ESPECTáCULOS

La fiesta volvió a La Falda después de 10 años

La primera función del festival La Falda Rock 2002 reunió a más de 3000 personas y tuvo picos en Bersuit y Kapanga. Hoy cierran Spinetta, Pappo y Moris.

Por Javier Aguirre
Desde La Falda

Con una noche tranquila y alegre, sin incidentes ni polémicas rockeras de ningún tipo, la primera de las tres funciones del resucitado festival La Falda Rock 2002 reunió armónicamente a la vanguardia del rock fiestero-combativo (Bersuit Vergarabat, Kapanga y Las Manos de Filippi) con dos favoritos de la escena rockera porteña (Babasónicos y Mimi Maura). La buena asistencia de público a la primera jornada –alrededor de 3200 personas– y la feliz predisposición general (de artistas, organizadores y público, pero también de autoridades) contribuyeron a ahuyentar cualquier fantasmal estigma de incidentes que pudieran recordar algunos momentos no gratos de las ediciones del festival durante los años 80.
El viernes todo fue sobre ruedas. La confirmación de Bersuit Vergarabat como cierre de la primera función demostró ser un acierto, ya que la banda de Gustavo Cordera no sólo fue prácticamente la única en acaparar la atención de la totalidad del público (acaso con la excepción de Kapanga), sino que su show revalidó en tierras cordobesas los pergaminos obtenidos durante el último año y medio en Obras, y cristalizados en el disco en directo De la cabeza. El vivo del grupo es al mismo tiempo sutil y descontrolado (y no es juego de palabras; la armonía poética de “El tiempo no para” no tiene ningún choque con la arenga zarpada de “El gordo motoneta” o “La bolsa”). Y al espíritu de fiesta no le faltan en ningún momento los anclajes históricos –en las canciones, en las palabras al público y en los cantitos de los espectadores–, con alusiones que van desde la política a la inseguridad, pero que en este caso cada vez que Cordera se dirigió al público contaron con un claro espíritu de calma (“como decía el Che, para hacer la revolución pongamos un cachito de ternura”). También fue conciliadora la actitud de Cordera hacia Las Manos de Filippi, con quienes sostenía cierta rispidez mediática desde hacía tiempo y a quienes esta vez saludó y elogió desde el escenario antes de hacer “Señor Cobranza”, tema de Las Manos que, cantado con fiereza por todo el público, se convirtió en el gran momento politizado de la noche. Horas antes, el propio set de Las Manos había contado con la versión original de la canción, que estuvo entre las mejores de un show notable. Con el poco ortodoxo liderazgo escénico de Mosky y Cabra, y con sus reconocidas y abiertas consignas de apoyo a los “métodos piqueteros” (sic) y llamados a la insurrección, Las Manos de Filippi cumplieron el set soñado, a pesar de que tocaron en un escenario reducido. La energía de la banda en vivo, la fusión rockera y fiestera y el mantra combativo de su repertorio los convirtieron en, posiblemente, la revelación de la primera noche.
El otro gran momento fue el de Kapanga, que ratificó su virtual localía cordobesa –ya demostrada en Cosquín Rock– y que, con su sucesión de ritmos calientes y fiesteros, y su popurrí de guiños y parodias rockeras, generó las primeras explosiones en el público. La conexión entre la banda quilmeña y los espectadores cordobeses fue tal que los pedidos de aplausos del cantante Mono Martín para el ídolo local la Mona Jiménez (gesto siempre efectivo pero también peligroso, por sus implicancias tribuneras, y al que también suscribiera Cordera) sonaron honestos y creíbles.
El set de Babasónicos, aunque artísticamente fue impecable y acaso resultó el más fino de la noche, no contó con la adhesión masiva que sí lucieron los pasajes de euforia kapanguera y bersuitera. Pero en lo musical, las guitarras “mexicanas” de Mariano Roger y la entrega vocal de Adrián Dárgelos fueron las verdaderas vedettes del festival. Tampoco Mimi Maura vivió su noche inolvidable. No defraudó su repertorio joven y ya generoso en hits bailables, ni tampoco el calor escénico del grupo, pero –quizá por algunos problemas de sonido y por haber estado, al igual que Las Manos, confinados al escenario pequeño– el impacto acusado por el público no logró la tórrida temperatura de sus shows porteños. La performance de La Chilinga, por su parte, resultó más eficaz desde abajo del escenario (cuando irrumpían entre el público en los intervalos entre banda y banda, con su set ciento por ciento percusivo) que en su formato más clásico de banda de rock, que sufrió algunos problemas de sonido.
Anoche, al cierre de esta edición, la segunda función del festival, la más rockera, tenía como atracciones principales a (los ya cordobeses por opción) Las Pelotas, junto a Catupecu Machu, los reunidos Cienfuegos y la doble cartelera stone de Intoxicados y La 25 (banda under de Quilmes, debutante en las grandes ligas rockeras), además de los cinco grupos soporte. Y esta noche, verdadera función “oldies”, el cierre del festival estará a cargo de viejas glorias del rock nacional, con Luis Alberto Spinetta como gran atractivo (ya había tocado en La Falda en ediciones anteriores), además de Pappo, Moris, David Lebón, Ricardo Soulé y los veteranos cordobeses Mousse.

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