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Jueves, 12 de octubre de 2006

TEATRO › EL RECITAL A CARGO DE ELENA TASISTO Y ALFREDO ALCON

Henrik Ibsen, una puesta que es mucho más que teatro

Los textos del dramaturgo noruego forman la columna de una obra que, por momentos, funde la biografía con los personajes.

 Por Hilda Cabrera

Unas lámparas de brazo articulado dispuestas sobre la mesa de lectura impresionan como germinaciones metálicas, pero esa invasión parece no afectar a Elena Tasisto y Alfredo Alcón, quienes sentados ante esa misma mesa, o adelantándose o rodeándola, animan con admirable sencillez e intensidad los textos aquí reunidos. El recital promete ser una síntesis del pensamiento del dramaturgo noruego y comienza por el ocaso de su vida: “Ibsen sostiene una pluma olvidada entre sus dedos. Mira por la ventana”, describe Alcón. “Apenas se lo percibe respirar. Al fin deja la pluma y se levanta despacio, ayudándose con un bastón. Rodea el escritorio y se para junto a la ventana. Afuera cae el sol”. El director Alejandro Tantanian y Nicolás Schuff, responsables de la dramaturgia, hallaron inspiración en los textos del creador de Casa de muñecas y de otros autores. Se atrevieron incluso a la libre traslación de las imágenes que el realizador sueco Ingmar Bergman plasmó en una de las inolvidables secuencias de Cuando huye el día, película de 1959 que incursiona en la memoria y el tiempo, y muestra a su protagonista soñando el viaje de su muerte. Asociaciones que inquietan y no extrañan, pues Bergman supo acercarse al universo de Ibsen en películas y célebres montajes teatrales, como el de Hedda Gabler, en el londinense British National Theatre.

Registrar aquellas posibles actitudes finales del dramaturgo supone en este caso armar un espectáculo circular (espectáculo y no modesto teatro leído, como se anuncia) e imaginar el estado anímico de un creador ante la certeza de que guarda palabras que nunca serán dichas ni leídas. Recital Ibsen registra esa perplejidad en secuencias que invitan a adherir a lo expresado por el poeta ruso Evgueni Evtuchenko en una visita a la Argentina, cuando promediaba la década del 80: que los verdaderos recitales crean oyentes, lectores y correligionarios.

En este montaje –elaborado en recuerdo de los cien años de la muerte de Ibsen–, la biografía se funde por momentos con los personajes, como si éstos fueran bastante más que prolongaciones de las fantasías del autor. La certeza de que se abandona la vida y la sospecha del fracaso alimenta la soledad última del que piensa y sabe que para algunos conflictos no existe solución. ¿Acaso no descubre algo de esto el médico Stockmann en Un enemigo del pueblo? Un fragmento de esta obra de 1882 –incorporado a este recital– pone en primer plano aspectos que preocuparon a Ibsen. Las reflexiones que allí se formulan dan cuenta de la corrupción y el servilismo de los que viven sólo para acrecentar sus beneficios: individuos que “piensan y opinan lo que piensan y opinan sus superiores”. La mentira que corrompe –y que por esas contradicciones del humano se cree necesaria–, el amor que existe pero se pierde y la convivencia que es generosidad o se convierte en lastre son temas centrales en esta puesta, donde la delicadeza confronta con la dureza de algunos diálogos extraídos de Cuando los muertos despertemos o Casa de muñecas.

En el universo de Ibsen, tomar conciencia implica descubrir las “fuerzas destructoras” que profundizan aún más los antagonismos. De los textos que aquí se repasan se infieren relaciones que abren interrogantes. Los personajes son decididamente contradictorios, pero en este montaje no se los enjuicia, aun cuando el apasionamiento que transparentan algunos discursos predispongan a un alineamiento.

Prevalecen la concisión y el placer por mostrar seres tironeados por el sueño y la vigilia, la búsqueda de la verdad o la soberbia, la idea del deber ser o la práctica del engaño, que aquí –se sospecha– sirve a los débiles. La forma dada a este trabajo permite eludir el orden cronológico y elaborar a partir de un dato intemporal escenas que completan el retrato de Ibsen desde diferentes ángulos, y sin desechar las oposiciones ni las zonas más iluminadas o en sombras de la personalidad del autor. Los episodios son enlazados aquí de modo diverso: a través de los silencios y las miradas que por momentos se prodigan los intérpretes; de esos raros “movimientos del alma” que transparentan Alcón y Tasisto, y traducen desde otro plano los fragmentos musicales seleccionados por Tantanian: una melodía elegíaca de Edvard Grieg y un lied de Robert Schumann.

8-RECITAL IBSEN

Teatro leído

(Fragmentos, cartas, misceláneas)

Dramaturgia: Alejandro Tantanian y Nicolás Schuff.

Intérpretes: Elena Tasisto y Alfredo Alcón.

Escenografía, vestuario e iluminación: Oria Puppo .

Diseño sonoro: Iván Grigoriev.

Musicalización y dirección: Alejandro Tantanian.

Lugar: Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.

Funciones: martes a las 21, sábados y domingos a las 17.30. Despedida: 22 de octubre.

Entradas: 15 pesos (0800-333-5254).

Duración: 60 minutos Auspicio de la Embajada de Noruega.

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Alcón y Tasisto les dan especial fuerza a varios temas centrales en la obra de Ibsen.
 
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