ESPECTáCULOS › UNA PROTAGONISTA ATIPICA

“El rol de mucama no es marginal”

Norma Argentina protagoniza Cama adentro, de Jorge Gaggero, que abrió el Festival.

Por J. G

Verla en pantalla implica el placer de un descubrimiento: un rostro nuevo que encarna a la gran mucama argentina. Todo comenzó en un casting en su provincia, San Luis, cuando el director Jorge Gaggero fue en busca de empleadas domésticas reales que coprotagonizaran, junto a Norma Aleandro, el film Cama adentro, que inauguró ayer el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires con la crónica del declive doméstico post diciembre de 2001. Entre el apellido de una (Argentina) y el status de la otra (Aleandro), ¿podría resumirse el espectro nacional? Norma Argentina escucha el chiste, al otro lado de la línea, y se mantiene inmutable: es una dura asumida, parca como se la ve en esta historia de mucama y patrona, hermanadas en la decadencia bajo premisa perturbadora: aunque peligre el techo de la señora paqueta (Beba Pujol) y se corra el riesgo de no llegar a fin de mes, las apariencias (¡tener mucama!) serán lo último a resignar. Sin paga ni buen trato, Dora (Norma Argentina) igualmente se queda en la casa, alimentando una mímesis entre dos damas fascinadas una por la otra hasta dar con la inversión de roles: cuando está todo perdido, ¿quién manda?
Ella es parte de los civiles que invaden el cine argentino en reemplazo de las caras de siempre: Gaggero junto con Pablo Trapero (Familia rodante), Carlos Sorín (El perro) y Adrián Caetano (Bolivia), entre otros lanza estrellas repentinas en sus películas hasta construir una tendencia: menos vicios de actuación profesional, fomento a la cruza de vida y personaje aspirando a algo de espontaneidad. Norma Argentina debuta en el cine recién salida de la casa de familia y compone a su criatura con absoluta economía: el gesto casi congelado, de pocas palabras, movimiento mínimo para armar a esa chica que recibe el maltrato (de Beba) comprensiva, hasta que pone el límite y se marcha. Este es el hiperrealismo de la mucama haciendo memoria emotiva hasta recordar el calvario de la vida real para llevarlo a la película, como en el casting, cuando se emocionó recordando escenas pasadas en la cocina. “Me avisaron del casting y me encontré con 300 señoras”, dice. “Yo fui por si acaso, y tuve la gran suerte de quedar elegida. Tenía que representar disgusto y malestar y ayudarle a hacer la tarea a unos chicos. De las 300 quedamos siete. ¡Me hacían tantas preguntas! Cuando me dieron el guión, mi hija me aseguraba: ya estás en la película.” El horror de la recién llegada sería desandar el camino estelar hasta volver a la vida como mucama. Le pidió a su madrina, Norma Aleandro, que la contactara: y llegó un papel en El buen destino, la película de Leonor Benedetto, filmada en San Luis como vecina chimentera, y ahora otro rol en el Martín Fierro de Gerardo Vallejo.
–Cama adentro conecta con el horror de la mucama..., ¿cuánto revivió de su experiencia?
–Yo me he llevado bien con la gente con la que trabajé. Pero he estado en la casa de una señora bastante mala, que me quería gritonear. Estaba lavando los platos y venía y me ordenaba lavar los sifones: me los tiraba sobre la mesa. Le puse el dedo índice en el hombro y le pedí que no me gritara, que controlara su mal carácter y dejara de levantarme la voz. Y a su marido, le aclaré: su esposa es atrevida y mal educada. Antes de irme, me decían: piénselo bien, no se vaya...
–Usted es una pionera en ganar el protagónico como mucama...
–El rol de la mucama no es marginal: cuando Beba se viene abajo, Dora, la mucama, sostiene el status. Hay muchas señoras como Beba Pujol que tienen una empleada a la que otorgan el manejo de todo: el dinero, el colegio de la hija, los impuestos... Y se desentienden para andar aparentando por ahí. La empleada toma las riendas de la casa, la señora cierra los ojos. La señora despilfarra el dinero, juega con las amigas, compra ropa. La mucama tiene el poder en la casa.
–¿Por qué cree que tantos directores entregan su personajes a personas comunes?
–Mi criterio es que los actores de mucha trascendencia ya no llaman tanto la atención como los nuevos. A los directores les gusta más lo natural de la gente. Yo me asombro al verme a mí misma. Yo soy así: alegre, dura... Por eso no me fue difícil hacer de una dura.
–¿Su ingreso al cine es además el inicio de una huida?
–La señora nariz parada no valora el trabajo que hace la mucama. Yo limpiaba el piso y los chicos entraban llenos de barro y los papás no decían nada. Yo sigo siendo igual, y si tengo que volver a estar en una casa lo volveré a hacer. Para mí el trabajo no es deshonra.

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Argentina y Norma Aleandro, mujeres en la crisis post 2001.
 
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