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Domingo, 6 de septiembre de 2009

EL BAúL DE MANUEL

 Por Manuel Fernández López

El espacio allá

La economía ha procurado razonar sobre réplicas simplificadas de la sociedad, o parte de ella, destacando a la vez ciertos rasgos diferenciadores de sus partes. Se prefirió reproducir en la economía la composición de clases de la sociedad: terratenientes, asalariados, capitalistas. La ciencia inglesa tenía una visión puntiforme del mundo económico. Para ella todo el acontecer económico tenía lugar en un mismo lugar del espacio. Es decir, no había espacio ni por tanto costo de desplazamiento, de mercancías o de hombres, “un país de las maravillas sin dimensiones espaciales, en el que las firmas ubicaban sus plantas sin considerar los costos de transporte y vendían a sus mercados sin tener en cuenta las áreas de venta” (Isard). En el continente europeo, en cambio, la actividad económica, agraria en grado muy importante, comenzó a tener en cuenta al espacio, la distancia y el costo de transporte en la obra de Johnann H. von Thünen, publicada entre 1826 y 1850. Esta obra, titulada El Estado Aislado, publicada en alemán, llena de fórmulas matemáticas, observaciones agronómicas y algunos gráficos, tardó mucho en circular internacionalmente. Hasta cerca de nuestros días no se había publicado una traducción inglesa completa de El Estado Aislado. Entre tanto, a fines del siglo XIX, apareció un nuevo desarrollo: el estudio de la localización óptima de la industria, en manos de Wilhelm Launhardt y Alfred Weber. Fuera de Alemania, el país que en el siglo XIX vivió más intensamente el avance de la sociedad sobre su propio territorio fue EE.UU. Este es un país-continente, con gran diversidad de recursos y climas. La ocupación de su territorio, desde el Atlántico al Pacífico, no fue cosa de poco tiempo, dando lugar al fenómeno de la “frontera móvil”. Una de las tempranas expresiones de incorporación del factor espacio a la economía fue el artículo “Estabilidad en competencia” (1929) de Harold Hotelling (1895-1973), un pionero de la economía matemática, en el que propuso un vínculo entre la competencia no basada en el precio y la localización espacial de firmas rivales, demostrando que la maximización de la ganancia provoca que los rivales se ubiquen cerca uno de otro. Un poco más tarde, en el mismo país, Walter Isard (1919), profesor en Pennsylvania, publicó Location and Space Economy (Localización y economía espacial, 1956) y Methods of Regional Analysis (1960).

El espacio acá

Acá el espacio le dolió más al hombre. Ningún europeo estaba acostumbrado a caminar tanto como proponían estos horizontes sudamericanos. Se escribió desde muy temprano, ya desde la colonia. El escrito “Nuevo aspecto del comercio del Río de la Plata” es la pieza más notable, pues propone una organización del espacio económico rioplatense como coronas de círculos, exactamente igual que en la obra de von Thünen, pero en 1801, es decir, 25 años antes. Su autor: según el que esto escribe, el ingeniero Pedro A. Cerviño. Esteban Echeverría no sólo trajo de Francia el enfoque romántico de la literatura, sino también la economía espacial: en 1837 brindó una clase en la que propuso dividir el área pampeana en sectores, y sobre esa división establecer un sistema tributario en función de la calidad de la tierra. En la misma generación intelectual, D. F. Sarmiento, en Facundo, escribió páginas interesantes sobre la organización del espacio rioplatense, los costos de transporte y los mercados, tomando como centro la isla de Martín García. Después de Caseros es el profesor de Economía Política de la UBA, el doctor Nicolás Avellaneda –futuro presidente de la República– quien escribe sobre espacio y economía, y pronuncia la frase terrible: “El desierto nos vence”. En aquella época comienza la construcción ferroviaria que culmina a principios del siglo XX, con la red más extensa de América latina. El crecimiento de la red es concomitante con el crecimiento del conocimiento, en la forma de una cátedra de Ferrocarriles en la Facultad de Ingeniería de la UBA, dirigida por Alberto Schneidewind, según los escritos de Guillermo Launhardt, que combinaban soluciones de ingeniería y economía espacial. Al fundarse la Facultad de Ciencias Económicas, varios alumnos notables de Schneidewind pasaron a desempeñarse en dicha facultad, en la cátedra de Transportes y Tarifas: Manuel Ramallo, titular de la cátedra, y Teodoro Sánchez de Bustamante, que propuso por primera vez la representación gráfica del monopolio de Cournot para analizar el caso del transporte ferroviario. La resurrección de los estudios económicos, visible desde 1956, que tantos trabajos valiosos produjo sobre desarrollo económico e inflación, no dejó intacto el tema espacial y hacia 1960 se constituyó un equipo de trabajo integrado por graduados de la UBA, La Plata y Córdoba, que produjo Relevamiento estructural de la economía argentina.

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