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Martes, 7 de julio de 2015

TEATRO › RAQUEL ALBENIZ PRESENTA SU OBRA LAIKA Y EL HOMBRE ACTUANTE

“La mujer es una buscadora de vida”

Actriz, directora y dramaturga, Albeniz presenta en su nueva pieza a dos mujeres jóvenes del año 2300 que reconstruyen el clima de época de 1950 para recibir al último de los hombres que ha quedado con vida y así evitar que la humanidad se extinga.

 Por Cecilia Hopkins

Nacida y criada en Coronel Pringles, en la provincia de Buenos Aires, la actriz, directora y dramaturga Raquel Albeniz se acercó al teatro, según dice, no por vocación sino por consejo de una vecina. Así, comenzó a formarse como actriz en el Teatro del Centro y, lo que parecía un interés pasajero, se mantuvo al punto de permanecer quince años en el grupo. Ya después tuvo oportunidades de actuar en cine y en televisión pero el teatro independiente fue y sigue siendo una constante. Su incursión en la dramaturgia es muy reciente: hace apenas cinco años que comenzó a frecuentar los talleres de Patricia Zangaro y ya tiene escrita una gran cantidad de material. Una de sus piezas, El perro de Artola, fue merecedora del premio internacional La escritura de las diferencias. Muchas de sus obras, según cuenta en una entrevista con este diario, se refieren al ambiente rural de su niñez y su adolescencia: “Me meto con el lenguaje del campo, con sus animales y su ambiente de patriarcado”, afirma. Albeniz asegura que en la dramaturgia descubrió un mundo en el que fluye con facilidad y en el que pone el cuerpo, literalmente. Lo dice valorizando su experiencia como actriz en el trance de perfilar personajes y entramados de acciones.

De su producción recientemente subió a escena Laika y el hombre actuante, en No Avestruz (Humboldt 1857), con dirección de Alejo Sambón y singular actuación de Analía Sánchez y María Forni. Por otra parte, en el rol de directora espera estrenar a principios de agosto Querido San Antonio, obra de Patricia Suárez. Ambos textos se encuentran temáticamente entrelazados aunque su estética no tenga nada en común. Si en la obra de Suárez un grupo de mujeres en los años ’20 le rezan al santo para que no las deje sin hombres, en Laika... dos mujeres jóvenes que viven en el año 2300 reconstruyen el clima de época de los ’50 para recibir al último de los hombres que ha quedado con vida y así conseguir que la humanidad no se extinga. No obstante la urgencia, ambas ponen especial cuidado en buscar la manera de que el hombre cambie su forma de relacionarse con su compañera de especie. Esta comedia retrofuturista plantea la existencia de un mundo femenino que fue perdiendo el contacto con los hombres y que se propone aprovechar la última oportunidad para volver a formar una pareja humana, en igualdad de derechos y obligaciones.

Las actrices y el director ya habían comenzado a pergeñar el asunto a tratar cuando convocaron a Albeniz para que ordenara y reorientara la investigación que venían realizando, basada en un manual de buenas costumbres de los años ’50. “Este fue, para mí, un proceso diferente a todos los demás –advierte la autora–, porque la escritura fue apareciendo a partir de la corporalidad de las actrices.”

–¿Qué sucede con los hombres en ese paisaje del futuro?

–El hombre se había ido entristeciendo y retirándose. Distraídas con la tecnología, las mujeres no tuvieron en cuenta que ocurriría la pérdida del contacto entre los dos géneros. En Laika... Doris y Marilyn se preparan para recibir al hombre nuevamente. Y para aggiornarlo en la necesidad de que entienda que tienen que ser pares.

–¿Por qué eligieron la década de 1950?

–Porque es un momento de máxima expresión de machismo. Es el epílogo de la Segunda Guerra, cuando muchas mujeres abandonan los trabajos que habían generado y vuelven a casa, a las tareas del hogar.

–¿Por qué es la mujer la que busca al hombre y no al revés?

–Hace un tiempo estuve en Madrid y mientras veía el Guernica de Picasso escuchaba una visita guiada. Explicaban que en un rincón del cuadro hay un homenaje a las mujeres, porque fueron ellas las que removían escombros para buscar sobrevivientes. La mujer es una buscadora de vida, lo mismo pasa en la obra.

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“La escritura fue apareciendo a partir de la corporalidad de las actrices”, dice Albeniz.
Imagen: Bernardino Avila
 
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