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Sábado, 17 de septiembre de 2005

TEATRO › DECLAN DONNELLAN Y OTRA “NOCHE DE REYES”

Clasicismo a la rusa

La versión que el inglés presenta en el Festival Internacional está protagonizada por actores rusos que asumen todos los roles: “Es una obra con muchas ironías sobre la identidad sexual”.

 Por Cecilia Hopkins

De la programación del Festival Internacional de Buenos Aires, el estreno de Noche de reyes, de William Shakespeare, bajo la conducción del británico Declan Donnellan, era uno de los acontecimientos más esperados. Gran parte de la expectativa se debía al recuerdo que dejó su puesta de Medida por medida –también del autor isabelino–, presentada en Buenos Aires diez años atrás, si bien en aquella oportunidad la interpretación corría por cuenta de los ingleses de su compañía Cheek by jowl, giro traducible por la expresión “codo a codo”. En esta oportunidad, en cambio, un grupo de actores rusos (todos hombres) se harán cargo de las historias de amor cruzado que plantea la pieza, en la cual aparece el recurso de la identidad sexual encubierta para ganar tiempo y planificar mejor los pasos a seguir y alcanzar así el objetivo deseado. Shakespeare escribió la obra para ser representada en el palacio real, ante la reina Isabel, la noche de reyes de 1600. La pieza conforma una trilogía de tema romántico junto a Mucho ruido y pocas nueces y Como gustéis.
Donnellan, quien reside largos períodos en Rusia, que considera “su hogar espiritual”, es un renovador de la dramaturgia clásica europea desde que, en 1981, se dio a conocer al frente de la compañía que fundó junto al escenógrafo y vestuarista Nick Ormerod. Tras 17 años de trabajo, desde hace algo más de un lustro ambos artistas decidieron disolver por un tiempo la agrupación, hoy nuevamente en actividad. De este modo, el director logró diversificar sus tareas creativas: además de la compañía rusa, fundó un espacio de perfeccionamiento para la Royal Shakespeare Company, dirigió una ópera en Salzburgo y un ballet para el Bolshoi. Hijo de padres irlandeses, Donnellan se había recibido de abogado cuando descubrió el teatro: “Este arte me dio paz, lo más grande que puede pasarle a una persona es ponerse en contacto con su creatividad”, dijo alguna vez. Sus puestas recorrieron más de cuarenta países en los cinco continentes. “El texto sólo es una pequeña parte del buen teatro”, dice Donnellan cuando se le pregunta acerca de las dificultades que encuentra para acercar sus puestas a un público tan disímil. “El público ríe o calla en los mismos momentos, en Dublín o en Katmandú”, observó el director, quien recibe constantes invitaciones para realizar puestas en todo el mundo. En cuanto a la tarea de conducir intérpretes de distintas nacionalidades, afirma: “¿Son los actores británicos especialmente buenos con el texto? Sí, pero también pueden ser tremendamente físicos: una buena actuación es un gran regalo, pero una mala actuación no conoce nacionalidades”.
“En Inglaterra, los actores van y vienen de un proyecto a otro, en cambio en Rusia, una vez que están formados, los actores entran a una compañía y mueren en ella”, detalló Donnellan un día antes de su estreno en el San Martín. Después de la exitosa puesta de Un cuento de invierno, de Shakespeare, en el Teatro Maly de San Petersburgo, el director fue invitado a conformar su propio grupo: “Fue una oportunidad muy interesante que no fue planificada, como las mejores cosas de la vida”, resumió. Cuando se le preguntó acerca de las razones por las que en esta Noche de reyes los roles están interpretados por hombres, el director declaró que “ésta es una obra con muchas ironías acerca de la identidad sexual”. Sin embargo, Donnellan sostiene que no diseña un plan de acción al trabajar sus puestas: “No comienzo con una idea de director, todo surge en los ensayos, nunca tengo un concepto previo de los personajes”. La propuesta de travestir a los actores, de todos modos, ya estaba presente en el teatro de Shakespeare, aunque este artista parece tomar con pinzas las conclusiones realizadas por los estudiosos de la escena inglesa de la época: “No sabría decir cómo era el teatro isabelino”, afirmó. “Sabemos muy poco, hoy sólo tenemos palabras escritas y podemos hacer deducciones (sabemos dónde actuaba Shakespeare, que disponía de grupos de unos 14actores, que tal vez fueran muchachos jóvenes quienes hacían los papeles femeninos) pero no sabemos nada a ciencia cierta”, concluyó.
“No hacemos una obra clásica porque es un texto del pasado”, aclaró Donnellan respecto de las posibles conexiones que encuentra entre el material que elige y la actualidad, “sino que la hacemos porque tiene un punto de vista que nos interesa, porque habla de nosotros: son palabras fantásticas, pero lo son en tanto se refieren a nuestro mundo. Shakespeare es un grande porque examina el amor desde distintos puntos de vista. En sus obras, el amor puede asustar, ser cruel o fuente de gozo. Y esto nos habla a todos, a no ser que por quedarnos detrás de una pantalla dejemos de vincularnos unos con otros”. En cuanto a esta puesta estrenada en Rusia en 2003, el director adelantó que la acción no está ambientada a fines del S.XVI, cuando fue concebida la obra, sino que muestra “un mundo moderno reconocible y, si bien hay una mezcla de elementos, hay algunos que se refieren a la nueva Rusia, como el joven que logra ascender socialmente”. También presente en la entrevista, el diseñador Ormerod precisó que él, como el director, basa su concepción visual de la puesta a partir del trabajo con los actores, de modo que recién después de dos semanas de ensayo toma alguna decisión vinculada al espacio escénico o al vestuario.
Donnellan recordó que antes de septiembre de 2001, mientras se encontraban en Nueva York preparando la puesta en escena de En casa/en Kabul, de Tony Kushner, no lograban encontrar imágenes de Afganistán en ninguna parte y que, apenas ocurrió el atentado a las Torres, el material que buscaban inundó la web. “Ensayábamos a pocas cuadras del lugar y nos llegaba el olor al acero quemado, que perduró por mucho tiempo.” En relación al estrecho trabajo que desarrolla junto al diseñador Ormerod, Donnellan subraya que se trata de una característica que desde el comienzo distinguió a las producciones de Cheek by jowl. Precisamente, la conjunción director-diseñador-actor será el eje del seminario que ofrecerá este fin de semana con el auspicio del British Council, en colaboración con el festival, en el cual reunirá a un grupo de directores de escena de Latinoamérica. En esta experiencia trabajará sobre los temas que proyecta desarrollar en la escuela que abrirá en Londres en 2006. Ante tantos planes, giras y puestas, se impone la pregunta: ¿cómo es que un abogado pudo desarrollar semejante carrera teatral?. “La pregunta tendría que ser ¿cómo es que yo me hice abogado?”, contestó Donnellan. “Pero fue una locura que me duró apenas tres años.”

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Donnellan pasa buena parte del año en Rusia.
 
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