ESPECTáCULOS › HOY SE PRESENTA EN EL MALBA UN DOCUMENTAL SOBRE JUAN SASTURAIN

“Hay que hacer brillar palabras”

“Saludablemente en pelotas” se llama, y recorre la vida y la obra del notable autor de “Manual de perdedores”. El escritor sostiene que “hasta la Biblia se puede leer en clave policial”.

 Por Mariano Blejman

“Si no le hubieran roto los meniscos, habría sido jugador de fútbol. Pero se los rompieron, y se puso a hacer jueguito con las palabras. Juan Sasturain juega con las palabras: las pisa, las levanta, las reinventa, las toca y retoca hasta que quedan lisas y certeras. Por eso, como sucede con los goles olímpicos y las mejores gambetas, los relatos de este escritor tienen la (falsa) espontaneidad a la que sólo se accede después de horas y horas de entrenamiento”, se escribió sobre el escritor y periodista de Página/12 Juan Sasturain, autor de La mujer ducha, Los sentidos del agua, Parecido s.a., entre muchos otros libros, redactor de una estirpe literaria que parece en extinción. Y es ésta una presentación del documental Juan Sasturain: saludablemente en pelotas, dirigido por Natalia Toth, que se presentará hoy a las 21 en el Malba. El trabajo forma parte del ciclo “Perfiles”, que incluye 13 documentales producidos sobre escritores argentinos vivos, dirigidos por mujeres operaprimistas, producidos por Eduardo Montes-Bradley, con la Secretaría de Cultura de la Nación y el Incaa.
El documental es una invitación a conversar con Juan Sasturain durante 80 minutos. La charla no cansa en ningún momento, porque Sasturain tiene una extraña habilidad: la de hablar mucho –incluso hasta de él– no sólo sin que se le note, sino convirtiendo esos momentos en espacios de placer. “Hay escritores del establishment, escritores exitosos, escritores underground, escritores laterales. La figura de Sasturain apela a un escritor poco común de una generación en extinción, incrustada en santuarios como Página/12, y que entró a la literatura como pidiendo permiso”, opina Montes-Bradley. El documental comienza, como toda buena retrospectiva, por su comienzo. “Los pueblos de la provincia de Buenos Aires son intercambiables”, opina Sasturain frente a una cámara que empieza en Dorrego, donde vivió su infancia hasta los 10 años. Al principio, Sasturain encuentra un parecido con sus pares, más que nada por su propio comienzo: Manuel Puig, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano, Antonio Dal Masetto también crecieron en el interior de la provincia de Buenos Aires. Sasturain habla de su primer beso, que tenía “un componente metálico traumático fuerte” (los aparatos de la chica) y luego recuerda sus primeros pasos como monaguillo: “Peor que ser católico es haberlo sido”, confiesa. Primero formó parte del catolicismo, luego del peronismo, y con el tiempo “uno se va quedando saludablemente en pelotas”, reflexiona Sasturain.
Llegó a Buenos Aires en 1964 “a ver al Boca de...” (y recuerda la formación completa). Habla de un pasado donde el fútbol era una cosa que “se seguía en las radios y las revistas. Discutíamos sobre cosas que nunca habíamos visto: era un mito, un relato, una construcción”, dice. Y recuerda relatores como Fioravanti, que acuñó frases del tipo “una nube de fotógrafos” y que gritaba la “ele” del gol. Luego vendría, recuerda, Alfredo Aróstegui, que inmortalizó la frase “el esférico sale del campo”. Y una reflexión sobre la letra “O” dentro de una palabra que va a ser utilizada en un festejo: “Tener la O permite gritar mejor”, en referencia a Dooorrego (su club inicial), Boooca y Peróóón.
La llegada de Sasturain a Buenos Aires permite una reflexión fisiológica sobre el bar La Academia, en Callao y Corrientes. “Tiene el baño más lejano del mundo”, dice. La cámara lo acompaña hasta el final. La infancia marcada de los historietistas influyó en la vida de Sasturain, que terminó editando Superhumor. Y fue “el viejo” Alberto Breccia el que lo llevó a guionar la historieta Perramus. La política y la literatura se mezclaron en sus épocas de militancia peronista: “Nuestro problema con Borges era que estaba del lado del enemigo”, cuenta Sasturain sobre su propio eje del mal.
Su autoexilio en España no vino con la dictadura militar, sino con el menemismo. “Con el hecho de irme y volver recuperé cierta soltura que había perdido.” En tres años escribió tres novelas. Después se volvió. Unade ellas fue Parecido s.a., la historia de un pibe abandonado en un aeropuerto europeo “que tiene una particularidad: es parecido, lo confunden con gente”, cuenta Sasturain. Los sentidos del agua surgió cuando el escritor se enteró de que el agua giraba distinto en una pileta dependiendo de cada hemisferio. La mujer ducha es “la historia de amor en una unidad básica, en vísperas de las elecciones del ‘83”. Manual de perdedores es, para Sasturain, una elección de su personaje, el viejo Echenaik, de ser perdedor. “Nuestra elección.” Sasturain piensa que se puede leer en clave policial “hasta en la Biblia”. La lucha continúa comienza con la historia de Pedro Pirovano, el arquero que le ataja –con incorrección política– un penal al presidente. Pirovano no quiso dejarse hacer un gol. “La relación con el peronismo es la relación que uno tiene con el padre”, dice el escritor.
El atractivo visual de Juan Sasturain: saludablemente en pelotas no sólo reside en el fino montaje de Montes-Bradley, sino también en la propia figura de un Sasturain alguna vez flaquito, alguna vez con pelo (y oscuro), ahora denunciando noblemente el paso del tiempo, escondido detrás de sus ojos. Igual, la sentencia del autor está dedicada al mundo de las letras: “Las palabras son opacas. Hay que hacerlas brillar”. Sobre el final confiesa algo que sólo se dice en la intimidad, como si nadie escuchara: “Uno quiere ser leído como uno lee”, dice, y hace brillar sus propias palabras.

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Sasturain es objeto de un trabajo minucioso, dirigido por Natalia Toth y producido por Montes-Bradley.
 
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