ESPECTáCULOS › COMO SE VERA, DESDE LA ARGENTINA, LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK

“La primera víctima de la guerra es la verdad”

Frente al alineamiento de las cadenas estadounidenses con la posición oficial, los canales locales sólo tienen la opción de obtener los derechos de señales y agencias europeas. Opinan, entre otros, Eduardo Cura y Carlos De Elía, de América y Canal 13.

 Por Julián Gorodischer

“Será la guerra más peligrosa que hayamos vivido”, alerta la CNN Internacional, preocupada por la seguridad de sus periodistas. El debate europeo y norteamericano, por estos días, desmenuza los problemas del front line: cómo vestirse, cómo convivirán periodistas y soldados, cómo eludir la censura que impondrá el Pentágono. En la Argentina, donde todo parece tan lejos, el conflicto es otro: cómo repetir mejor o, tal vez, cómo recibir las imágenes de los otros y no perder del todo una voz propia. ¿Qué sucede cuándo una guerra llega como eco de las agencias y cadenas estadounidenses o inglesas (CNN, AP, Reuters), visiblemente alineadas en la “guerra contra el Terror”? Muchos, en este lugar del mundo, empiezan a preocuparse aun antes de comenzada la primera batalla. Después de que la devaluación barrió los corresponsales y la transmisión propia, lo que queda es un reclamo más austero a los canales: que paguen los derechos de la francesa TV5 o de la alemana Deutsche Welle.
Queda el recuerdo de la Guerra del Golfo, conflicto en las sombras, referido pero no mostrado. Queda la crítica más fuerte que se haya hecho a las cadenas norteamericanas, encabezadas por la CNN: funcionar como vocero, aceptar las versiones del Pentágono, edulcorar el frente de batalla para que luzca menos sanguinario. Esta vez, la Casa Blanca parece querer dar un paso más allá: invita a los corresponsales a convivir con los soldados, siempre y cuando no se transgreda el manual de la cobertura. Estar más cerca pero con más control anticipa una visión sesgada, que preocupa, incluso, a los directivos de la CNN. “Hay varios temas que surgen y que hay que tener en cuenta en estos casos –dice Chris Crommett, presidente de CNN Internacional–, la censura, los costos, y sobre todo los peligros para la seguridad de los periodistas. Los enviados de la CNN, espero, no usarán uniformes militares. Usarán cascos, pero con la leyenda CNN, esencial para mantener objetividad e independencia.” ¿Entonces la leyenda en el casco define la libertad informativa?
Tal vez porque el alineamiento con la Casa Blanca de cadenas como CNN o NBC se prefigura como “fidelidad sin dudas”, muchos confían en el aporte de los reducidos canales locales. Más aún, considerando el antecedente de la caída de las Torres Gemelas, cuando el público argentino eligió la cobertura de TN por encima de la de CNN en Español. ¿Hay recursos para ofrecer una alternativa? Consultados por Página/12, Eduardo Cura (director de Noticias de América) y Carlos De Elía (gerente de Noticias de Artear) revelaron hasta dónde puede llegar periodísticamente un canal local en una guerra que se transmite en repetidora. “Contamos con dos ventajas naturales –señala De Elía–: somos el proveedor más importante de información y video en las agencias y cadenas del mundo. Esto nos permite un compromiso de reciprocidad que va a zanjar cuestiones económicas. En TN van a encontrar tanto material de Reuters como de cadenas árabes, francesas y españolas.” Cura, en tanto, destacó: “Disponemos de los servicios de la agencia Reuters y de un jugador que va a empezar a crecer: una alianza con la cadena Telemundo NBC que nos ofrece su material periodístico y sus corresponsales. Trabajamos también con la mirada europea y la americana, y construimos un punto de vista autónomo. De hecho, la sección internacional se llama: ‘La guerra del petróleo’, una clara toma de partido”.
–¿Cómo va a modificar una cobertura de guerra el hecho de que 500 periodistas sean invitados a acompañar a las tropas?
–De Elía: La línea del frente la podrán contar los estadounidenses alineados con el Pentágono, pero tarde o temprano se va a conocer la verdad. En ese sentido, ésta podría llegar a ser la guerra más transparente: en el Golfo tenías una sola fuente, y la guerra nos la contó la CNN. En este caso, en cambio, van a ser muchas más las posibilidades deacceder a distintas versiones de la guerra, y va a ser más fácil no alinearse.
–Cura: Recibir un video no implica no tener pensamiento propio. Los costos se multiplicaron, pero hay manera de defender un criterio. A diferencia de la Guerra del Golfo, aquí hay mayor actividad parlamentaria y diplomática, más protagonismo del Papa, el bloque europeo juega distinto, y eso deriva en un mayor cuidado de los medios. Pero también es cierto que cuando empieza una guerra la primera víctima es la verdad.
La distorsión no es lo único que preocupa, sino también el desinterés. En las áreas de noticias de los canales (y por ahora Canal 9 es el único que evalúa la posibilidad de mandar un enviado especial a la zona de conflicto) admiten que el público argentino siempre privilegia la información local. Stella Martini (autora del libro Periodismo, noticia y noticiabilidad [Norma] y profesora en Ciencias de la Comunicación, UBA) entiende que es por la falta de formación de una opinión pública concientizada: “No se ve la fuerza del fundamentalismo norteamericano –dice–, no se explica la adhesión a Bush, no aparecen los intereses armamentistas, no se ve la teoría sobre lo que es el poder y la necesidad de expansión: todo aparece demasiado simplificado, y en términos de primicia. La información va a estar censurada por el Pentágono, como sucedió con la Guerra del Golfo y con la caída de las Torres Gemelas, y mis expectativas se limitan al empleo de televisoras europeas como la TV5 y la Deutsche Welle”, agrega.
La cobertura de la Marcha por la Paz, en la Argentina, encendió las primeras luces amarillas sobre lo que vendrá: “Poco y fragmentado” fue la conclusión en los organismos de derechos humanos. A tal punto llegó la preocupación que se convocó al debate y la reflexión entre los grupos de Derechos Humanos preocupados por contrarrestar las versiones desde el frente. Si “estar allí” será la prioridad de los canales a la hora de informar (siempre a través del enviado de las grandes cadenas internacionales), Tati Almeyda, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, reclama otra presencia. “Estamos movilizadas para tener entrevistas con periodistas y responsables de noticias de los canales –cuenta– para que difundan la contracara de la guerra, nuestra voz pacifista. Es difícil aportar un grano de arena frente a los monstruos de la información: la única cara que se va a conocer es la de Bush. Pero queremos aportar lo nuestro, y desde marzo empezamos con charlas y conferencias para justificar el ‘no a la guerra’. Esperamos que los medios nos acompañen en esa meta: hacer oír otra campana.”

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Pese al manejo de las cadenas estadounidenses, el público argentino privilegia la información local.
 
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