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Domingo, 26 de febrero de 2006

AGRO › LA PRODUCCION PORCINA CRECIO FUERTE Y LOS PRECIOS LO HICIERON AUN MAS

Los chanchos también están en auge

 Por Susana Diaz

“Los argentinos consumen demasiada carne de vaca, mucho más que la media de los países más desarrollados, por eso, frente al aumento de los precios internos provocado por el auge exportador, la alternativa es diversificar la dieta.” Palabras más, palabras menos, éste fue el argumento más escuchado entre quienes rechazaron la intervención estatal en el mercado de carnes bovinas. Dejando de lado el dato cierto de que en 2006 los argentinos efectivamente consumieron menos carne de vaca no obstante haber destinado más recursos para este fin, el argumento pro exportador apunta a un hecho también cierto: en el país se consume ancestralmente, desde la época de las vaquerías, mucha carne bovina en términos de kilogramos por habitante. Sin embargo, la recomendación explícita del argumento –diversificar la dieta– no parece ser la mejor opción si el objetivo es el ahorro. El filet de merluza, por ejemplo, aumentó en 2005 el 21,7 por ciento, de acuerdo con el IPC del Indec. La carne porcina, que no es relevada directamente por el IPC, aumentó en el mismo período, de acuerdo con la Oncca y la Sagpya, el 26,1 por ciento. En ambos casos se trata de aumentos muy superiores al 17,5 por ciento que, en promedio, experimentaron los cortes vacunos.

De acuerdo con un informe difundido a mediados de febrero por la Secretaría de Agricultura, las exportaciones porcinas crecieron el 28,2 por ciento en volumen y el 22,5 en valor, lo que muestra que los valores internos crecieron en dirección inversa a los internacionales. Lo notable es que los precios mayoristas cayeron, en el mismo período, el 9 por ciento. Como sucede con la carne vacuna, el problema está, una vez más, en la cadena de comercialización. No obstante, fuentes del sector señalaron que el aumento anual de precios quedó sesgado por las restricciones que enfrentaron a partir de noviembre las importaciones provenientes de Brasil por los problemas sanitarios. Las importaciones totales cayeron casi el 50 por ciento, pero siguen siendo importantes. La industria de fiambres y chacinados produjo el año último 290 mil toneladas, mientras que la faena local fue de 187 mil toneladas. A diferencia de lo que ocurrió con la carne vacuna, el consumo interno sí aumentó en el año hasta alcanzar los 5,5 kilos por habitante, un 2,3 por ciento más que un año antes.

Regresando a la diversificación dietaria, en 2005 el precio minorista del pollo entero relevado por el Indec no registró aumentos. Ello respondió a dos causas: la suba de la producción en respuesta a fuertes inversiones y el cambio del escenario del consumo mundial luego de la psicosis provocada por la expansión internacional de la gripe aviaria. En consecuencia, para maximizar sus ingresos la población debería consumir menos carne vacuna, bastante menos pescado y aun menos carne porcina. La diferencia debería volcarse al consumo de pollo pero, en ese caso, la dieta se habrá diversificado poco, amén de que, frente a tanta demanda, el pollo podría a su vez aumentar. Si de precios se trata, parece claro que los consejos deberían venir por otro lado.

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