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Sábado, 12 de diciembre de 2009

DANZA › IñAKI URLEZAGA PRESENTA SU VERSIóN PARA BALLET DE LA TRAVIATA

Amor platónico y desesperado

Al frente de su Ballet Concierto, el bailarín mostrará hoy y mañana, en el Coliseo, la adaptación que realizó junto a Luis Gorelik. El proceso les llevó tres años porque “la ópera no tiene la misma dinámica escénica del ballet”, asegura.

 Por Alina Mazzaferro

El escenario del teatro Coliseo está cubierto por una docena de trajes de época que exhiben orgullosos sus tules, sus brocatos y bordados. Mientras tanto, Iñaki Urlezaga posa en el proscenio para las fotografías de Página/12 con una sonrisa, porque finalmente estrenará en Buenos Aires, junto a su Ballet Concierto, una obra completa coreografiada por él mismo, para la cual ha trabajado durante tres años. Es La traviata, una adaptación para ballet de la famosa ópera de Giuseppe Verdi, que podrá verse hoy y mañana, a las 20, en el recinto de Marcelo T. de Alvear 1125. La versión de Urlezaga promete un despliegue semejante al de la obra original y, a modo de yapa, se podrá disfrutar de un exquisito vestuario, cuyas exclusivas ciento cincuenta piezas han sido confeccionadas por dos diseñadoras del mundo de la moda: Verónica de la Canal y Iaia Cano.

La traviata es de esas obras bien decimonónicas que fascinan a Iñaki, en las que el amor es tan desesperado como platónico, en las que las protagonistas son seres angelicales aunque el destino las haya hecho llevar vidas libertinas, en las que los enamorados se ven separados por un cúmulo de engaños aunque, al final, todo se resuelve a favor del amor. Incluso a pesar de que –como sucedía en las historias folletinescas del siglo XIX del tipo Los misterios de París– ella siempre muriera en la última escena, porque la pasión de los amantes nunca debía llegar a ser carnal, especialmente si ella cargaba con un pasado oscuro. La traviata de Urlezaga ya tuvo su preestreno en el Teatro Provincial de Salta a mediados de noviembre, pues es la Orquesta Sinfónica de esa provincia la que acompaña al cuerpo de baile y su director, Luis Gorelik, quien realizó los arreglos musicales para esta versión danzada. Para una producción semejante, que promete grandilocuencia, Iñaki completó el equipo con el escenógrafo Daniel Feijóo y debió ampliar el cuerpo de baile del Ballet Concierto. Esta vez habrá treinta bailarines en escena –Eliana Figueroa será la pareja de Iñaki– y, sumando a los músicos y figurantes, el número de artistas involucrados asciende a ciento cincuenta. “Argentina no tiene una gran producción nacional de este tipo de obras, acá ya no existen los ballets románticos –dispara Iñaki–. Nada de esto está probado, montar algo así de forma independiente es un riesgo que estamos corriendo.”

–¿Cómo es el proceso de convertir una ópera en ballet?

–Es largo, arduo y complejo. Me llevó tres años definir junto a Luis Gorelik cómo íbamos a manejar lo musical, que fue lo más difícil de hacer. Había que adaptar muchas cosas, porque la ópera no tiene la misma dinámica escénica del ballet. Gorelik se dedicó a despojar la obra de las partes cantadas y yo trabajé con él la composición musical. No extraño la voz de la ópera, porque es tan poderosa la melodía que, componiendo la parte vocal de manera instrumental, nada se pierde. Pero la mayor dificultad fue que las arias de La traviata son muy largas, algunas no concluyen y muchas son reiterativas. Se repiten porque la melodía no cambia, pero el texto sí. Al sacar el texto hubo que acortar muchas partes.

–¿Buscó recrear la grandilocuencia de la ópera con el cuerpo de baile?

–Lo lindo que tiene la puesta que hicimos es lo mismo que enamora en la obra original: dos escenas de grandes fiestas con mucho despliegue, mucha gente en escena, el mundo del champagne, el juego, la frivolidad, los excesos, todo un momento histórico de opulencia. Y después hay dos escenas de gran intimidad, que aquí son más íntimas aún porque quitamos algunos personajes secundarios.

–¿Por qué eligió a dos diseñadoras de moda como vestuaristas?

–Cano confeccionó los trajes masculinos y De la Canal diseñó todo el vestuario. Sabía lo que buscaba y sabía que De la Canal iba a captar el espíritu de la obra, es una mujer que sabe trabajar la corsetería artesanal, es muy barroca y para mí esta obra debe ser así.

–La ópera y los ballets decimonónicos requieren un gran despliegue escenográfico, del tipo que acostumbra montar sólo el Colón. ¿Cómo hace una compañía independiente para lograr algo semejante?

–Es muy complejo el tema del dinero. Implica una gran inversión económica, especialmente esta obra, porque originalmente es una ópera y los trajes son diferentes y más costosos que los del ballet. Tenemos cuatro cuadros, todos con escenografías distintas. Un escenógrafo del Colón hizo los diseños, que son enormes. A esto se le suma la confección artesanal de todos los accesorios y de la bijouterie. Todo se costea con la venta de entradas, acá no hay auspiciantes ni subsidios. La compañía se sostiene con su público. Es muy difícil. Después de esto tengo otros estrenos y me encantaría parar un poco porque estoy muy cansado, pero tengo que seguir trabajando.

–¿Está cansado de bailar? ¿Tiene planes para retirarse en unos años, por ejemplo a los 40, como lo hizo Julio Bocca?

–No. No me pongo una fecha límite para bailar. Si no sé lo que voy a hacer el 31 de diciembre, menos de acá a ocho años. No me gusta planear con tanta anticipación. Ahora estoy disfrutando de los años que me quedan sobre el escenario, porque tengo 33 y eso es mucho para un bailarín. Me agoto mucho, cansa tener tantas responsabilidades, pero esta carrera también es muy grata cuando te va bien. En realidad, lo que más me cansa es viajar a cada rato de Holanda a Argentina y viceversa.

–¿Está pensando dejar el Dutch National Ballet?

–No, porque allí estoy cómodo, tengo libertad para ir y venir y darle a mi carrera el rumbo que quiera. Pero es verdad que tengo ganas de estar más tiempo acá y tranquilizarme un poco.

–¿Actuará junto al Ballet Concierto en la costa argentina durante el verano como otros años?

–Sí. Arrancamos el día 9 de enero en Mar del Plata. No llevamos La traviata porque es muy complejo el armado del escenario, no hay ningún teatro de la costa en el que se pueda montar esto, que es realmente grande. Pero iremos con un programa mixto de obras más pequeñas.

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Urlezaga dice estar cansado de viajar tanto, pero ni siquiera piensa en cuándo dejará de bailar.
Imagen: Carolina Camps
 
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