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Jueves, 13 de enero de 2011

TEATRO › EL HUMORISTA PRESENTA M, EL IMPOSTOR EN MAR DEL PLATA

El extraño caso Martín Bossi

Tras su salto a la notoriedad por su trabajo en ShowMatch, el actor convoca a un millar de personas por función. “Pero yo no vengo de la televisión”, aclara. “Simplemente la utilicé como lo que es, un medio de comunicación.”

 Por Facundo García

Desde Mar del Plata

“No armé este show porque la haya pegado en la televisión. Si eso no hubiera pasado, igual estaría actuando en cualquier sucucho, como lo hice tantas veces”, provoca Martín Bossi mientras engulle la porción de bizcochuelo que acompaña a su cortado. El hombre está reventando boleterías con M, el Impostor; y en un rato mil personas presenciarán el espectáculo que ofrece en el Teatro Auditorium. Extraño caso, el de Bossi: algunos van a verlo porque lo conocen por sus apariciones en el programa de Marcelo Tinelli, y por la misma razón hay otros que lo evitan. Sin embargo, basta verlo con sus máscaras en acción para comprobar que todavía quedan espacios para aquellos que quieren crecer por prepotencia de trabajo.

Bossi saltó a la fama en 2009, cuando satirizó a Cristina Fernández en ShowMatch. Pero no se quedó en eso. Hoy materializa con ironía y detalles a Freddie Mercury, Charly García, Joaquín Sabina, Mauricio Macri y otras figuras que entretienen a familias enteras. “Y ojo que yo no ‘imito’ en el sentido clásico. Porque una cosa es imitar y otra cosa es ser. ‘Ser o no ser, ésa es la cuestión’, decía el maestro, ¿no? Bueno, yo trato de ‘ser’ por un instante lo que estoy representando”, especifica. De la parafernalia al despojo escénico y del rock and roll a los silencios expresivos, las celebridades se van turnando para ocupar su flacucha humanidad. Al final, aparece un mensaje de agradecimiento: “A todos los artistas que prestan el alma para que podamos celebrar la vida”.

¿El secreto del hechizo? Bossi pone en su mira a los individuos que quiere recrear y los deconstruye puntillosamente. “Lo primero es observar a tu objetivo. Mucho video, mucho mirar. Desglosás su voz y sus gestos. Una vez que ya tenés eso, avanzás por lo de adentro. Si lo conseguiste, vas a completar tu interpretación de lo que es ese tipo”, apunta.

–¿Cuánto tiempo le lleva ese proceso?

–No hay plazos. Mire, hace dos años que me paso diariamente dos horas imitando a Michael Jackson. Cuando lo vea –todavía no lo estoy mostrando–, va a decir “este idiota está reenfermo” ¿Sabe la cantidad de horas-Calamaro que tengo yo? (Suspira). ¿La cantidad de horas-Páez? Ya ni quiero ponerme a pensar.

Y después está el asuntito de su madre, claro. Cuenta que la quiere pero que es brava y que decidió retratarla sobre las tablas porque necesitaba volver a ciertas sensaciones de la infancia. “Es una relación compleja, así que sentí la urgencia de referirme a eso y a otras experiencias personales”, confiesa el cómico. Si uno estudia las reacciones del público, se da cuenta de que no todo es hilaridad en el Universo Bossi. Hay quien se emociona, quien se conmueve. De a ratos, lo suyo se asemeja a la demostración de un médium dándoles vía libre a demonios propios y ajenos.

“Una de las metas que tenemos es no perder el sentido de lo artesanal. Esa es una máxima innegociable”, subraya el enmascarado. Con coreografías ajustadas, banda en vivo, proyecciones y un guión que regula el balance entre lo sentimental y la euforia, su propuesta tiene la nada despreciable capacidad de movilizar a todas las edades. La dirección de Ana Sans, Manuel Wirzt y Diego Tarditi redondean el concepto. “Nada de clima careta: yo armo mis proyectos convocando exclusivamente a amigos”, subraya el frontman.

Y es tan diverso el muestrario sociocultural que ocupa la sala, que cada velada es única. En una de estas noches de enero, Bossi empezó a corretear por el teatro encarnando a Charly García. Se sentó al lado de una jubilada y la apuró con voz de Say No More: “¿Ey, señora, vos sabés quién soy?” La mujer no sabía, pero hacía rato que se estaba destornillando de risa. “Eso es típico. La idea es que por más que no sepas quién carajo es el que se mueve ahí, puedas quererlo y lo recibas desde tu perspectiva”, reflexiona el humorista. Entre la vocación actoral y el oleaje de lo masivo, mantener el equilibrio se vuelve complicado. Hace unos días Bossi participó del desfile “Mar del Plata Moda Show” y hasta se atrevió a desfilar como modelo al mejor estilo Zoolander. “Fue cualquiera –se ataja él–. No me siento identificado para nada con ese mundo. Me gustaría destacar eso: yo no vengo de la tele, ni de Gran Hermano. Vengo de Lomas de Zamora, de un club adonde iba con mis vecinos, y de las escuelas de teatro. Fui ese Mago Omar, que está en todos los barrios. Simplemente utilicé la televisión como lo que es, un medio de comunicación.”

–Usted ganó un Martín Fierro, un premio ACE y un importante galardón al teatro musical, el Hugo. No obstante, da la impresión de que hay quien conserva sus pruritos hacia los que han sido exitosos en la TV...

–¡Es que yo también soy prejuicioso con la tele! Es más, si yo fuera otro y no estuviera al tanto de la energía y el cariño que ponemos en este proyecto, a lo mejor no estaría entre los que sacan su ticket. Fíjese cómo somos...

M, el impostor se presenta en el Teatro Auditorium (Boulevard Marítimo 2280) los jueves, viernes y domingos a las 22. Los sábados la cita es a las 21 y 23.30 (los jueves 20 y 27 de enero las funciones serán en ese horario).

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“Yo también soy prejuicioso de la tele”, reconoce el comediante, famoso por su rol en ShowMatch.
Imagen: Pablo Añeli
 
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