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Domingo, 5 de mayo de 2013

TEATRO › LORENA ROMANIN HABLA DE ESA HORRIBLE SENSACIóN DE NO HABER INTENTADO LO SUFICIENTE

Después de las vueltas que da la vida

La directora de Julieta y Julieta vuelve a abordar el tema de la homosexualidad. “Es terrible y doloroso cuando los nenes no están cómodos con su género desde tan chiquitos. Y es muy tierno contarlo desde lo artístico”, afirma.

 Por María Daniela Yaccar

En la primera escena de Esa horrible sensación de no haber intentado lo suficiente (lunes, a las 21, en Abasto Social Club, Yatay 666), Daniel, un veinteañero homosexual –que aún no asume su identidad–, le relata a su hermana Magui un episodio que vivió en el jardín donde él es docente. En ese jardín hay un nene al que los demás discriminan porque es afeminado. Un día, Daniel se enojó y le dio una lección exagerada al que lideraba las bromas. Lorena Romanin, la directora de esta historia mínima que atraerá seguramente al público juvenil, viene abordando en sus obras el tema de la homosexualidad. En este caso lo toca, pero más de costado que en Julieta y Julieta, una versión del clásico de Shakespeare que estrenó en 2010. Sobre Esa horrible sensación..., la directora explica: “Es una obra sobre vínculos, sobre las cosas que pasan y las que imaginás que pueden pasar, pero no ocurren en las relaciones”.

Ciertas cuestiones se pueden decidir, pero a veces la vida tiene giros que no dan tiempo a reaccionar. El interrogante de la obra es qué pasa luego de esas vueltas. Hay dos personajes más, además de Daniel (Nicolás De-ppetre) y Magui (Lucila Németh): el novio de ella (Santiago Fraccarolli), que sufre un accidente luego de una discusión terrible, y un amigo de Daniel (Rodrigo Barrena), que le despierta atracción y amor. “Es una obra difícil de sintetizar”, reconoce Romanin. “El centro es una relación de pareja que está por terminar. De repente él sufre un accidente y vienen la culpa y los replanteos. Hicimos un proceso de búsqueda con los actores. La historia se fue construyendo a partir de sueños que fuimos teniendo y de cosas que fuimos probando”, explica. El factor autobiográfico fue determinante. Romanin, que está en pareja con la actriz Sofía Wilhelmi, fue mamá hace tres semanas. Antes perdió un bebé, y dice que ese acontecimiento se filtró en la historia.

“La gestación de Esa horrible sensación... estuvo muy atravesada por lo existencialista, lo inesperado, los miedos, las cosas que no pasan, las que sí y las que pueden pasar, los giros de la vida. Cuando quedé embarazada la primera vez, pensaba: ‘No voy a poder seguir ensayando la obra’. Después perdí el embarazo y no sabía de dónde agarrarme. La obra está atravesada por cosas que nos pasaron a los actores y a mí”, define la directora. “A su vez, dialoga con la época. Este momento está signado por el control. Ronda una cosa medio new age de que las cosas pasan por algo. Es una idea nefasta, porque da a entender que las cosas no tienen un proceso.”

–¿Suele trabajar con textos previos o siempre escribe a partir de improvisaciones de los actores?

–En general escribo textos previos. En este caso escribí, pero llegó un momento en que quería encontrar un punto de giro y no lo quería forzar, entonces les planteé a los actores que no sabía cómo seguir la obra. Fue orgánico cómo apareció el material. Trabajo mucho con mi inconsciente, con mis sueños. Y apareció mucho de los chicos, a quienes conozco bastante. La obra no es autorreferencial, pero aparecen cosas de nuestras relaciones. Por eso toma una profundidad. Es chiquita, poco pretensiosa, cuenta una historia que es como un momento, un fragmento.

–¿Toma prestados aspectos del lenguaje televisivo? La obra es una historia mínima, ágil, de lenguaje coloquial y casi en tiempo real, y parece dirigirse a un público específico, el joven.

–Me cuesta pensar en el target de la obra, aunque es cierto que el público que más se acerca es de la generación de los actores y de la mía. Pero no soy tan joven: tengo casi 40. ¡Tengo que asumirlo! En cuanto al lenguaje televisivo, coincido. Si bien la obra plantea momentos bien poéticos, es muy coloquial. Y se acerca al lenguaje televisivo por lo natural de la actuación, la escasez de elipsis y el hecho de que se siente cerca y se entiende fácil.

–¿Toma como una militancia el hecho de hablar de la homosexualidad en sus obras?

–No, porque no quiero bajar línea. Me gusta hablar de eso y que la gente lo pueda pensar a partir de un espectáculo y desde un lugar más sensible, que pueda sentir empatía. Obviamente tengo mi postura tomada y si el otro no es integrador me parece mal. No obstante, el público de teatro tiene un camino recorrido: no está compuesto por gente que se toma a mal que el otro sea diferente. A la gente que piensa así no tengo llegada. Plan V (serie que creó y protagonizó con Wilhelmi y que se vio por Internet) tenía mucho público queer, pero al ser por Internet y tan viral tenía mucha más llegada. En cuanto a mis obras, Julieta y Julieta era más pedagógica. En Esa horrible sensación... hay un planteo más de género. Es terrible y doloroso cuando los nenes no están cómodos con su género desde tan chiquitos. Y es muy tierno contarlo desde lo artístico.

–¿Cómo vive esta época de conquista de derechos para los homosexuales?

–Es muy importante lo que está ocurriendo, especialmente para los nenes. Sin embargo, la sociedad no está preparada para lo que está pasando. Es decir, la ley está adelantada. Con Sofía hicimos un curso de preparto y nos sentimos excluidas. Hay un discurso muy heterodoxo en esos espacios. ¡La gente tiene que entender que hay otras situaciones que no son las de “papi y mami”! No me refiero sólo a la nuestra: las madres solteras, por ejemplo, son de la prehistoria... Cuando nos casamos, el chabón del registro civil nos preguntaba: “¿Y el novio? ¿Dónde está?”. Y cuando estaba embarazada, en el colectivo me preguntaban por mi marido. Obviamente no le aclaro a cualquier señora que no tengo marido. Pero cuando Lena, mi hija, tenga dos años, lo voy a tener que hacer: quiero que ella vea que me hago cargo.

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“Si bien la obra plantea momentos bien poéticos, es muy coloquial”, admite Romanin.
 
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