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Sábado, 2 de noviembre de 2013

DANZA › NUEVA EDICION DEL CICLO INTERVENCIONES EN LA CASA DE LA CULTURA

Bailar con otras libertades

“Es una propuesta diferente, en la que los creadores tienen otras posibilidades para plantear una mirada sobre la danza contemporánea y su relación con los espacios no convencionales”, dice Diana Theorcharidis, curadora del ciclo.

 Por Paula Sabatés

Fabián Gandini, Emanuel Ludueña, Iván Haidar y Diana Theorcharidis, en el Fondo Nacional de las Artes.
Imagen: Carolina Camps.

El año pasado, el Fondo Nacional de las Artes (FNA) presentó Intervenciones, un ciclo de danza contemporánea realizado en la Casa de la Cultura (Rufino de Elizalde 2831), que había pertenecido a la escritora Victoria Ocampo. Tuvo gran repercusión porque se trataba de algo novedoso para las artes del movimiento, ya que los coreógrafos participantes tenían que pensar sus obras de acuerdo con aquel edificio y no con un teatro. Desde hoy, la institución presenta la segunda edición del ciclo, que se extenderá por cuatro sábados (todos los de noviembre) y tiene como curadora a Diana Theorcharidis, flamante responsable del área de danza del FNA. En esta oportunidad, los directores elegidos son Emanuel Ludueña, Iván Haidar y Fabián Gandini, quienes presentarán obras de entre 15 y 20 minutos de duración. Las funciones comenzarán a las 16 y serán con entrada libre y gratuita.

Para Theorcharidis, por tratarse de un ciclo que además del movimiento involucra elementos de significación artística como el espacio y la proximidad física con el público (los ambientes de la casa no son tan amplios como una sala grande de teatro, con lo cual se crea un ámbito de intimidad), Intervenciones está pensado para atraer a un grupo de espectadores más amplio que aquel específicamente consumidor de espectáculos de danza. “Es una propuesta diferente, en la que los creadores tienen otras libertades y posibilidades para plantear una mirada sobre la danza contemporánea y su relación con los espacios no convencionales”, asegura a Página/12.

Los coreógrafos también lo viven como un desafío. “Estamos muy acostumbrados a hacer obras en formatos pensados para teatros y salas, con lo cual tener que armar una para una casa nos hace agilizar la creatividad y salirnos de los lugares que ya conocemos y nos resultan fáciles”, opina Fabián Gandini, director e intérprete de La fiesta, para quien lo importante fue no tener ideas previas a la hora de plantear el trabajo. Por su parte, para Emanuel Ludueña el ciclo significó una puerta de entrada hacia otros lenguajes: “Cuando me propusieron montar algo en esta casa me pregunté cómo podía continuar con la investigación que vengo haciendo, que tiene que ver con la prolongación del tiempo. Empecé a trabajar y me di cuenta de que la casa me proponía ciertos estados que no sólo me permitían continuar con esa línea, sino que además me llevaba a crear personajes, algo que no suelo hacer”, cuenta.

Ludueña presentará en el ciclo Matar la tarde, una intervención que cuenta con ocho intérpretes en escena y en la que se podrán ver las líneas de investigación que menciona, ya que plantea conceptos como el silencio y la quietud y el paso del tiempo. Para ello se valdrá del piano, uno de los objetos que ya estaban de antemano en la casa. Por su parte, Iván Haidar presentará Quitarse la, a la que define como “un cuento sin tiempo, un relato que rescata situaciones a partir del imaginario que la casa propone”. Para su intervención, el coreógrafo y bailarín convocó a un grupo de personas que pudieran habitarla de diferentes formas, entre ellos un joven que hace parkour, que trepará por las paredes del caserón de Palermo. Por último, Gandini hará uso, en La fiesta, de las ventanas y las cortinas de la casa, además del piano, objetos que considera “característicos” del lugar. Su obra tendrá mucho texto ya que, según él, “se trata de la construcción de una novela”.

El ciclo es una más de las propuestas que desde el FNA impulsan para revertir la situación de la danza, a la que Theorcharidis define como “disciplina desprotegida”. El pasado abril, la institución lanzó la plataforma de danza contemporánea, un concurso para coreógrafos de todo el país que conectó a las obras seleccionadas con programadores nacionales e internacionales con el objetivo de coordinar futuras participaciones en festivales de todo el mundo. Para el año próximo, además, planea lanzar una serie de becas y residencias para coreógrafos en el exterior, proyecto que durará al menos dos años, y también generar programas relacionados con la danza y el movimiento destinados a personas ancianas.

“Comparado con otros países de Latinoamérica, el nivel de apoyo a la danza en la Argentina es muy precario. Por eso desde el FNA intentamos dar respuestas institucionales a este panorama que le toca atravesar a la disciplina”, dice la curadora. Y, aunque reconoce como fundamental que los propios trabajadores de la danza se organicen y militen por sus derechos, sostiene que lo central es que haya un apoyo de las instituciones estatales. “La danza necesita que el Estado le brinde las herramientas necesarias para ejercer su actividad como parte integradora de la comunidad. Todas las acciones que se vienen desarrollando desde la comunidad de la danza no son sino un reflejo de las necesidades postergadas que deben ser atendidas para que los que trabajamos en la danza podamos salir de este estado de precarización y pasemos a ser sujetos de derecho”, coincide Haidar, quien ve a este ciclo del FNA como una acción importante para ir en esa dirección.

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