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Martes, 22 de julio de 2008

TEATRO › ELVIRA ONETTO Y EDUARDO MISCH MONTARON UNA PIEZA DE MARCO CANALE

“El silencio es un arma poderosísima”

Comparten la dirección de La Alambrada, una obra que aborda un tema delicado: el abuso sexual infantil. El poder y el honor familiar atraviesan esta historia en la que cobra importancia todo aquello que no se dice.

 Por Cecilia Hopkins

Nacido en la Argentina pero residente en España, donde se formó como dramaturgo, Marco Canale le confió a la actriz y directora Elvira Onetto el texto de La Alambrada para concretar su montaje. Premiada por la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles), la obra trabaja dos problemáticas paralelas, aunque vinculadas entre sí. Por un lado, las dificultades que presenta la creación de una pieza teatral y, por el otro, el abuso sexual infantil. Así entonces, uno de los integrantes de una familia de prosapia oligárquica somete sexualmente al hijo de un peón con la promesa de introducirlo en el mundo del fútbol. A pesar de que en el entorno familiar del abusador nadie desconoce la situación, todos minimizan o intentan ignorar los hechos. Salvo el sobrino, que decide escribir una pieza teatral contando lo sucedido. Estrenada en el Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556) con la dirección compartida entre Onetto y Eduardo Misch, el elenco está integrado por Silvio Bertero, Marcela Dándrea, Paula Ituriza, Alicia Palmes, David Palo, Cecilia Peluffo, Georgina Rey y el mismo Misch.

Onetto ya conocía otras obras de Canale y le habían interesado “porque es un autor que no hace ‘piruetas dramatúrgicas’ ni tiene obras de carácter recreativo o anecdótico, sino que propone una mirada particular sobre la condición humana”, según argumenta en una entrevista con Página/12, junto a Misch. Ambos directores admiten tener una concepción parecida de lo que les resulta atractivo de ver en teatro. Y una familiaridad de códigos que, según comentan ambos, se reforzó en ocasión de codirigir Largo encuentro, de Eduardo Pavlovsky: “Nos une una ética y una estética, y tenemos un código en común. Por eso fue un alivio compartir las decisiones de la puesta”. Según aclararon, ninguno de los dos tenía intenciones de realizar una obra de denuncia, aunque concuerdan en que, al existir una situación de poder y autoridad detrás de todo abuso, la obra inevitablemente funciona a modo de denuncia. Invitados al Festival de Cádiz el próximo octubre, los directores se declaran felices de haber contado con una producción para realizar la puesta (precisamente el premio consistía en su montaje, además de su publicación) y quedar, de este modo, “por fuera de la maquinaria que plantea la obtención de un subsidio”, hoy una necesidad imperiosa para todo grupo independiente.

–¿Por qué el autor quiso estrenar esta obra en Buenos Aires y no en España?

Elvira Onetto: –Canale quería hacerla aquí porque le sorprende la calidad de los actores argentinos. En España existe otra concepción de la teatralidad: los actores son más exagerados, ponen por delante a los personajes, trabajan mucho con el criterio de estar representando. No creo que siempre haya que ser natural en el teatro, pero es más interesante que las cosas sucedan en la escena, que el actor busque en sí mismo. Otra razón para estrenar aquí es que Canale es argentino y quiere hacerse un lugar en su país.

–¿Hicieron modificaciones en el texto original?

Eduardo Misch: –Sí, las hicimos con la colaboración del propio autor. Las escenas sobre el abuso nos parecían demasiado descriptivas. Tal vez sean del gusto del público español, pero a nosotros nos producía rechazo. Tampoco queríamos que circulara en la obra solamente el tema del abuso. El silencio que guarda la familia es un tema aparte. También lo es el hecho de que el autor quiera llevar a escena su obra de teatro.

E.O.: –A pesar de lo duro del tema, vimos que podíamos hacer con esta obra algo bello. Si no se busca una forma de belleza en el teatro, es mejor sacar una solicitada en un diario o abordar otro género de escritura...

–¿Cómo analizan a los personajes?

E.O.: –La abuela es la matriarca que sostiene a toda la familia con el trabajo de sus campos. Tiene un pensamiento religioso que le hace decir que Dios será quien imparta justicia sobre este asunto, que ella no piensa meterse con nadie. El suyo es un discurso muy hipócrita: con tal de creerse que todo está bien, no dice nada.

E.M.: –El psiquiatra (el hermano del abusador) es quien más lo encubre. El autor lo pone en un lugar de conocimiento y poder.

–El silencio ocupa un lugar importante en la obra...

E.O.: –Sí, el silencio responde menos a la necesidad de ocultar los hechos que a negar que ocurrieron. Creo que esto se vincula con los intereses económicos de todos. El silencio es un arma poderosísima y muy cruel para no hacerse cargo de cosas.

E.M.: –El silencio puede ser tremendo en una familia. Si uno indaga, llega a la conclusión de que el abuso está más cerca de lo que uno cree.

E.O.: –También hay algo importante: la duda surge a partir del silencio, de lo que no se habla. Así algunos se preguntarán: pero esto, ¿ocurrió realmente o me lo imaginé yo?

–¿Cuál es el rol del dramaturgo dentro de la obra?

E.O.: –El autor se juega una carta importante. Porque con la escritura de esa obra busca aclarar los hechos y también hacer una denuncia. Quiere sacarse la culpa que arrastra por no haber hablado de lo ocurrido, aun siendo adulto. Todos le tiran la obra abajo porque no quieren que nada trascienda. Que no se rompa nada de todo lo que la familia tiene armado con relación al campo y la herencia. Como entienden que es necesario mantener el honor familiar, nada debe salir a la luz.

–¿La Alambrada es una obra atípica?

E.M.: –Al teatro lo veo anecdótico y poco situado en lo social. Tengo la sensación de que cada vez más en teatro se cuentan historias de tipo personal, que no hay materiales socio-políticos en las obras.

E.O.: –Aunque yo no estoy viendo demasiado (la actriz está en el elenco de La noche canta sus canciones, bajo la dirección de Daniel Veronese), me parece que hay obras sin demasiados riesgos. Queda poca mística en los grupos y se especula con la elección de las obras y los actores, pensando en la convocatoria del público.

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“Nos une una ética y una estética”, coinciden Misch y Elvira Onetto.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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