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Domingo, 28 de noviembre de 2010

Con viento...

 Por Ivan Heyn *, Santiago Rodriguez **, Esteban Kiper * y Pablo Moldovan ***

La visión de la “economía kirchnerista” que promueven los medios y buena parte de los economistas atribuye el éxito en materia de crecimiento, generación de empleo, sustentabilidad externa y equidad al viento de cola. Contra la contundencia de los hechos, se pretende negar la existencia de un modelo económico consistente, y se intenta sugerir que la gestión de la política económica fue más un obstáculo que el determinante central del notable desempeño de la economía argentina.

Las luces se atribuyen al azar, las sombras a la mano torpe de la política. Nosotros entendemos, por el contrario, que si la economía argentina logró por primera vez en décadas tornar compatible el equilibrio externo con la reducción del desempleo, el equilibrio de las cuentas públicas con la reducción de la pobreza y la indigencia, el desendeudamiento con el desarrollo industrial, el crecimiento del mercado interno con el salto exportador, el record de la inversión con una fuerte reducción de la desigualdad, fue por la férrea decisión política de quienes condujeron este proceso.

La macroeconomía

El modelo macroeconómico se articuló en torno de tres ejes.

1. El primero, de políticas, permitió recuperar la rentabilidad y el equilibrio externo.

2. El segundo fue el que dio el impulso sobre la demanda agregada para que se pusiera en marcha el círculo virtuoso de empleo-salarios-ventas–inversión-empleo.

3. El tercero fue el que hizo compatible la mayor rentabilidad con las mejoras distributivas.

El sostenimiento de un tipo de cambio real competitivo estuvo apoyado en un esquema de intervención del Gobierno en los mercados cambiarios, la esterilización y la reducción de la volatilidad mediante el control a los flujos de capitales. Esa estrategia se efectuó en un marco de muy buenas condiciones externas. Esto permitió, mediante la recuperación de la competitividad, revertir de forma persistente el saldo comercial deficitario característico de la convertibilidad.

El superávit comercial sostenido, sumado a los efectos de la reestructuración de la deuda externa pública y privada y la estrategia de desendeudamiento resultó en sostenidos superávit de cuenta corriente. Esto permitió acumular reservas, relajar la restricción externa, alejar fantasmas de posibles crisis cambiarias y dar vía libre a un crecimiento rápido de la industria y el agro sin crisis de balance de pagos por primera vez en décadas.

El pago de la deuda al FMI, la agresiva estrategia de desendeudamiento y la reestructuración de la deuda pública, el pago de deuda con reservas, la estatización del sistema previsional que terminó con las AFJP y la mayor presión tributaria, basada en un incremento en la progresividad, permitieron recuperar la soberanía en la toma de decisiones de política económica. Vale recordar que el sistema de AFJP era ineficiente, inequitativo y oneroso, que se había implementado durante los ’90. Y que la progresividad tributaria se verificó con la apropiación de rentas extraordinarias del agro y petróleo por parte del Estado y por la mejor supervisión en el cobro de ganancias.

La acumulación de reservas, además, permitió que el BCRA tomara el control absoluto del mercado cambiario, torciéndoles el brazo a especuladores y agoreros. Así dejó de ser necesario recurrir al endeudamiento externo, y los consejos del FMI se tornaron descartables. Esto hizo posible instrumentar una fuerte expansión del gasto y la inversión pública (su peso se triplicó), que aportó la inyección de demanda agregada y la infraestructura necesaria para garantizar que la competitividad de los sectores productivos se tradujera en crecimiento, inversión y creación de empleo; y por lo tanto consolidación del mercado interno.

La Asignación Universal por Hijo, el aumento del salario mínimo vital y móvil y del haber mínimo jubilatorio, la Ley de Movilidad Jubilatoria, la inédita expansión de la cobertura del sistema previsional, el apoyo al desarrollo de las negociaciones colectivas, empujaron la reconstitución de los ingresos de los sectores populares.

La rerregulación de los servicios públicos privatizados y el consiguiente manejo tarifario, y la regulación de sectores clave por medio de retenciones, compensaciones y acuerdos de precios, aplacaron las presiones inflacionarias sobre los productos de primera necesidad cuyos precios son en Argentina los más bajos de toda América latina, permitiendo la recuperación real del poder de compra de los salarios, las jubilaciones y los planes sociales, y dando así vida al mercado interno.

Políticas

En el marco del nuevo rumbo decidido para la economía, la creación de empleo y el desarrollo de las capacidades productivas locales ocuparon un rol central. Bajo la premisa de que la única transformación duradera de las condiciones de vida de los argentinos se alcanzaría a través de una complejización del entramado productivo que impactara sobre la calidad del empleo, se sumaron al modelo macroeconómico una serie de políticas específicas tendientes a promover que el crecimiento fuera de la mano del desarrollo.

Las políticas productivas pro desarrollo operaron a través de los siguientes objetivos específicos:

- Apoyo al crecimiento del sector industrial en su conjunto.

- Mejora de la inserción externa de los productos nacionales.

- Aliento a sectores considerados estratégicos.

- Estímulo al cambio tecnológico y el crecimiento de la productividad.

- Mejora en la calidad de los recursos humanos.

La competitividad de la industria fue promovida por una política de precios y subsidios de energía, que junto a los cuantiosos recursos que se destinaron a la inversión en infraestructura –rutas, puertos, energía– posibilitaron el surgimiento de importantes márgenes de competitividad extracambiaria.

Además, se pusieron en marcha regímenes horizontales de promoción a la inversión y se activaron líneas de crédito subsidiadas destinadas tanto a pymes como a grandes empresas. Esos créditos estuvieron financiados a través de las ventanillas del Ministerio de la Producción, los principales bancos públicos como el Banco Nación, o el Programa de Financiamiento del Bicentenario, que se fondea a través de las líneas de redescuentos lanzadas por el BCRA.

En el plano externo se rediseñó la estrategia de negociaciones, avanzando en el comercio con aquellos socios que favorecen el intercambio de bienes de mayor valor agregado. Esto se tradujo en la diversificación de los destinos y mercados de exportación y en un importantísimo dinamismo de los productos industriales, en particular en América latina. En el ámbito del Mercosur las negociaciones tuvieron como prioridad generar un intercambio más equitativo de productos industriales, con una administración y seguimiento constante del comercio bilateral.

A nivel sectorial se apoyaron diversas actividades productivas consideradas estratégicas en función de sus aportes en materia de empleo, encadenamientos productivos y generación de conocimiento. Se protegió a un grupo de sectores sensibles compuesto fundamentalmente por pymes, con gran incidencia en la generación de puestos de trabajo (textil-indumentaria, calzado, muebles), a partir de la implementación de una cuidadosa administración del comercio exterior frente a las distintas formas de competencia desleal.

Además, se apoyó a un grupo de industrias con gran capacidad para impulsar tras de sí a otras actividades productivas y a empresas nacionales de menor envergadura, como es el caso de los sectores automotriz, motocicletas, bienes de capital y farmacéutica.

Por otro lado, en vistas a promover actividades consideradas estratégicas por sus virtuosas dinámicas de empleo, generación de valor y aportes al conocimiento, se diseñaron regímenes sectoriales específicos para el desarrollo de las industrias del software, biotecnología y energía nuclear, y se diseñaron políticas específicas para promover el desarrollo de nanotecnología.

El crecimiento de la productividad ocupó un rol central a fin de garantizar el sostenimiento de la competitividad en el marco de salarios reales crecientes. Con este objetivo se dio nuevo impulso a la política científico-tecnológica y de educación, elemento clave para el desarrollo de sectores de mayor valor agregado y contenido tecnológico. No sólo se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, sino que se incrementó el monto de proyectos financiados por el Fontar (dirigidos a la innovación del sector privado) y se destinó una creciente cantidad de recursos al conjunto del sistema científico tecnológico.

Se modificó considerablemente la política en materia educativa, estimulando la educación técnica e incrementando la inversión en educación, que superó el 6 por ciento del PIB. Finalmente, desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social se promovieron programas de capacitación y empleo para consistir las necesidades del sector productivo con las calificaciones de la mano de obra desocupada.

Crecimiento y desarrollo

Este complejo articulado de medidas macroeconómicas y productivas fue el que modeló el proceso de expansión económica más extenso y dinámico de la historia argentina. Y el que permite explicar el cambio en el patrón, en los motores y en el perfil distributivo del crecimiento. El modelo macroeconómico generó y genera las condiciones para que se diversifique y complejice la estructura productiva y para que mejoren las condiciones socioeconómicas. Al mismo tiempo, el desarrollo productivo es vital para darle viabilidad en el largo plazo al modelo macroeconómico y a la mejora en las condiciones de vida de nuestra sociedad.

Cuando se desglosa la complejidad del modelo económico resulta imposible atribuir al azar la consistencia de las piezas de este rompecabezas. Y la complejidad de la tarea no ha radicado tanto en encontrar la combinación de instrumentos que tornaran consistentes los objetivos de crecimiento, distribución, diversificación productiva o desendeudamiento, sino en sostener la férrea voluntad de dar la batalla cultural, política e ideológica que demandó cada una de las medidas adoptadas, ante la resistencia que presentaron los grupos de poder económico, mediático y político.

El núcleo de la política económica que puso a la Argentina en el sendero del desarrollo, entonces, fue sin lugar a dudas la profunda convicción de Néstor y Cristina Kirchner de que una Argentina independiente, justa y soberana era posible

* AEDA.

** UBA-UN Florencio Varela.

*** UBA.

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Imagen: Carolina Camps

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-La visión de la “economía kirchnerista” que promueven los medios y buena parte de los economistas atribuye el éxito en materia de crecimiento, generación de empleo, sustentabilidad externa y equidad al viento de cola.

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