ESPECTáCULOS › MUSICA ENTREVISTA A ADRIAN ABONIZIO

“No me gustan los ganadores en ninguna de sus formas”

El autor rosarino, que editó recientemente el CD Cualquier tren a ningún lado, explica su visión del fracaso en el arte.

 Por Cristian Vitale

Adrián Abonizio hace a un lado la taza de café y manipula un extraño e incómodo sacapuntas, basado en una miniestructura de hierro, cuya principal utilidad está en la base y su gracia en la cruz de arriba. “Es lo más horrible que vi en adornos”, bromea ante Jorgela, su agente de prensa. Pero lo que resalta no es la belleza estética del aparatejo sino lo que significa: la cruz denota la encrucijada que años atrás, antes que Menem & company detuvieran la marcha de los trenes por el país, se erigía en cada cruce de vías con la leyenda “Pare, mire, escuche”, nada menos que la consigna que anuda las intenciones de su nuevo disco Cualquier tren a ningún lado. “Tanto el muerto –Sergio Sainz– como yo venimos de familias ferroviarias y tenemos el recuerdo de esa leyenda, que siempre nos fascinó. Yo lo comparo con las encrucijadas que te pone la vida cuando te parás y preguntás ¿qué hago yo?: tango, folklore, poesía, estoy loco, y resolvés darle para delante igual, subirte a cualquier tren y que suceda lo que suceda”, explica el compositor de varios clásicos popularizados por el Baglietto de la primera hora (Mirta de regreso, Dios y el Diablo en el taller, El témpano) sobre el disco que grabó junto a Sainz –“lo invité a subir al barco del fracaso”, apunta– y una serie de invitados de lujo dentro de la música popular, como Lucho González, Claudio Cardone, Liliana Herrero y el Chango Spasiuk. “Es un homenaje interno al folklore, qué se yo, figurate a Liliana Herrero o a Raúl Carnota mezclados con Almendra”, arriesga el rosarino.
–¿Por qué el único tema que eligió de su clásica producción para Baglietto fue La historia del mate cocido?
–Primero, porque no quería abusar de temas que en realidad se hicieron conocidos por Juan, para que no digan que era un grandes éxitos de Baglietto cantados por su autor, pero en el caso de La historia... es como un regalo que les hice a Liliana Herrero y Raúl Carnota, que ellos aceptaron de buen grado.
–Antes mencionó la palabra fracaso. Algunas letras parecen estar escritas desde ese lugar. Una parte de Naranjas dice “Tanto no ser nada no tengo ande’ser / Tengo tan poco que no lo conté”.
–Igual, comparado con Operación Triunfo creo que nuestro fracaso es un triunfo. Lo que ocurre es que dentro de nuestra música existe un moderado escepticismo, que radica en no esperar más de lo que se hace. Hay humor negro en esto, porque nadie sabe lo que va a ocurrir cuando edita un disco, salvo que tenga mucha guita detrás para que la obra circule. Nosotros, al contrario, pusimos seis lucas de nuestro bolsillo y por eso digo que invité a Sergio a subirse al barco del fracaso, aunque para mí la palabra derrota no existe.
–Pero sí para los personajes de sus canciones. En Pibe del Sur, el tema que compuso con Raúl Carnota, el personaje duerme porque “dormir es morir un poco más” y en la canción que da nombre al disco remarca “lo obvio” de la cita con la parca.
–Es que trato de buscar en las canciones el lugar más cercano a los golpes de la vida, porque el tipo que no se golpea en esta vida es un indolente. Y no soy un buitre trabajando sobre los perdedores: yo tomo con mucha ternura a la gente que cae, uno a veces ve triunfadores con huecos espirituales inmensos. No me gustan los ganadores en ninguna de sus formas, ni River, ni Boca...
–¿Ni Newell’s?
–No, no. Newell’s no es ganador. Preguntale a un hincha de Newell’s auténtico si pudo festejar en plenitud este campeonato. Saben que estuvo viciado y es una pena, porque no pueden tener una alegría legítima. Central, con mucho menos, hubiese provocado un quilombo. Parece que alguien le dio la chapa de campeón a Newell’s y por eso no pudieronfestejar con hidalguía. Igual, en el fútbol, todos son perdedores, incluso el que gana. El fútbol es algo para ver con el volumen bajo.
–Operación Triunfo, retomando lo anterior, es justamente un programa del que participa el músico Rubén Goldín, junto a quien usted compartió actividades con la vieja trova rosarina o como parte de la banda “Los Rosarinos”, hace siete años...
–El está enojado conmigo, porque yo opino como televidente que Operación Triunfo es una carnicería para los pibes y que se maneja como una secta, donde todos cantan, se mueven y sonríen igual. Mi enojo es porque espero cosas superiores de su parte. Parafraseo a un amigo: “se olvidó de él mismo y ahora somos conocidos”. De Goldín espero sus discos y sus composiciones, no lo que hace en TV.
–¿Cómo es su relación con el resto de la trova?
–Ni con Fander (Jorge Fandermole) ni con Baglietto me pasa eso. Fander es coherente, no precisa estar ahí. Prefiere los trabajos chiquitos, en soledad. Está en un lugar digno.
–¿Y con Fito?
–Fito es un imperio que se alimenta a sí mismo. Pienso que es difícil el lugar donde está, siempre lo comparo con León Gieco. Ambos te pueden gustar más o menos, pero siempre es parejo lo que hacen. En el caso de Fito, creo que pisó el palito de tener poder y dinero, y no saber qué hacer con él. Es muy perturbador tener todo eso, porque en algún momento la maquinaria se desgasta; es como un taxi boy: llega un momento que tiene que tomar Viagra porque no se le para. Igual hay que estar en la piel de Fito, lo entiendo, pero ya no puedo disfrutar de su música.

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Abonizio no ahorra críticas a integrantes de la Trova.
 
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