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Domingo, 6 de octubre de 2013

EL EMPRESARIADO INDUSTRIAL Y LA PARTICIPACIóN POLíTICA

Una relación conflictiva

La incorporación de dirigentes empresarios a las filas de la política partidaria es una estrategia de ampliación de consensos que otorga un mayor respaldo a sus propuestas económicas,ya que estos dirigentes intervienen en el diseño de los programas de política económica.

 Por Marina Dossi *

La reciente incorporación de Ignacio de Mendiguren a las filas del Frente Renovador liderado por Sergio Massa coloca en el tapete la discusión sobre la participación política de los dirigentes empresarios.

Para el sector empresario, dicha participación proporciona canales de interlocución con el poder político para promover intereses sectoriales. Pese a esto, las diferencias político-ideológicas y las distintas inserciones económicas del empresariado industrial generan opiniones dispares sobre los beneficios de la participación que terminan cristalizando en tensiones en las asociaciones empresarias. Existe desconfianza sobre la rivalidad entre las obligaciones “partidarias” y la efectiva representación de los intereses industriales.

La historia reciente de la UIA evidencia que la llegada de sus dirigentes a la política, como Sebastiani en 1997 y Rial en 1999 por la vía parlamentaria, y Mendiguren al Ejecutivo (Ministerio de la Producción, 2002), generó turbulencias internas.

En el caso de Sebastiani, su accionar legislativo otorgando quórum para la sanción de una reforma laboral que la UIA desaprobaba concluyó en un hecho inédito hasta ese momento, la renuncia de un presidente de la UIA a su cargo por razones políticas. En el caso de Mendiguren, su fugaz paso por el Ministerio de la Producción, en un contexto de profunda crisis económica y político-institucional, dejó como secuela una fuerte crisis interna y el quiebre de los consensos que habían permitido, hasta ese momento, el funcionamiento de la asociación.

Para la dirigencia política, la incorporación de dirigentes empresarios a sus filas es una estrategia de ampliación de consensos que otorga un mayor respaldo a sus propuestas económicas, ya que estos dirigentes intervienen en el diseño de los programas de política económica.

La reciente licencia tomada por Ignacio de Mendiguren a su cargo de secretario general en la UIA, debido a su incorporación a las filas del massismo, se enmarca en este tipo de situaciones. Si bien desde la central fabril aclararon que no hubo presiones gubernamentales detrás de esta decisión, pueden vislumbrarse las tensiones entre el poder político y el poder empresario a la hora de tomar posiciones.

La proximidad de Mendiguren con las gestiones del kirchnernismo, su rol como interlocutor y negociador entre la corporación empresaria y el Gobierno, así como el bajo perfil de la UIA a la hora de efectuar reclamos, fundamentalmente aquellos vinculados con la “competitividad” del sector, manifiestan esta situación. En la misma línea, la UIA mantuvo silencio frente a reclamos efectuados al Gobierno por otras entidades gremiales empresarias en distintos conflictos, particularmente aquellos mantenidos por las corporaciones agropecuarias.

El arribo de Mendiguren a una lista opositora marca un quiebre en esta relación, y parece colocar a la UIA en una posición de distanciamiento del gobierno nacional y en un rol de posible cuestionador de los resultados de ciertas políticas económicas. Las tensiones entre el Gobierno y los industriales se basan en temas como la inflación, la competitividad y el tipo de cambio. La candidatura de Mendiguren, cuestionando la “ausencia” de políticas gubernamentales para afrontar estas cuestiones, augura una relación más tensa con el sector fabril, de cara a los reacomodamientos políticos que surjan tras los comicios legislativos de octubre.

Esta situación se suma a la elección de renovación de autoridades (mayo pasado) en la UIA, atravesada por tensiones entre sus agrupamientos internos, la lista Celeste y Blanca e Industriales, y por el contexto político-económico. La afinidad de Mendiguren con el kirchnerismo no conformaba a los sectores industriales más críticos del Gobierno, si bien el conjunto de los industriales rescataba el diálogo y el vínculo fluido del dirigente con el Ejecutivo. Otros sectores industriales promovían una renovación dirigencial en la UIA, mediante José Urtubey, hermano del gobernador de Salta y con escasa trayectoria corporativa. Sin embargo, su candidatura no prosperó, ya que para numerosos industriales tener un presidente cuyo hermano mantiene fluidos vínculos con el kirchnerismo y además es uno de los posibles presidenciales para 2015 implicaba la “politización” de la UIA. Desde la central fabril argumentaban que esta situación podía condicionar su autonomía a la hora de realizar demandas al Gobierno en un contexto de baja de inversiones, cepo cambiario, dólar blue, inflación y problemas con las importaciones. Por otra parte, y frente a la incertidumbre de los resultados de los comicios legislativos y la perspectiva para las presidenciales de 2015 que surgiría de éstos, no veían conveniente que la UIA quedase como una entidad “kirchnerista”, en un posible escenario de pérdida de poder del oficialismo.

Para mantener la cohesión interna, los máximos líderes industriales aunaron posiciones y decidieron elegir por tercera a vez a Héctor Méndez, dirigente plástico y con amplia trayectoria gremial empresaria, quien se había desempeñado como presidente bajo la gestión de Néstor Kirchner, logrando mantener una relación cordial pero con cierta capacidad de reclamos y observaciones a determinadas políticas gubernamentales.

De este modo, el proceso eleccionario de la UIA y la licencia de Mendiguren a su cargo estuvieron atravesados, desde el plano externo, por las elecciones PASO de agosto pasado y por la inminencia de las próximas legislativas de octubre. Desde el plano interno, influyeron la heterogénea composición de la UIA y la necesidad de posicionar a la corporación empresaria en el plano político como un interlocutor válido y con capacidad de presión sobre el Gobierno sin tensar el vínculo. En este sentido, la participación de Mendiguren en una lista opositora al oficialismo podría colocar a la UIA como una corporación opositora al Gobierno, afectando su capacidad de diálogo e interlocución con el mismo.

Nos encontramos frente a un escenario abierto en el cual los resultados legislativos y los reposicionamientos de dirigentes políticos, empresarios y sindicales habilitarán un nuevo entramado de relaciones. Pese a esta incertidumbre, la reciente ausencia de la cúpula de la UIA en el acto por la celebración del Día de la Industria, en la provincia de Entre Ríos, y ciertas “correcciones” económicas enarboladas tanto desde el massismo por Mendiguren como por dirigentes de la UIA, auguran una relación más tensa entre el Gobierno y la entidad empresaria, vínculo sujeto al devenir electoral

* Investigadora del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes).

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Ignacio de Mendiguren y Héctor Méndez.
Imagen: Télam

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-La historia reciente de la UIA evidencia que la llegada de sus dirigentes a la política generó turbulencias internas.

-El arribo de Mendiguren a una lista opositora marca un quiebre y coloca a la UIA en una posición de distanciamiento del gobierno nacional.

-Los máximos líderes industriales aunaron posiciones y decidieron elegir por tercera a vez a Héctor Méndez como presidente de la UIA.

-Los resultados legislativos y el reposicionamiento de dirigentes políticos, empresarios y sindicales habilitarán un nuevo entramado de relaciones.

 
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