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Domingo, 5 de abril de 2015

MITOS ECONóMICOS › COSTOS LABORALES Y PRODUCTIVIDAD

“Aritmética desagradable”

 Por Andrés Asiain

Una reciente nota del economista Juan Luis Bour titulada “Dólar, productividad y salarios: aritmética que no es agradable”, analiza la evolución de los costos laborales unitarios en dólares de la industria en los últimos 20 años. Según el economista de FIEL, durante la convertibilidad “la industria pudo reducir a la mitad ese costo laboral por unidad de producto” debido a la “impresionante mejora del producto por obrero dado un régimen monetario muy rígido y la reducción de impuestos al trabajo”. Entre 2001 y 2002, los costos laborales se desplomaron otro tanto por la caída salarial provocada por la devaluación. De ahí en más comenzó una “tendencia explosiva” de incremento de los costos salariales que obliga a “un ajuste cambiario de magnitud para corregir lo que se desajustó a lo largo de estos años” (Ambito Financiero, 20/3/15).

Un primer elemento que sorprende de la nota es la impresionante baja de los costos laborales en dólares en los años noventa. La sorpresa es mayor si se compara esa información con la presentada por el mismo Bour en agosto de 2007, en la revista Indicadores de Coyuntura de FIEL. Allí la reducción de esos costos es mucho más modesta (17 por ciento), concentrándose a comienzos de los noventa y estancándose desde 1997 hasta 2001. Paradójicamente, la baja de los costos unitarios a comienzos de los noventa fue una consecuencia de la crisis de gran parte de la industria nacional. En esos años, el dólar barato y la apertura importadora produjeron la quiebra de los sectores industriales menos competitivos. La supervivencia de los más fuertes y la reconversión de muchas industrias en ensambladoras de componentes importados generó que las estadísticas marcaran un incremento de la productividad media del trabajador industrial. La contrapartida de ese salto de la productividad era el cierre de fábricas y el despido de sus trabajadores.

Tampoco parece correcta la caracterización como “explosiva” de la dinámica de los costos laborales de la etapa kirchnerista. Si bien la recuperación del poder adquisitivo del salario y el encarecimiento de la canasta de consumo en dólares provocaron que la industria debiera enfrentar un incremento de sus costos laborales respecto al piso provocado por la devaluación de 2002, los niveles alcanzados en 2014 están muy lejanos a los señalados por Bour.

Cuando se comparan los costos salariales unitarios en dólares en distintos momentos del tiempo, hay que tener en cuenta la distorsión que genera la inflación. En 1993 y 2014, el dólar perdió un tercio de su poder de compra, por lo que un salario de 1500 dólares en 2014 es tan competitivo como uno de 1000 dólares en 1993, en relación con los precios de Estados Unidos. De esa manera, si se calculan los costos laborales unitarios en dólares a partir de la misma fuente primaria que utiliza Bour (EIMIndec), y se los corrige por la evolución de la inflación norteamericana, se llega a la conclusión de que a finales de 2014 esos costos se encontraban un 12 por ciento por debajo de los de 2001, y no el 73 por ciento arriba que indica el hombre de FIEL.

Este análisis no desestima la preocupación por los costos laborales de la industria en los últimos años. Al respecto, la mejora de la ecuación de costos no tiene necesariamente que descansar en una abrupta baja del poder de compra de los salarios provocada mediante “un ajuste cambiario de magnitud”. A modo de ejemplo, el elevado costo de los alquileres inmobiliarios presiona sobre el salario al aumentar el gasto de vivienda y al encarecer la canasta de consumo por el impacto de los alquileres comerciales. También encarece los gastos de oficina y el costo de producción de las fábricas deteriorando la competitividad industrial

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