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Miércoles, 28 de julio de 2010

CHICOS › LA RECETA MUSICAL DE GERTRUDIS Y 5 ENCANTANDO

La complicidad con niños y adultos

En los shows de Gertrudis puede verse a chicos y no tan chicos bailando al ritmo del rock, el jazz o la bossa. En Tarde de ronda, los 5 EnCantando recuperan poesías y canciones que ya sedujeron a más de una generación. En ambos casos hubo un trabajo previo en la docencia.

 Por Sebastián Ackerman

A pesar de ser ya “grandes”, sobre el escenario se divierten como chicas; bailan, cantan y juegan como si el tiempo no hubiera pasado para ellas. Es que ésa es la clave para hacer lo que hacen: lo que muestran es lo que a ellas les gusta y divierte hacer. Por eso Gertrudis y 5 EnCantando vuelven a presentarse para los más bajitos con espectáculos en los que, de diferentes maneras, recorren un amplio espectro de ritmos, con variados instrumentos y diversas temáticas. Y Gertrudis coincide con Pamela Fuertes (cantante y tecladista del quinteto) en que “si le gusta al padre, lleva al chico. Y si le gusta al chico, el padre vuelve. El adulto se siente más feliz que el niño si el chico es feliz”. Entonces la apuesta es llegarles a los chicos, sin descuidar la calidad del producto artístico, “a través de un lenguaje que les es familiar. No hay tanta diferencia entre música para chicos y música para adultos; el adulto disfruta de la música para chicos y los chicos disfrutan la de grandes”, comparan tratando de acercar esos mundos que en sus plateas se dividen casi por igual.

En los shows de Gertudis siempre puede verse a los chicos y no tan chicos bailar al ritmo del rock, jazz, country o bossa, acompañando a Perrovaca. “Ya es más conocido que yo”, se resigna divertida, mientras promete que lo que se encuentra sobre el escenario es una banda de rock, que en este ciclo presenta todos sus éxitos y temas de su próximo disco/libro. “Tengo como una cosa de niña, soy una más. Es la verdad. El alivio de haber dejado de laburar específicamente para adultos es que me puedo comportar como una niña sin pedir permiso”, confiesa, y lo justifica: “Disfruto mucho de tirarme en el escenario, de reírme, de cantar. Los chicos y los papás se sorprenden porque ven un montón de gente en el escenario que parecen chicos, y somos como sus cómplices. Por supuesto, cada tanto me acuerdo de que pasé la barrera de los quince años, pero también cuando me duele algo digo ‘¡Quiero a mi mamá!’”, cuenta. “Me divierte mucho ser chica, que el mundo me siga asombrando, colgarme mirando un dibujito. ¡Si mis hijos son más educados que yo! A veces me dicen: ‘¡Pará mamá! ¡Te están mirando! (risas). Uno se enferma menos si se ríe más, si se puede reír libremente de uno mismo”, arriesga.

En Tarde de ronda, los 5 EnCantando recuperan las poesías y canciones que vienen traspasando generaciones y las continúan con nuevas versiones que prosiguen o empalman las distintas historias de aquellas viejas rondas. “No es una obra de teatro con argumento”, aclara Fuertes. “Es un vaivén entre las rondas tradicionales que nos llegaron de boca en boca, como ‘La farolera’, ‘Déjenla sola’, ‘El cucú’, y este vaivén nos trae hermanas más jovencitas de estas rondas, poesías compuestas en base a aquellas que musicalizamos. Hay un ida y vuelta entre las historias antiguas y las nuevas, con diferentes tipos de arreglos musicales latinoamericanos”, señala. La Farolera peina a Mambrú, que peina al peluquero, que va a ver qué hace la vieja en la cueva. “Hay un hilado de personajes que tienen que ver con los cuentos que nos vienen cantando desde generaciones, ¡que yo les canto a mis hijos!”, detalla, y destaca que “no es lo común ver a los músicos para los más chiquitos, que por ahí tienen el CD del programa que ven en la tele. Pero me parece que está bueno ver y escuchar música en vivo. Es otro el ámbito, lo ven a uno haciendo. Y eso les hace sentir la música a los chicos como algo más cercano”, apuesta.

Fuertes y Gertrudis llegaron a la música “para chicos” a través de su trabajo como docentes, que les abrió las puertas del mundo infantil. Fuertes analiza que “de hecho, conocí a mis compañeros de 5 EnCantando en el Conservatorio”, y que lo que más la atrajo de hacer esto fue “el juego, porque se empieza como un juego todo esto. Es el disfrute espontáneo: cualquier chico al que le cantás una canción o le ponés música se pone a bailar o a aplaudir. Lo tiene como incorporado. Entonces, empezar a tirar de la punta del hilo fue lo que a mí me llamó para trabajar para chicos”, afirma. Por eso, dice, le gusta tanto cantar, porque es “darle un marco actuado a una poesía que uno la ve en el papel; y cantarla es transmitirla de otra manera”, remarca. Gertrudis hacía talleres para chicos “con un enfoque lúdico: construíamos ideófonos, instrumentos armados con cosas. Y una profesora de yoga que tenía me dijo: ‘¿Por qué no grabás?’ Y fue como una explosión: empecé a componer y se me salían las canciones”, cuenta. Gertrudis explica cómo fue el nacimiento de Perrovaca: “Resultó casual, para parar la olla. Así de corta. Cuando grabé Canciones para soñar tenía mi casa literalmente llena de discos que había que vender, y la idea de poner al Perrovaca en la tapa fue para agregar algo, igual que hacer las remeras, y salimos con el ténder de mi casa y una sábana a vender a la calle”.

Ambas recuerdan sus vacaciones de invierno, cuando eran chicas, con mucho cariño, y un poco –conceden– extrañan esos tiempos en los que dejaban las aulas por un mundo de tiempo libre. “¡De esto no existía nada cuando yo era chica!”, compara Fuertes, y ríe. “De las dos semanas de vacaciones de invierno, una la pasaba en lo de mi abuela, que vivía con mis primos. Y mucho aire libre: plaza, parque, patineta... era distinto de lo que es ahora, porque nos juntábamos en la calle a jugar a las muñecas, a la maestra. Tengo una hija de doce años, ¡y jamás la vi jugar a la maestra!”. Gertrudis puntualiza una anécdota: su primer contacto con Pipo Pescador. “Cuando tenía cuatro años era muy hinchapelotas. Iba a un coro, y mi mamá quería llevarme al programa de Pipo Pescador a cantar. Yo lo amaba; hablar de él es recordar cómo pintaba atrás de un vidrio un barquito con témpera. Entonces, mi mamá me empujaba para ir a cantar, hasta que una vez Pipo me agarró, me besó y me llevó con él. Ahí me agarró pánico escénico, me puse a llorar, todo mal”, admite. Pero es una espina que no le duele, ya que “hace poco se lo conté a Pipo, y le dije que en un punto, yo soy lo que soy por haberlo visto a él. ¡Es un grosso!”, concluye.

* Gertrudis está sábado y domingo a las 15 en el Auditorio Cendas, Bulnes 1350 (reservas al 15 4538-0480), y Tarde de ronda se presenta hasta el sábado a las 16 en el Auditorio de Pilar, Vicente López 1999.

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“Me puedo comportar como una niña sin pedir permiso”, confiesa Gertrudis.
 
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