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Domingo, 2 de noviembre de 2014

DANZA › ALESSANDRA FERRI PRESENTA EN LA ARGENTINA CHERI, JUNTO A HERMAN CORNEJO

Volver a la danza, sin haberla dejado

“Es un capítulo completamente nuevo para mí, haciendo cosas que me atraen”, dice la notable bailarina, que presentará desde el miércoles una obra íntima basada en dos obras de la escritora francesa Colette, con la participación de Norma Aleandro.

 Por Carolina Prieto

Fue la partenaire de Julio Bocca en el American Ballet Theatre de Nueva York (ABT) y juntos se convirtieron en una de las parejas más deslumbrantes del ballet del siglo XX, no sólo por la perfección técnica sino por la química que los unía. Antes de sumarse al cuerpo de baile entonces dirigido por Mikhail Baryshnikov, Alessandra Ferri se formó en la Scala de Milán e integró el Royal Ballet de Londres. Una técnica depuradísima, una prodigiosa expresividad y un cuerpo liviano, flexible y preciso la transformaron en una de las bailarinas italianas más reconocidas de la historia. Se lució junto a grandes como Anthony Dowell, Patrick Dupond, Roberto Bolle, Maximiliano Guerra y Angel Corella. En 2007, a los 43 años, se alejó del ABT y de las exigencias que implica ser la primera figura de una compañía tan prestigiosa con un cronograma abultado de giras, presentaciones y ensayos. Tal vez siguiendo los pasos de Baryshnikov y de Bocca, tal vez para dedicarse por completo a sus dos pequeñas hijas, decidió retirarse. Pero como señala a Página/12, no le gusta hablar de un retiro de los escenarios, prefiere decir que inició un nuevo capítulo en su vida con una mayor libertad.

En el marco de este nuevo ciclo, Ferri protagonizará junto al argentino Herman Cornejo (actual estrella del ABT) Chéri, un espectáculo de danza-teatro que estrenaron con éxito en el circuito off-Broadway de Nueva York. La obra se basa en dos novelas de la escritora francesa Colette sobre la relación entre una mujer madura y un hombre muy joven. Las funciones serán del 5 al 16 de noviembre en el Teatro Maipo con dirección de Martha Clarke, la actuación de Norma Aleandro como la madre del chico –que oficia de narradora de la historia a través de cuatro monólogos– y el piano en vivo de Polly Ferman.

Ferri vive en Nueva York junto a sus dos hijas, fruto de su relación con el fotógrafo Fabrizio Ferri. De voz muy serena y pausada, cuenta a Página/12 por Skype: “Estoy muy activa. Es un capítulo completamente nuevo para mí, haciendo cosas que me atraen, lo que es nuevo en esta etapa es mi estado de ánimo. Es que la danza para mí es la vida misma, no es una carrera. Cuando bailo me siento viva, plena, es como mejor se expresa mi creatividad, mi vitalidad. Ahora me siento mucho más libre para probar coreografías que nunca hice u obras de teatro”. El trabajo que traen a Buenos Aires es el resultado de un proceso largo que fueron moldeando entre otros compromisos laborales. Pero fue una experiencia fluida. “Nació fácilmente, enseguida fuimos encontrando cómo hacerlo. Primero trabajamos las emociones de los personajes, lo que les pasa por dentro, y después el movimiento. Martha es más directora de teatro que coreógrafa y no le importaba tanto la danza como que el movimiento estuviera al servicio de una historia interior, del estado anímico de los protagonistas”, aclara.

La historia transcurre en la intimidad del cuarto de Lea (Ferri), donde se vincula con Chéri (Cornejo). Todo comienza con un pedido de Charlotte (Aleandro) a su íntima amiga Lea, para que le dé una mano con su hijo veinteañero que anda perdido, sin asumir responsabilidades y consumiendo drogas y alcohol. Lea acepta el desafío de ayudar al chico. Pero el vínculo se transforma y se embarcan en una relación que dura seis años. El enamoramiento a pesar de la diferencia de edad, la vulnerabilidad y los miedos frente a un sentimiento tan intenso que lleva a la pérdida de control, los celos de una madre manipuladora, las interferencias y los mandatos son algunos de los temas de esta pieza intimista que parece suceder fuera del tiempo y del espacio, con música de Ravel, Poulenc y Wagner, entre otros compositores.

“Conocía a Herman como bailarín. Lo vi varias veces en el ABT y es extraordinario, técnicamente maravilloso. Pero al trabajar con él descubrí un artista”, confiesa Ferri. “Una persona profunda, con un gran instinto y mucha honestidad. Se brinda verdaderamente y no esconde nada.” Asegura que ensayaron buscando “que la danza no se viera”. Nada de regodearse en la destreza ni en la eximia técnica de ambos, más bien que los cuerpos estén al servicio del mundo interno de los personajes. “El movimiento no tiene que distraer al espectador de lo que está pasando. Nos movemos naturalmente y de un modo muy íntimo también. Es un montaje que exige un teatro chico con el público cerca. Es como ver un film, como espiar la intimidad de estos amantes”, anticipa. Ferri se defiende muy bien con el castellano. Vino varias veces a Buenos Aires para bailar con Bocca, “mi gran amor”, según sus propias palabras. Nacida en Milán en 1963, sigue tomando clases, entrenándose y cuidando su cuerpo con una rutina que incluye clases de danza clásica, Pilates, yoga y masajes: “El cuerpo es como una máquina que hay que tener en buen estado, controlado. Soy afortunada del cuerpo que tengo, es un buen instrumento y no lo descuido”.

Cuando decidió dejar el ABT, sintió que un ciclo se terminaba. “No me gusta decir que he regresado a la danza. Nunca la dejé, sólo que sigo haciendo otras cosas. Es otro momento de mi vida”, explica. En esta nueva etapa, el año pasado estrenó The Piano Upstairs, obra que coreografió e interpretó junto a tres bailarines y un actor, centrada en la disolución de una pareja, un trabajo que para muchos estaba teñido de la separación del padre de sus hijas. Ahora acaba de terminar las funciones de un ballet de corte contemporáneo en el que, a los cincuenta años, se calzó las zapatillas de punta nuevamente. Una vez finalizadas las presentaciones en el Maipo, bailará junto al Royal Ballet de Londres una obra inspirada en Virginia Woolf, para luego presentar en Edimburgo una creación de John Neumeier: Alessandra volvió a los escenarios recargada.

* Chéri, del 5 al 16 de noviembre en el Teatro Maipo (Esmeralda 443), funciones de martes a viernes a las 20.30; sábados y domingos a las 19.

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“El movimiento está al servicio de una historia interior, del estado anímico de los protagonistas.”
 
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