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Domingo, 8 de agosto de 2004

Las piolas

 Por Fernando Krakowiak

La industria textil fue una de las más golpeadas durante la década del ‘90, pero la devaluación posibilitó su resurgimiento. Impulsada por la sustitución de importaciones y la exportación, la utilización de la capacidad instalada trepó del 50 por ciento al 80 por ciento en los últimos dos años. Los precios de las materias primas y las prendas de vestir subieron 150 por ciento y 70 por ciento, respectivamente, desde diciembre de 2001. Mientras que las ganancias del sector superaron el promedio de la industria manufacturera, aprovechando los bajos sueldos y la alta informalidad de los trabajadores. Sin embargo, la falta de inversiones amenaza con poner en riesgo la recuperación. Un informe de FIEL, revela que durante 2003 la inversión en bienes de capital, incluidos repuestos y accesorios, ni siquiera alcanzó los niveles de 2001 y el equipamiento adquirido entre el 2000 y el primer trimestre de este año, apenas se acerca a lo comprado en 1997. Fuentes del sector coincidieron en afirmar a Cash que la industria textil necesitaría una inversión de, por lo menos, 200 millones de dólares anuales, pero las proyecciones más optimistas para este año no llegan ni siquiera a los 100 millones de dólares.
Hasta el momento, las pocas inversiones se concentraron en maquinas para tejidos (planos y de punto), máquinas de coser industriales y, en menor medida, equipamiento para hilatura, aunque la proporción de maquinarias nuevas respecto de accesorios y repuestos viene siendo de 3 a 1, cuando hasta el 2000 era de 6 a 1. Situación que refleja la preferencia por arreglar la maquinaria usada antes de comprar equipamiento nuevo. Las dificultades para acceder al crédito bancario constituyen la barrera principal para el despegue de la inversión productiva, pero los fondos propios reinvertidos tampoco son significativos, pese a las ganancias obtenidas por los empresarios textiles, desde la devaluación.
Un informe del Centro de Estudios Bonaerense revela que la rentabilidad textil entre junio de 2002 y junio de 2004 alcanzó el 16,5 por ciento, posicionándose por encima del 14 por ciento de rentabilidad promedio que tuvo la industria manufacturera. Además de los textiles, sólo superaron el promedio la refinación de petróleo, la industria de metales básicos y los minerales no metálicos. El cálculo surge del cociente entre el índice de precios mayorista y el índice de costos industriales. Los bajos sueldos explican una parte importante de esa ganancia. El salario real del sector formal de la economía permanece un 15 por ciento por debajo de los niveles de diciembre de 2001, contabilizados los aumentos, y en algunos sectores con altos niveles de informalidad como el textil la ventaja comparativa es mayor. El salario blanco promedio de los textiles, según datos suministrados por FIDE, es de 966 pesos, pero entre los trabajadores informales oscila cerca de los 600 pesos.
Pese a las ventajas, las grandes inversiones capaces de mover el amperímetro continúan sin aparecer. Entre las noticias más relevantes de los últimos meses se destaca la inversión de 20 millones de dólares realizada en julio por la textil brasileña Coteminas en Santiago del Estero, donde compró una fábrica de hilados de algodón para fabricar toallas, y la negociación llevada adelante entre la familia Bakchellian y el ex ejecutivo de Alpargatas, Guillermo Gotelli, quien se ofreció a aportar capital de trabajo por 12 millones de pesos para abrir las fabricas de Gatic instaladas en Pigüé, Coronel Suárez y Las Flores. Demasiado poco para un sector que en los últimos años revivió a partir de la sustitución de importaciones. Alejandro Sampayo, presidente de la Federación Textil Argentina reconoció a Cash que “el nivel de actividad se equipara al de 1994, pero la inversión actual es muy baja”.La composición de las importaciones cambió de manera notable luego de la devaluación. Durante la segunda mitad de los ‘90, el 60 por ciento de las importaciones fueron prendas, confecciones y otros productos terminados, mientras que el 40 por ciento correspondió a insumos. Durante 2003, la situación se invirtió y el porcentaje de insumos trepó al 65 por ciento, destacándose la importación de materias primas no producidas en el país o con oferta insuficiente. Uno de los mayores déficit es la fibra larga de algodón. La superficie cultivada de algodón disminuyó un 83,5 por ciento entre las cosechas 1996/’97 y 2002/’03 debido a la caída del precio internacional y al espectacular avance de la soja. Esto hizo que la producción de fibra cayera de 433 mil a 63 mil toneladas entre 1996 y 2002. La recuperación de los precios durante las últimas dos temporadas ha hecho que la oferta de fibra alcance las 75 mil toneladas, pero la importación es inevitable, pues la demanda local supera las 130 mil toneladas.
Las exportaciones también reflejan el cambio de perfil. El informe elaborado por FIEL detalla que a fines de los ‘90, se vendían al exterior 30 por ciento de prendas y 70 por ciento de insumos, mientras que actualmente los roles se invirtieron y la relación es 40 por ciento insumos y 60 por ciento prendas. La excepción a la nueva tendencia lo constituye el sector de la lana, donde se exporta casi el 95 por ciento de la materia prima, incluyendo lana sucia, lavada y tops. Hace 10 años cerca de treinta empresas industrializaban la lana, pero en la actualidad sólo queda una compañía importante.
Pese a la mejora generada por el cambio en los precios relativos, la competencia brasileña continúa siendo un motivo de preocupación para los empresarios argentinos. Durante los últimos cinco años Brasil modernizó su industria textil de una manera notable. Duplicó sus hectáreas cultivadas de algodón para poder autoabastecerse y exportar e invirtió en todos los eslabones de la cadena. La ventaja sobre la Argentina la logró a partir del aprovechamiento de su mayor economía de escala y, fundamentalmente, por el desarrollo de una decidida política industrial tendiente a posicionar al sector textil más allá de una coyuntura pasajera. A través del Banco Nacional de Desarrollo, el gobierno brasileño destina 3 mil millones de dólares anuales para financiar a las pymes con créditos a tasa baja y un amplio margen de repago. El Bndes otorga créditos al 5 por ciento anual cuando la tasa Selic brasileña oscila el 18 por ciento. José Ignacio de Mendiguren, ex ministro de la Producción y vicepresidente de la Cámara de la Indumentaria señaló a Cash que “Argentina deberá decidir si su estrategia textil apunta a seguir los pasos de Brasil o si se especializa sólo en algunos eslabones como ha hecho Italia”.
Brasil comenzó a avanzar lentamente sobre la Argentina, primero aprovechando la falta de fibra de algodón y en los últimos meses recuperando posiciones en indumentaria, hilandería y tejidos. Aldo Karagozian, presidente de la Fundación ProTejer afirmó a Cash que “el aumento de las importaciones demuestra que Brasil no es una amenaza sino una certeza”. En indumentaria las importaciones brasileñas permanecen por debajo de los niveles de 2001, pero entre los primeros cinco meses de 2003 y 2004 crecieron un 217 por ciento. Otros productos sensibles son los tejidos de algodón con hilo de color, los hilados de acrílico, las alfombras de polipropileno y el denim para los jeans.
Los industriales argentinos reclaman las mismas ventajas que otorga el gobierno brasileño a sus empresarios. Sin duda, las compañías brasileñas se vieron beneficiadas con una política industrial, pero también es cierto que invirtieron fuerte durante los últimos años, mientras que en la Argentina la inversión continúa siendo un desafío pendiente para los textiles.

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Asignaturas

• La industria textil fue una de las más golpeadas durante la década del ‘90, pero la
devaluación posibilitó su resurgimiento.

• La utilización de la capacidad instalada trepó del 50 por
ciento al 80 por ciento en los últimos dos años.

• Los precios de las materias primas y las prendas de vestir subieron 150 por ciento y 70 por ciento, respectivamente, desde diciembre de 2001.

• Las ganancias del sector superaron el promedio de la industria manufacturera, aprovechando los bajos
sueldos y la alta informalidad de los trabajadores.

• La falta de inversiones
amenaza con poner en riesgo la recuperación.

• La competencia brasileña continúa siendo un motivo
de preocupación para los empresarios argentinos.

 
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