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Domingo, 20 de noviembre de 2005

AGRO › EL BOOM DE LA VITIVINICULTURA ARGENTINA NO ES PARA TODOS

El negocio detrás de un buen vino

 Por Susana Díaz

La vitivinicultura es una de las tantas actividades de las economías regionales que recibieron un importante impulso gracias al cambio de los precios relativos y a la maduración de algunas inversiones iniciadas ya en la década del ‘90. Actualmente, los cultivos de vid superan las 200 mil hectáreas. En 2005 las exportaciones alcanzarán un record de 410 millones de dólares, casi el doble de los 210 millones vendidos al exterior en 2004, cifra que a su vez duplicó lo conseguido en 2002. El margen para seguir creciendo es importante, ya que con una producción de más de 1500 millones de litros anuales, Argentina es el quinto productor mundial, mientras que las exportaciones sólo representan el 10 por ciento. Pero el vino es un producto que dista de ser homogéneo. Las ventas al exterior son especialmente de vinos finos, entre los que se destaca el malbec, que alcanza un cuarto del total. El precio promedio del litro exportado ronda 1,5 dólares, valor que se encuentra en ascenso y que refleja la progresiva especialización de los productores locales.

La bonanza de los números, sin embargo, no llegó a todos los actores del circuito vitivinícola. La reconversión productiva iniciada durante la década pasada y completada tras la crisis de 2002 tuvo como dato característico la expulsión de muchos productores y la consecuente concentración de la propiedad. Si bien existen más de 1200 bodegas, las que exportan son unas 300. A su vez, las primeras 70 concentran algo más del 95 por ciento del mercado. Incluso dentro de este grupo el grueso de las ventas es controlado por unas pocas firmas.

Una investigación en curso de Alejandro Rofman, del Conicet, y Patricia Collado, de la Universidad Nacional de Cuyo, analiza las transformaciones del circuito agroindustrial tras la crisis. Las conclusiones preliminares reflejan la profundización y expansión del proceso de inversión y modernización productiva orientado al mercado externo y al interno de altos ingresos presupuesto en las cifras reseñadas. Las nuevas características productivas son, en la producción primaria, el desarrollo de nuevas plantaciones de vid con variedades de alta calidad, importadas en su mayor parte y ambientadas a la región. La expansión fue conducida por quienes contaron con capacidad financiera propia, originada tanto en la reinversión de utilidades como en el ingreso de nuevos capitales, regionales y extrarregionales. El correlato en el sector industrial fue el crecimiento de los establecimientos dedicados a los vinos de alta calidad en detrimento de los antiguos bodegueros dedicados a los vinos de mesa, quienes quedaron afuera de la reconversión, pero no siempre del circuito.

Al margen de los pocos establecimientos más sofisticados que operan con viñedos propios, el precio que las bodegas pagan al productor por la uva continúa siendo una de las principales tensiones de la cadena de valor. Algunos números calculados por Rofman y Collado son contundentes. En el bienio 2002-2003, por ejemplo, la uva común para obtener vino de mesa registró un aumento de valor del 130 por ciento. El valor del vino producido con esa misma uva (vendido a granel) tuvo un aumento del 374 por ciento en las operaciones al contado. La relación a favor del sector manufacturero en detrimento del primario fue de 3 a 1. La razón de la desproporción es conocida y se repite en las restantes economías regionales: de un lado se encuentra un bloque empresario altamente oligopolizado; del otro, alrededor de 10 mil pequeños productores viñateros. Este reparto de la torta limita, a su vez, la reconversión de los viñateros, lo que les impide salir del círculo vicioso en que se encuentran.

Distinto es el caso del productor primario que logró reconvertirse y, en consecuencia, pudo ingresar en la etapa más dinámica del negocio, es decir, la de los vinos finos, ya que podrá vender su uva con un valor que triplica e incluso, en algunos casos, llega a quintuplicar el valor de lauva común. De todas maneras, ello no significa que su ingreso se vuelva proporcional al aumento de precios del producto final. La recuperación de sus precios luego de la devaluación se mantuvo por debajo de la inflación. En la industria, en tanto, el precio obtenido por los vinos finos superó en más de 7 veces a los vinos comunes.

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