EL PAíS › LAS FRICCIONES INTERNAS DENTRO DE LA CENTRAL DE TRABAJADORES

Una cohesión con amenaza en puerta

La dirigencia de la CTA tuvo cortocircuitos. Por ejemplo, porque Lozano se mostró junto a Macri. Víctor De Gennaro descarta rupturas.

 Por Martín Piqué

¿Cómo mantener la cohesión en medio de la diversidad? ¿Cómo evitar la confusión interna cuando algunos de sus dirigentes más conocidos se presentaron a las elecciones desde distintos partidos políticos? ¿Cómo fortalecer su rol en la sociedad cuando el Gobierno privilegia como interlocutor a la CGT? Esas y otras preguntas encierran el debate que se viene gestando en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) con vistas a su congreso nacional, que se realiza todos los años y que define las líneas de acción a partir de la participación de delegados de todo el país. Este año, el congreso se hará en Mar del Plata, el 30 de marzo, cuatro días después de que se cumplan 30 años del golpe militar de 1976. Cada uno en representación de cien trabajadores –la CTA hoy tiene un millón doscientos mil afiliados–, los delegados que asistirán al congreso discutirán cómo fortalecer la central y cómo avanzar en lo que consideran el tema más urgente tras varios años de crecimiento económico a tasas chinas: la (tan demorada) distribución de la riqueza.

Varias figuras conocidas de la CTA compitieron entre sí en las elecciones. Otros habían sido electos en el 2003. Todavía hoy siguen debatiendo por temas puntuales, como la reforma que impulsa el oficialismo al Consejo de la Magistratura. Ellos son Edgardo Depetri (Frente para la Victoria, kirchnerista), Claudio Lozano (electo por Fuerza Porteña, opositor), Marta Maffei (ARI), Ariel Basteiro (candidato del Partido Socialista) y Luis D’Elía (kirchnerista, asumirá un cargo en el Ejecutivo). También Víctor De Gennaro, el secretario general de la CTA, tuvo un acercamiento a las urgencias de la política partidaria. Estuvo entre los primeros que impulsaron el llamado Encuentro de Rosario, aunque después no participó –ni quiso ser candidato– de la propuesta electoral en que derivó el intento: la alianza Encuentro Amplio, formada por el socialismo y el Partido Comunista. En la central aseguran que las búsquedas individuales no perjudicaron el funcionamiento colectivo.

“Una central de trabajadores de nuevo tipo seguro que va a ser pluripartidaria, aunque tiene una unidad política fundamental”, sostiene De Gennaro. “El problema es que los comunicadores hegemónicos reducen la política a lo partidario. En la CTA coincidimos en tres ejes: la distribución del ingreso, la libertad sindical y la soberanía popular”, afirma. La central pasó por diferentes momentos internos, vinculados con los contextos políticos que vivía el país. Tras la crisis de representación que detonó en diciembre del 2001, en la CTA comenzó a ganar fuerza la idea de que había que crear un nuevo movimiento político, social y cultural. La inspiración venía del Frente Amplio uruguayo y, principalmente, del PT brasileño, que surgió a partir de la alianza de sindicatos metalúrgicos de San Pablo con sectores progresistas de la Iglesia Católica. La convocatoria a crear un nuevo movimiento se convirtió, desde entonces, en una prédica constante de los congresos anuales de la CTA.

Cuatro años después, poco se pudo avanzar en ese rumbo. Por otro lado, el gobierno de Néstor Kirchner dividió las aguas, ubicando a algunos dentro del oficialismo, a otros en la oposición, y a la mayoría en una postura intermedia, definida como autónoma. En otra organización ese panorama hubiera sido sinónimo de dispersión y debilidad; en la CTA no piensan lo mismo. “Sabemos que estamos en una central con un desarrollo político muy sostenido. Pero no perdemos de vista que somos una central obrera. Eso nos da una cohesión muy importante en los objetivos”, asegura Roberto Baradel, secretario general de Suteba y secretario de organización de la CTA de la provincia de Buenos Aires. Ese paraguas, que al fin de cuentas es la razón de ser de la central, es el que permite sortear conflictos como el que originó la aparición de Lozano junto a Mauricio Macri y Ricardo López Murphy en la audiencia pública contra la reforma del Consejo de la Magistratura que impulsa el oficialismo.

La personería

Desde su función más importante, la representación de los trabajadores, la actualidad de la CTA aporta algunas sorpresas. A pesar de haber sido creada a partir de un núcleo de gremios estatales, las afiliaciones de los últimos años provienen en su mayor parte del sector privado. “Hoy los estatales representan el 40 por ciento de los afiliados de la central”, asegura De Gennaro. Las incorporaciones a la CTA muestran una diferencia importante con el funcionamiento clásico de la CGT. Por disposición del estatuto, los trabajadores se pueden afiliar en forma individual, no sólo a través de su sindicato. Y también se pueden integrar los desocupados (en algunas provincias, una proporción importante de los afiliados pertenecen a organizaciones sociales). Esta diferencia ha provocado roces con el Gobierno en la discusión del tema que más le preocupa a la CTA: el otorgamiento, aún pendiente, de la personería gremial.

A pesar de las campañas por el reconocimiento legal de la central, los sucesivos gobiernos no mostraron ningún interés en acceder el reclamo. Tampoco la gestión de Kir- chner. Por lo menos hasta ahora. “En el reclamo de la personería somos irreductibles, como decía Oliverio Girondo. El problema es el engendro de la ley de Asociaciones Profesionales, que permite el unicato en la actividad privada, pero no en el sector público. Nosotros no tenemos ningún problema con la CGT. Son los grupos económicos los que no quieren que los trabajadores se organicen. Y la CGT, en todo caso, defiende sus intereses coyunturales y corporativos. Esta vez hasta salieron a pedir públicamente que no nos den la personería, en una carta firmada por (el abogado de la CGT y diputado kirchnerista) Héctor Recalde”, carga Fabio Basteiro, secretario general de la CTA porteña.

Los dirigentes de la central consideran que el reclamo porque el Estado les otorgue la personería gremial es una exigencia impostergable. Lo consideran vital para avanzar, luego, en la conformación de aquel movimiento político, social y cultural que hace unos años incorporaron al debate político. “Si en el 2002 era necesario construir un movimiento político, hoy es imprescindible. Porque hay que dar la pulseada con los grandes grupos económicos, que se quieren llevar todos los beneficios del crecimiento. Hoy, para hacer ese movimiento, necesitamos fortalecer la central. Pero no nos quieren dar la legalidad”, analiza De Gennaro. “Mientras construimos el barco tenemos que navegar”, es la frase que elige Basteiro para resumir la paradoja actual de la CTA.

Otro de los lemas del congreso de Mar del Plata será la distribución del ingreso. En esa bandera coinciden, con sus matices, los simpatizantes de Kirchner, los más independientes y los críticos. Para este año tienen pensado exigir al Gobierno que convoque al Consejo del Salario –como se hizo el año pasado– para acordar un nuevo aumento del salario mínimo. Obsesionados por la inflación, en la Rosada hasta ahora no se mostraron muy dispuestos. Habrá que ver si el discurso que quiso imponer Roberto Lavagna, de que los aumentos salariales disparan la inflación, sigue teniendo consenso en el Ejecutivo. En la CTA ya preparan un argumento para su campaña redistributiva. Pedirán al Ejecutivo que los 6 mil millones de pesos que el presupuesto de este año asignaba al pago de la deuda al FMI –que según Felisa Miceli se destinarán a un Fondo Anticíclico– sean usados para financiar una asignación universal a los niños y ancianos sin cobertura provisional.

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Los distintos caminos de los dirigentes de la CTA en las últimas elecciones.
 
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