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Domingo, 28 de diciembre de 2008

ENFOQUE

La Revolución de los “K”

 Por Fernando Hugo Azcurra *

Varsovia. Polonia. Año 1933. Se publican Proba teorii koniunktury (“Ensayo sobre la teoría del ciclo económico”) y O handlu zagranicznym i éksporcie wewnetrznym (“Sobre el comercio exterior y las exportaciones internas”). Autor: Michal Kale-cki. Londres. Inglaterra. Año 1936. Aparece “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”. Autor: John Maynard Keynes. Aquí están los dos grandes economistas que producirán una revolución en la economía, conmoviendo las bases teóricas de la ortodoxia liberal indecentemente difundida como “la” economía.

Sin embargo, la historia económica conoce este acontecimiento como “la revolución keynesiana”, dejando completamente a un lado la labor de Kalecki, quien no sólo pensó con total independencia y originalidad los fundamentos de tal revolución, sino que la publicó con anticipación a la “Teoría General”. Siempre reconoció que por el prestigio mundial que ya tenía Keynes para esa época y por su posición académica e intelectual fue una fortuna para las nuevas ideas, ya que eso produjo su difusión y amplio debate en la ciudadela ortodoxa, pues de lo contrario la lucha por imponerse a las falsedades erigidas en dogma por ésta se habría prolongado quizá por décadas. Para Kalecki la denominación de “revolución keynesiana” era correcta, aunque él fuera el otro padre de la criatura y jamás hizo cuestionamiento alguno sobre prioridad de la Teoría; él era demasiado grande y enormemente modesto para ocuparse de una cosa demasiado pequeña, aun sabiendo que su modelo era superior, más claro y original que el de Keynes como la crítica ya lo ha reconocido.

Es cierto que las teorías de estos dos grandes hombres son similares, pero las consecuencias políticas, económicas y sociales que extrajeron no lo fueron. Keynes era consciente de buscar mecanismos y procedimientos de política económica para “salvar” al capitalismo de las depresiones y las convulsiones que provocaba. Kalecki consideraba que esos mecanismos y procedimientos contenían una mayor proyección social, cuya materialización implicaba, de persistir en el tiempo, una superación del capitalismo hacia nuevas formas económico-sociales, sin que fuera necesario pasar por los cambios políticos revolucionarios a que se ven obligados los pueblos, aunque fuera escéptico sobre esta posibilidad.

Como ejemplo se puede señalar la controvertida discusión sobre la intervención económica del Estado o su abstención, como pregonan neciamente y mentirosamente los ortodoxos, ya que desde la segunda posguerra en todos los países y en especial en los capitalistas centrales el Estado interviene sí o sí; la cuestión es advertir no sólo con qué herramientas de política económica lo hace, sino en beneficio de qué sectores y perjudicando a qué otros sectores de la sociedad.

Keynes enfatizaba la importancia del sostenimiento de un nivel de demanda efectiva con estímulos al consumo y a la inversión, sobre todo en el tramo descendente del ciclo económico; su experiencia de la Gran Depresión de los años ’30 lo llevó a advertir lo peligroso, social y políticamente considerado, que era la actitud de “dejar hacer” al mercado o sea al capital privado para salir de tal situación: ¡eso no sucedería! Y elogió las políticas del New Deal de Rooselvelt. Finalmente, tampoco el capitalismo se recuperó por el camino señalado por él, sino por medio de una nueva Guerra Mundial. Y a partir del período de recuperación-reconstrucción de los países involucrados que lo hacían en una nueva situación de geopolítica mundial entre dos bloques, la política fiscal keynesiana se trocó en una gigantesca manipulación de licitaciones, subsidios y compras directas, de armamento de todo tipo, más los ingentes presupuestos para la inversión en el ámbito espacial. Gran parte de la clase capitalista descubrió el mecanismo para hacer negocios sin riesgo o con riesgo cuasi nulo merced al Estado “Benefactor” pero manteniendo, eso sí, al mundo en un estado de guerra permanente que bautizará como “guerra fría” cuando de hecho era “caliente” (Corea, Vietnam, Camboya, etc.)

Kalecki sostenía, 1) que el gasto público, 2) los estímulos a la inversión privada y 3) la redistribución del ingreso eran los procedimientos más aptos para salir de los cataclismos que imponía el ciclo del capital. Proponía que el gasto estatal se dirigiera hacia inversiones públicas más el añadido de medidas redistributivas en favor de la población trabajadora, en especial los estratos de más bajos ingresos, lo cual significaba una acción sobre la demanda efectiva pero con un mayor contenido social; no creía que los subsidios al capital fueran un camino adecuado como política central.

Advertía, sin embargo, que los empresarios capitalistas difícilmente estuvieran de acuerdo con políticas que orientadas hacia dominar el ciclo y promover el pleno empleo culminaran en otorgar preeminencia a lo social y a los sindicatos, porque culminarían en debilitar su poder de clase sobre los mercados, el gobierno y la fuerza de trabajo asalariada. Para ellos estos mecanismos vulnerarían el “estado de confianza”, como se denominaba en esa época lo que hoy es el “estado de credibilidad y seguridad”. No por razones de carácter económico, ya que a mayor actividad demandante habría elevación de la producción y por tanto incremento de las ganancias. Las razones eran ideológico-políticas: redistribución del ingreso, subsidios al consumo, administración de precios de una canasta básica, deteriorarían la disciplina laboral haciendo que el mercado de trabajo ya no actuara como regulador del salario y de la desocupación. Los trabajadores deben “ganar el pan con el sudor de su frente” y no con ayudas y subsidios.

Para Keynes, el manejo de la demanda efectiva por parte del Estado apuntaba a complementar y facilitar el desenvolvimiento del capital privado, de manera que exigía reformas para mantener el statu quo de un modo “racional”. Kalecki apuntaba a que el Estado se expandiera y consolidara en el ámbito económico como medio de superar la sociedad del capital. Y esto podría ser una de las razones por las que aún se lo condene al silencio y al ostracismo académico.

La serie de anuncios y de medidas que el gobierno nacional se propone implementar para combatir el proceso recesivo-deflacionario mundial se encolumna en la tradición keynesiana, pero que parecen tener más relación con Kalecki. Y tal como él predijo, los sectores reaccionarios económicos y políticos siempre encuentran defectos, contradicciones y deficiencias de todo tipo para evitar que Estado acometa tales políticas. La revolución keynesiana avanzaría mucho más y en mejor sentido si se adoptaran políticas abiertamente kaleckianas.

* Economista, docente e investigador UNLu y UBA

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Micha Kalecki y John Maynard Keynes.
 
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