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Domingo, 31 de marzo de 2013

ENFOQUE

Destino sudamericano

 Por Claudio Scaletta

El abandono de la megaminera Vale del proyecto Potasio Río Colorado, y en particular su salida desprolija, es una nueva oportunidad para repensar el modelo de integración regional con Brasil, una cuestión que abruma apenas comienza a pensarse. Sucede que los mismos problemas y las mismas necesidades de la economía local se reproducen casi como un calco cuando se analiza el bloque: el riesgo de la región, al igual que el de sus economías aisladas, es la tendencia a la reprimarización dado al peso de sus recursos naturales, su desafío; la agregación de valor en el marco de la integración de cadenas industriales con miras, también, a sustituir importaciones extrazona.

De lo que se trata, entonces, es de encontrar los caminos para impulsar el desarrollo conjunto, algo que nunca hará el mercado por sí solo y que requiere elevadas dosis de voluntad política y coordinación, en particular para articular intereses legítimos muchas veces contrapuestos.

El punto de partida consiste en poner en primer plano los recursos con que se cuenta que, por supuesto, no se limitan a las considerables reservas de potasio, uno de los principales macronutrientes para todo tipo de cultivos.

- Argentina y Brasil juntas son la quinta economía del mundo, con un PIB de casi tres billones de dólares y un mercado interno cercano a los 250 millones de consumidores.

- Son los primeros productores globales de soja; con prácticamente la mitad del total de la producción mundial.

- Son también los principales productores de alimentos, no sólo de la región, sino también del mundo. Entre ellos, además de oleaginosas y cereales, carne bovina, aviar y porcina, jugo de naranja, concentrado de limón, azúcar, peras y aceites, entre otros.

- Brasil es el segundo productor global de mineral de hierro, tiene el 17 por ciento de la producción mundial y posee la quinta reserva del planeta. Argentina no posee yacimientos de mineral de hierro en explotación, pero ambos países cuentan con una siderurgia consolidada, con una producción conjunta superior a las 40 millones de toneladas de acero crudo. Elaboran productos planos y no planos, así como aleaciones para abastecer a la construcción civil y a las industrias automotriz y de maquinarias y equipos.

- En materia energética, Brasil cuenta con enormes reservas y know how para la extracción y producción offshore (yacimientos Pre-Sal). Argentina, sin contar lo que pueda hallar costa afuera, posee las terceras reservas mundiales de hidrocarburos de arenas y arcillas compactas (tight & shale). Las posibilidades de integración en el área son inmensas.

- En litio, uno de los minerales del futuro, Argentina, junto con Bolivia y Chile, suman cerca del 55 por ciento de las reservas mundiales. La demanda actual se concentra en unos pocos fabricantes de baterías recargables, de las que hoy se producen alrededor de un millón de unidades. Para la próxima década se espera que esta demanda se multiplique por veinte. Las baterías no serán demandadas sólo por la industria electrónica, sino también por la automotriz, que ya comenzó a producir vehículos híbridos.

- Precisamente, ambos países sumados son los sextos productores mundiales de automóviles, con 4,3 millones de unidades, con una industria integrada regionalmente.

Por supuesto, ésas no son las únicas riquezas. Entre otras, se suman la capacidad actual de generación hidráulica, poseer algunas de las principales reservas acuíferas del mundo y la potencialidad forestal, con 50 millones de hectáreas de bosques y nueve millones de hectáreas de superficie implantada. También se agregan recursos humanos calificados, una red de medio millón de empresas industriales y, al menos en el discurso, una visión compartida acerca del lugar del desarrollo industrial como factor imprescindible para la generación de empleo de calidad, es decir, para la distribución del ingreso y la retroalimentación de la demanda como motores del crecimiento.

En suma, se trata de economías que, a pesar de tener algunas áreas en las que podrían ser competitivas, tienen una inmensa capacidad para ser complementarias. Aunque en la historia reciente existieron avances, ellos parecen más limitados al plano de la conciencia en la propia potencialidad frente a desafíos de otras regiones del mundo, desde el imperialismo tradicional, el estadounidense, hasta la irrupción de China, que a acciones concretas en el plano de la integración. La integración de la industria automotriz es hasta ahora el logro más palpable, aunque no está exenta de problemas. Para Argentina el principal es el carácter deficitario en términos de comercio exterior y, en segundo lugar, de dependencia de la evolución de los altibajos de la macro brasileña. El freno de Brasil induce siempre un freno a la Argentina.

El caso de Vale muestra también que las empresas del vecino país no actúan en Argentina en el marco de un proyecto de integración. El desembarco se produjo junto a un conglomerado de contratistas brasileñas y con préstamos del Bndes atados a la adquisición de insumos brasileños. Son acciones legítimas y lógicas, pero alejadas del espíritu de la integración regional. Una experiencia similar ocurrió con Petrobras, que no tuvo en Argentina ningún comportamiento diferencial en relación con el resto de las petroleras extranjeras.

El listado de recursos compartidos y su potencial anclaje industrial regional indica dos cosas: la primera es que, al igual que sucede con el desarrollo local, los dos países necesitan trabajar en una agenda conjunta para integrar explícitamente estas cadenas de valor buscando una especialización que evite reproducir relaciones centro-periferia. Por ahora hay más discursos que obras en común. La segunda, que sirve como conclusión, es que mirando el listado de potencialidades, las clases políticas de ambos países corren el riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica. Claro que al sentarse a la mesa deberán hacerlo con generosidad. Siempre algo habrá que ceder, en particular si el objetivo no es sólo Brasil y Argentina, sino el Mercosur, con socios menores que frente al destrato pueden ser permeables a otros intereses.

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Imagen: Telám
 
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