Parlamento. Donde tenga los ojos Podemos tendrá los ojos la ciudadanía”, aseguró tras conocerse el escrutinio.

En esta primera medición de fuerzas antes de las votaciones que en mayo definirán el gobierno del resto de comunidades y las presidenciales de noviembre, el PP es quien salió peor parado. El candidato que Rajoy apoyó incondicionalmente, Juan Manuel Moreno, obtuvo un resultado desastroso y con él muy malos presagios para el futuro de la formación en el próximo gobierno de España. Los populares se habían fijado como objetivo para esta elecciones 35 escaños, 15 menos de los conseguidos por Javier Arenas en las elecciones de 2012 y se quedaron con 33, frente a los 47 del PSOE.

La cúpula del partido conservador siguió desde su sede en Madrid las votaciones y después de ver cómo perdía medio millón de votos o, lo que es lo mismo, uno de cada tres de los que lograron en 2012, prefirió no comparecer ante los medios y fue el portavoz del Comité de Campaña, Pablo Casado, quien habló ante los periodistas. En alusión al final del bipartidismo que pronosticaban las encuestas, Casado admitió que el resultado del PP en Andalucía no es el que esperaban, pero recalcó que el PSOE y el PP siguen “aglutinando más del 70 por ciento de los votos”.

Además, el portavoz de campaña de los conservadores recordó que el adelanto electoral no tuvo “el efecto” que buscaba Susana Díaz, “dar mayor estabilidad a su gobierno”, sino “todo lo contrario”, refiriéndose a los cinco partidos que ahora ocuparán el Parlamento autonómico. El candidato andaluz del PP, Juanma Moreno, por su parte, compareció desde Sevilla y, visiblemente consternado por la caída en picado de su partido en la región, anunció que no abandonará su puesto en la primera fila de la oposición andaluza y que “más pronto que tarde, el cambio político” llegará a Andalucía.

Los socialistas sí que respiran ahora aliviados, porque ante la debacle de su partido en las últimas encuestas y el temor de quedar desplazados por la irrupción de las nuevas fuerzas políticas de Podemos y Ciudadanos, haber logrado mantener el mismo número de diputados que en su legislatura anterior lo consideran como un triunfo.

Susana Díaz manifestó claramente su alegría en la sede de su partido tras conocer los resultados: “Vamos a ser consecuentes con lo que andaluces han manifestado. En primer lugar, que el PSOE ha vuelto a ganar las elecciones en Andalucía. En torno de diez puntos sobre la segunda fuerza política. Esto es una satisfacción y una responsabilidad”, declaró ante la prensa. “Pero el resultado también es fiel reflejo de la pluralidad que existe en la sociedad. Aspiro a que podamos unir a todos los andaluces. Nuevo tiempo para el diálogo, para coser, para unidad y la estabilidad.”

La presidenta de la Junta de Andalucía hacía estas matizaciones, porque sabe que por delante tiene un panorama complejo de acuerdos con las otras formaciones que ocuparán el Parlamento. La proximidad de los comicios regionales, municipales, catalanes y generales dificultan la posibilidad de pactos con el PSOE por parte de los demás partidos, que se juegan su reputación al aliarse con quien es abiertamente su adversario. Díaz, además, insistió durante toda la campaña que en ningún caso pactará con el PP o con Podemos, dos partidos de los que se siente profundamente lejana.

Izquierda Unida sacó ayer el peor resultado de su historia en Andalucía. La candidatura liderada por Antonio Maíllo consiguió el 6,89 por ciento de los votos y cinco escaños, siete menos que en las elecciones de 2012. En la primera prueba del año electoral y en el primer test tras la irrupción de Podemos y Ciudadanos, el partido de Alberto Garzón no sólo se quedó fuera del gobierno y sin posibilidad de reeditar el pacto con el PSOE, sino que el resultado lo convierte en la última fuerza del Parlamento regional y lo desbanca casi totalmente de su lugar hasta ahora primordial en la izquierda española.

Las elecciones adelantadas de Andalucía registraron una alta participación en una región que se caracterizaba por su elevado nivel de abstención, lo cual demostró el aumento de la implicación ciudadana ante lo que se prevé como el primer paso hacia un nuevo ciclo político en la historia de España.

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“Aspiro a que podamos unir a todos los andaluces”, afirmó Susana Díaz, la líder socialista que fue reelecta presidenta regional.
Imagen: EFE
 
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