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Domingo, 4 de marzo de 2012

DANZA › LUCIANA VAINER Y LAS IDEAS DETRAS DE CARNAVAILAR

Una despedida para la fiesta de Momo

Al frente de la agrupación La Carnavalera, la productora artística presentará hoy un espectáculo de música en vivo, danza y teatro que buscará desatar en el patio de Ciudad Cultural Konex un gran baile popular.

 Por Carlos Bevilacqua

“Lo nuestro no es una murga sino un espacio de prueba y desarrollo para la murga”, dice Vainer.
Imagen: Dafne Gentinetta.

“Es un baile de Carnaval”, dice ella, sintética, al comienzo de la charla. “Desde el escenario, una orquesta va a ir interpretando canciones clásicas de la murga porteña, esas que sabemos todos, al menos en sus melodías. A su vez, la orquesta se va a ver interrumpida periódicamente por algunas escenas teatrales prototípicas del barrio”, amplía después. Modesta, no lo vende como podría. Porque si bien la estructura formal de Carnavailar no es tan llamativa, incluye condimentos originales y algunas cargas simbólicas especialmente emotivas para cualquier porteño de ley. La interlocutora es Luciana Vainer, una productora artística de corazón murguero que coordina las acciones del show que se estrenará hoy a las 20 en el patio de Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131).

Al hablar de un baile, Vainer se refiere no sólo a lo que representarán los veinticuatro artistas del elenco, sino también a lo que espera despertar en el público. “Vamos a tener lo que se puede escuchar en todo corso: presentación, crítica, homenaje y retirada. Pero además seleccionamos temas especialmente bailables, no sólo para los murgueros, sino para cualquiera que tenga ganas de bailar, ya sea de manera individual, en grupos o en pareja. Y como el público no va a tener donde sentarse, seguramente va a estar más proclive al baile”, adelanta sobre un show que no se suspende por lluvia, porque cuenta con un plan B en una de las salas del enorme predio del Abasto. La música será generada en vivo por una guitarra, un violín, un acordeón, voces y tres bombos con platillo a cargo de Los Amigos de lo Ajeno, algo así como una orquesta de Carnaval. “Le pusimos ese nombre porque va a interpretar canciones históricas de diferentes murgas, temas que sentimos que ya son un poco de todos, entonces terminamos usando un material que es al mismo tiempo ajeno y nuestro”, explica.

Aunque fundamental, la música no será el único acicate para la participación popular. Como ocurría en los carnavales de antaño, habrá premios para los mejores disfraces y para los bailarines más duchos. Por otro lado, un Cupido novelesco irá recolectando mensajes de amor entre los espectadores en una especie de Facebook presencial que promete reeditar el “te conozco, mascarita” en versión 2012. “Queremos jugar con el espíritu carnavalesco de encuentro, así que les vamos a dar una mano a los tímidos que tengan voluntad de enamorarse”, explica la entrevistada, en el lugar de los (programados) hechos. Mientras habla, alguien deposita a su lado una caja llena de lamparitas de colores para el ensayo general. La imagen remeda un arco iris revuelto, metáfora en miniatura del que ofrecerán los trajes de los artistas reunidos por Vainer en La Carnavalera, la agrupación que lleva adelante la puesta. “Cada uno de los músicos y bailarines actuará con la indumentaria de las diferentes murgas a las que pertenecen, porque lo nuestro no es una murga, sino un espacio de prueba y desarrollo para la murga”, aclara respecto de quienes, tras esta única función en el Konex, tienen previsto repetir la experiencia en otros espacios sin butacas a lo largo del año.

Ella misma, a pesar de vivir de otro empleo y ser madre, se hace tiempo para seguir integrando Los Quitapenas, la primera murga surgida del taller de Coco Romero en el Centro Cultural Rojas, en 1990. El dato evoca cierta antinomia surgida desde entonces entre el modelo de murga barrial espontánea y el más pulido, pero inducido, de los talleres. “Afortunadamente, ya es una discusión caduca, sin sentido –desestima Vainer–. Creo que el taller fue y es una herramienta valiosa. Muchas murgas barriales supieron usarla para sumar gente y difundir su estilo, mientras que muchas murgas de taller se afincaron con el tiempo en determinados barrios.”

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