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Domingo, 4 de febrero de 2007

EL BAúL DE MANUEL

Abuelos: alerta rojo. Justicia

Abuelos: alerta rojo

Uno no puede vivir en el pasado, ni cambiarlo. Los actos de nuestra vida se proyectan hacia el futuro y buscan obtener cierto resultado futuro. Que se lo obtenga o no, y en qué medida, es contingente. Pueden pretenderse grandes resultados, pero de concreción poco segura; o bien resultados modestos, pero de obtención segura. Cada resultado esperado tiene su grado de seguridad o riesgo. Adam Smith ponía por caso la elección de un modo de ganarse la vida: “La probabilidad de que una persona determinada consiga o no calificarse para ejercer la profesión que está aprendiendo es muy distinta en las diferentes profesiones. El éxito es casi seguro en la mayor parte de los oficios mecánicos, pero es muy inseguro en las profesiones liberales” (Riqueza de las naciones, Lib. I cap. X). Lo que vale para todo ciudadano no tiene por qué no cumplirse para delincuentes. Quien pretende obtener recursos ajenos delinquiendo también tiene que elegir un curso de acción. Y en la mala vida, tanto como en la otra, hay delincuentes audaces y arriesgados, y cacos de menos recursos y aspiraciones mediocres. Se puede intentar un robo de grandes proporciones pero con alta probabilidad de fracaso; o ir hacia algo más seguro, pero poco prometedor en ganancias. En esta segunda posibilidad pueden encuadrarse los recientes robos y agresión a ancianos, llamativamente ejecutados por menores de edad. En los casos que los medios van mostrando un día y otro, los montos son bajos, de unos pocos cientos de pesos, y los delincuentes casi siempre tienen éxito, es decir, no son capturados. Esto se complementa con la legislación favorable al joven delincuente: un chico de doce o trece años que estaría en desventaja frente a un hombre de treinta o cuarenta puede paralizar de terror a un anciano, quien además puede reflexionar que, si hace frente al joven agresor y logra que sea capturado, cualquier juez lo dejará libre de inmediato y al día siguiente podrá estar de vuelta en lo del anciano para vengarse de él con más violencia aun. La violencia juvenil hacia los ancianos, descripta por Adolfo Bioy Casares en Diario de la guerra del cerdo, es doblemente segura: primero porque está dirigida a víctimas fácilmente doblegables; segundo, porque en caso de fracasar y ser capturado el agresor, el régimen jurídico y el sistema judicial rápidamente le permiten recuperar su libertad y continuar delinquiendo.

Justicia

La inseguridad adquirió presencia habitual en nuestras vidas y a menudo produce alguna víctima fatal inocente. Los familiares de la víctima suelen decir “sólo queremos justicia”, y acaso añadir “para que no les pase a otros”. Entienden por justicia alguna forma de resarcimiento, tal como castigo a quien causó el daño, perjuicio o agravio, o compensación por éste. En estos casos, tanto el daño como su eventual resarcimiento perjudican o benefician, respectivamente, a ciertas y determinadas personas, sin extenderse a otras personas de similar condición. Los resarcimientos imponen castigos a determinadas personas y redistribuyen recursos a favor de otras determinadas personas. Es una justicia privada, por así decir. La economía, por otra parte, nació con el intento de los pensadores griegos de alcanzar una noción de justicia social, aplicable al conjunto de la sociedad. Por siglos hasta la Escolástica medieval, el pensamiento económico dependió de la noción de “justicia”. Durante las épocas mercantilista y liberal la economía se construyó como un pensamiento autónomo respecto de la justicia y como ciencia de la riqueza. Pero con la escuela clásica se comenzó a investigar a la clase asalariada. Con ello a la ciencia de la riqueza se añadió el estudio de la pobreza. La extrema riqueza y la extrema pobreza, por su parte, llevaron a preguntarse por la desigualdad y por la economía justa. El primer tema motivó notables estudios del indio Amartya Sen, que le hicieron merecer el Premio Nobel, y el segundo tema motivó el estudio La economía justa, del británico y también Premio Nobel James E. Meade. ¿Qué políticas hay para modificar la distribución del ingreso y de la propiedad? Según Meade, las siguientes: 1) Promover las condiciones de competitividad (eliminar prácticas restrictivas); 2) Regular precios y cantidades específicos (racionamiento, control de precios); 3) Proveer bienes sociales (educación y salud) a través del Estado; 4) Redistribuir la propiedad privada (reacomodar la capacidad de ahorro y de acumulación); 5) Socializar (nacionalizar) la propiedad de ciertos bienes; 6) Influir sobre los niveles de ahorro privado (redistribuir bienestar intergeneracional); 7) Medidas para el control del crecimiento de la población (promover el incremento de fecundidad); y 8) Redistribuir directamente los ingresos personales.

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