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Domingo, 21 de septiembre de 2008

EL DERRUMBE DE WALL STREET

Juicio y castigo

La quiebra de los bancos de inversión y la impresionante intervención del Estado para salvar el negocio bancario y de seguros de EE.UU. ha provocado un debate sobre los culpables de semejante debacle.

 Por Adrian Hamilton *

¿A quién hay que culpar por todo esto? ¿A los banqueros con sus formas financieras alocadas y perversas? ¿Son los intentos de los administradores de los fondos altamente especulativos en conseguir rápidamente ganancias, sin importarles el costo para las víctimas? ¿Son los reguladores, que no supieron imponer disciplina a sus instituciones bancarias, o las bancas centrales que alentaron el festín de los préstamos al mantener las tasas de interés muy bajas demasiado tiempo, o los políticos que alegremente ganaron los beneficios del período más largo de crecimiento sostenido en un siglo sin preguntarse cómo se iba a pagar todo? ¿O, en realidad, la culpa es de los consumidores que fácilmente tomaron los préstamos que les eran ofrecidos, confiados en que los precios de las viviendas seguirían subiendo?

La condena es un gran consuelo en tiempos de crisis. El castigo también. Un resultado de la caída de Wall Street será una serie de juicios en que los fiscales de Estados Unidos tratarán de endilgarles la responsabilidad a los individuos. Habrá otro grupo de justicia vengadora, mientras los legisladores y los reguladores tratarán de sujetar a los bancos con aros de hierro, tanto para infligir dolor por el pasado como para evitar que suceda en el futuro.

Será demasiado tarde, por supuesto, y probablemente desatinado. La venganza siempre es una mala ley en finanzas y en la justicia penal. Aun antes de que se introduzca una sola nueva regulación, la industria está cambiando de forma. La avalancha de adquisiciones con Lloyds TSB y HBOS, Bear Sterns y JP Morgan, el Bank of America y Merrill Lynch, son sólo una parte de reorganización que cambiará la forma bancaria, y la forma en que se operará, con o sin la intervención del gobierno. Hasta ese punto las consecuencias de la explosión de la burbuja ya son visibles.

La pregunta más difícil ahora es qué efecto tendrá en la economía internacional. Porque el crédito después de todo es una forma de intercambio, no un fin en sí mismo, a pesar de la forma en que a los banqueros les gustaba pensar que era el mismo pináculo de la expresión de poder, olvidándose de que era el dinero de otros con el que estaban jugando.

No importa realmente si uno considera a los bancos los principales culpables de los males presentes. La verdad es que no se puede separar la explosión de exóticos instrumentos financieros de las condiciones generales de exceso de liquidez y la floreciente deuda de los consumidores, que alimentaron el crecimiento económico en los últimos 15 años. “La codicia es buena”, de eso se trató en todos los niveles.

No hay por qué suscribir la visión más alocada de un mundo retrocediendo a las sobrias condiciones de prestar y tomar en préstamo, de un distante y mitológico pasado, para ver que una crisis bancaria en este momento, cuando las economías se están retrayendo, podría empeorar infinitamente las cosas. Más importante aún, podría hacer que la recuperación de la recesión sea mucho más lenta y difícil.

Pero el período de crecimiento del consumo desatado terminó. Y por suerte, dirán algunos. Pero, ¿de dónde vendrá el próximo motor del crecimiento? El problema del presente bajón es que está arrastrando a todos con él. La actual caída en los precios de los commodities ayudará. También lo hará la continuación de las relativamente bajas tasas de interés. Pero para un crecimiento real se necesitan inversiones y para las inversiones se necesita dinero. Un período de corrección está muy bien. En realidad se puede discutir que todo lo que está sucediendo ahora es un ritmo clásico de un tiempo de excesos seguidos por un tiempo de retracción, que hemos gastado hoy lo que debiéramos haber esperado hasta mañana para gastar y tenemos que pagar las consecuencias.

Pero la teoría moral no sirve. Necesitamos una política para la reactivación práctica y para eso necesitamos políticos que empiecen a pensar en el futuro y coordinen sus acciones. Una solución para la crisis bancaria ya está en marcha. Habrá más caídas y fusiones. Pero eso no es malo necesariamente. Habrá nuevas reglas para prestar, lo que está bien si son dirigidas con cuidado.

Los gobiernos estarán más involucrados, aunque más no sea porque esto afecta a votantes. Por qué, después de todo, las autoridades estadounidenses salvaron a AIG pero no a Lehman Brothers, y por qué Gordon Brown tomó parte directamente en el rescate de HBOS, si no fuera porque esas instituciones involucraron al público como clientes en una forma que los bancos de inversión no lo hacen. Pero esta crisis se está moviendo ahora de la finanza a la economía, y ahí es donde se debe concentrar la visión.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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La especulación desenfrenada de Wall Street, acompañada por un consumo frenético, crearon las bases de la actual crisis.
Imagen: AFP

Claves

“La condena es un gran consuelo en tiempos de crisis. El castigo también.”

“Aun antes de que se introduzca una sola nueva regulación, la industria está cambiando de forma.”

“No se puede separar la explosión de exóticos instrumentos financieros de las condiciones generales de exceso de liquidez.”

“La actual crisis no es independiente de la floreciente deuda de los consumidores, que alimentaron el crecimiento económico en los últimos 15 años.”

“El período de crecimiento del consumo desatado terminó. Y por suerte, dirán algunos. Pero, ¿de donde vendrá el próximo motor del crecimiento?”

 
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