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Domingo, 2 de agosto de 2015

MITOS ECONóMICOS › INFLACIóN, DINERO Y PRODUCCIóN

“Teoría cuantitativa de la moneda”

 Por Andrés Asiain

La escuela ortodoxa señala a la emisión monetaria como la causante del aumento de los precios en cualquier economía y período histórico. La teoría que respalda dicha afirmación se conoce como “cuantitativa de la moneda”, cuyo origen se remonta al siglo V a.C., cuando el filósofo griego, Jenofonte, en su Tratado de Economía Doméstica planteaba que “la cantidad de moneda que en un momento dado existe en una economía explica el nivel de los precios, al existir una relación positiva, es decir, en el mismo sentido, entre las dos variables”, según cita Ortiz Soto en El Dinero de 2001.

Amparados en esa idea, los monetaristas modernos asumen que el nivel de actividad económica es independiente de la política monetaria, al menos en el largo plazo, y que la demanda de dinero es relativamente estable. De esa manera, la emisión de dinero por encima de la demanda que se corresponde con el nivel de actividad deriva en una demanda excesiva de bienes y servicios que al no poder ser abastecida por las empresas, termina impactando en los precios. La prueba empírica que confirmaría la hipótesis monetarista de la inflación es que cuando se observan aumentos en el nivel general de los precios, se registran incrementos en la cantidad de dinero en circulación.

Variadas han sido las críticas a esa teoría. Desde algunos espacios cercanos del pensamiento económico, se le cuestiona que la demanda de dinero sea estable y que, por lo tanto, pueda trazarse con precisión el impacto sobre los precios de una determinada política monetaria (por ejemplo, ante el aumento del dinero en circulación podría incrementarse su demanda, neutralizando su efecto sobre los precios). Desde ámbitos post-keynesianos, se suele señalar que la política monetaria puede afectar el nivel de actividad económica, aún en el largo plazo, ya que la oferta se adapta a la evolución de la demanda utilizando factores productivos desempleados, mejorando la productividad en su utilización, atrayéndolos desde otras economías o complementando el faltante de producción nacional con importaciones.

Entonces, ¿cómo se explicaría que la cantidad de dinero en circulación acompañe a los incrementos de los precios? En primer lugar, ese fenómeno se observa sólo en economías con elevada inflación (o bien, cuando se toman períodos prolongados en economías con baja inflación). Justamente, la falta de una clara correlación entre cantidad de dinero y evolución de los precios en economías con baja inflación, condujo al forzado abandono de las políticas monetarias basadas en agregados monetarios. Como señalara el ex presidente del Banco de Canadá, Charles Bouey: “nosotros no abandonamos a los agregados monetarios, ellos nos abandonaron”, citado por Blinder en Central banking in theory and practice (1999).

En segundo lugar, los aumentos de los precios son los que impulsan incrementos en el dinero en circulación, ya que los actores económicos van a necesitar mayor cantidad de moneda para sostener un mismo el nivel de actividad. A modo de ejemplo y teniendo en cuenta que no sólo el gobierno crea dinero (sino también el sector privado a través de los bancos o el comercio exterior), un empresario requerirá un mayor descubierto de cuenta corriente para poder comprar los mismos insumos a los nuevos precios. De la misma manera, el exportador recibirá un mayor monto de moneda nacional al liquidar la misma cantidad de divisas a un tipo de cambio ajustado al nuevo nivel de precios. Es decir, es la oferta de dinero la que se acomoda a la creciente demanda impulsada por los mayores precios.

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