SOCIEDAD › INFORME MUNDIAL SOBRE EL HAMBRE

Los números del terror

Por Miguel Bayón*
Desde Madrid

El hambre rebrota en el mundo: afecta a 18 millones de personas más que en 1995, según el informe de la FAO (Fondo para la Agricultura y la Alimentación de la ONU) para 2003, El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. “En la primera mitad de los noventa, el número de hambrientos había bajado en 37 millones en 22 países, pero en la segunda mitad de la década volvió a aumentar. En 2001, año de los últimos datos, había 842 millones de desnutridos, 798 de ellos en países en desarrollo. El objetivo de reducir a la mitad para 2015 la subalimentación sólo podría alcanzarse –reconoció Jorge Mernies, jefe de Estadística de la FAO– si cada año fuéramos capaces de liberar del hambre a 26 millones de personas, es decir más de 12 veces lo conseguido a día de hoy.”
Pese a esos datos generales, en 19 países (siete africanos, seis latinoamericanos y cinco asiáticos) ha disminuido en más de 80 millones el número de desnutridos. Un factor decisivo del sombrío panorama es la combinación entre inseguridad alimentaria y sida. “Para 2020, la epidemia se habrá cobrado una quinta parte o más de la fuerza de trabajo agrícola en Africa”, indica el informe. Esos países sufren la fatal pinza de una crisis sanitaria de larga duración y emergencias sanitarias a corto plazo. “La seguridad alimentaria de los hogares –dice el estudio– puede ser la estrategia de prevención más importante” contra el sida.
Otro denonante es el difícil acceso al agua y por tanto la falta de alimentos e ingresos para los tres cuartos de la población mundial, que vive en zonas rurales. En los últimos tres años de los que hay datos, el 60 por ciento de las emergencias alimentarias se derivan de la sequía. Sólo el 17 por ciento de las tierras cultivables se riegan: son las que producen el 40 por ciento de los alimentos.
Los productos agrícolas representan en el mundo pobre el 8 por ciento de las exportaciones y de todo el comercio, y en los países con más hambre el porcentaje llega al 20 por ciento. Y los Estados en los que más del 15 por ciento de la población pasa hambre tienen que dedicar más del doble que los países ricos a importar comida pagada.
Los acuerdos en la Organización Mundial del Comercio (OMC) son elemento básico. En 2002, Estados Unidos subvencionó a sus agricultores con 235.000 millones de dólares, 30 veces más de lo destinado a apoyar la agricultura en los países en desarrollo. Sólo 25.000 algodoneros estadounidenses recibieron en lo que va de siglo 3900 millones de dólares, o sea más que el Producto Interior Bruto de Burkina Faso, donde más de dos millones de personas dependen del algodón y lo producen a 0,47 dólares el kilo, mientras en Estados Unidos se produce a 1,61 dolares.
No obstante, hay un proyecto en la actual ronda de negociaciones según el cual los países pobres podrían identificar ciertos productos agrarios como “especiales” y básicos para la seguridad alimentaria, con lo que el mundo rico los gravaría con menos aranceles.
* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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