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Viernes, 15 de mayo de 2009

CULTURA › LA EXPOSICION COLECTIVOS DE FOTOGRAFIA EN IBEROAMERICA

Ojos de la Latinoamérica profunda

El curador Claudi Carreras propone un recorrido por la primera muestra itinerante del proyecto Laberinto de miradas, que reúne el trabajo de artistas sudamericanos y españoles. “La idea fue generar un proyecto de red de intercambio”, dice.

Los pasillos circulares del Palacio Nacional de las Artes hacen juego con Laberinto de miradas, el nombre de un proyecto de tres muestras itinerantes. Una mirada se posa sobre otra que cuelga de la pared y, entre tantas instantáneas, el visitante se siente la atracción central en una jaula de zoológico: lo miran los ojos desamparados del piberío argentino, también los de las favelas brasileñas, los peculiares mexicanos de aspiraciones al american way of life; lo miran los atribulados de los indígenas peruanos y unos rimbombantes venezolanos. Acostumbrado a los punzones que surgen del papel, el fotógrafo y profesor catalán Claudi Carreras, curador y coordinador de la movida, no esquiva las miradas de las almas presas en esas paredes. Tampoco la de Página/12.

“La idea fue generar un proyecto de red de exposiciones y actividades complementarias para intercambiar experiencias y lograr que los fotógrafos se conozcan”, cuenta mientras hace de guía a través de los anillos del museo. Una de las dos muestras del proyecto que llegarán a la Argentina es la que se exhibe en el Palais de Glace (Posadas 1725), de martes a viernes de 12 a 20 y sábados y domingos de 10 a 20, con entrada libre y gratuita: Colectivos de fotografía en Iberoamérica reúne 230 fotos de 16 grupos fotográficos sudamericanos y españoles. Pero es preciso diferenciarlos más allá de su procedencia. “Hay dos tipos de colectivos muy separados. Por un lado, los de acción social, que usan la fotografía como un vehículo de comunicación, pero que, además, tienen una intención de integración y trabajo con las comunidades a las que van. Por el otro, los colectivos profesionales, cuya intención es generar imágenes para venderlas”, distingue Carreras. En total “son tres exposiciones distintas que están dando vueltas por toda América latina (el recorrido completo se puede consultar en www.laberintodemiradas.net). Aparte de ésta, una viajó recientemente a Santa Cruz de la Sierra y hay otra más que se inaugura este mes en Tegucigalpa (Honduras)”, explica el español, instantes antes de subir al avión que lo llevará hacia Bolivia para montar una nueva apertura. Las otras dos exposiciones a las que Carreras se refiere son, respectivamente, Identidades y fronteras en Iberoamérica (170 fotos) y Fricciones y conflictos (370), esta segunda con parada programada para agosto en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA). “Fricciones... empieza con el tema ‘desaparecidos’, de ocho países latinoamericanos y de España. Luego hay una porción de ‘violencia contemporánea’ y otra sobre ‘violencia sobre el medio ambiente’. ¡Es una bomba!”, adelanta entusiasmado.

Laberinto de miradas surgió luego de que, hace cuatro años, el diario La Vanguardia, de Barcelona, encargara a Claudi una serie de artículos que se llamaría “Autorretrato de América latina”. Claro, lo mandaron de viaje. “Contacté con más de 500 fotógrafos y sobrepasaba la posibilidad del diario. Estamos hablando de una de las exposiciones más grandes de fotografía documental que se han hecho.” De vuelta en España y ya con el proyecto entre ceja y ceja, Carreras propuso realizar unas muestras itinerantes por Sudamérica, y la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Casa América Catalunya le dieron el sí. “Yo no quería que fuera una visión mía de la fotografía, sino que quería poner todo el material que había recopilado sobre una mesa para discutirlo y plantear cosas. Entonces convoqué a ocho curadores de Latinoamérica, de entre los cuales de la Argentina fue el reconocido fotógrafo Eduardo Gil”, señala el coordinador. De las reuniones de edición surgieron las directrices de los tres temas que componen Laberintos..., de entre los que Colectivos... permanecerá en Buenos Aires hasta el 25 de mayo.

–¿Cuál es el eje de la muestra que se exhibe en el Palais?

–Creo que es la más particular de todas las del proyecto porque, al tratarse de colectivos, lo que les ofrecí fue que cada uno se presentara a sí mismo con una selección de lo que quisieran mostrar. También nos interesó incluir a España en la muestra. Lo que pasa habitualmente es que viene un curador extranjero, decide qué colocar y nunca incluye las problemáticas de su propio país al mismo nivel. La intención es dialogar con los problemas sin tomar un papel “desde arriba”. Llevo dieciséis años viniendo a la Argentina y soy muy consciente de que a veces esa situación se genera.

–¿Qué particularidades encontró en la fotografía latinoamericana?

–Ninguna. Siempre se la ha asociado a una muestra exótica, muy social, muy documental, de conflicto. Con esta muestra, precisamente, quiero romper con esas cuestiones. Además, los flujos de información y los movimientos de creación se mueven: hay fotógrafos argentinos aprendiendo en Estados Unidos y en Europa y fotógrafos españoles aprendiendo en la Argentina. Es muy difícil que haya una forma de hacer latinoamericana. Lo que sí hay es un referente temático en cada región.

Entre los colectivos que utilizan la fotografía como “herramienta vehicular” para dar voz a las “comunidades minoritarias” de cada país, Claudi apunta al panel destinado al trabajo de Ph 15, un grupo argentino que se desempeña en los barrios marginales y “que da la posibilidad a los chavales de aprender y cambiar sus vidas” a través de la fotografía. “Muchos de ellos empezaron como fotógrafos y han llegado a convertirse en profesores”, añade. La guía continúa con Tafos, el colectivo peruano más antiguo, que “ya estaba en la época de (la organización terrorista) Sendero Luminoso. Los miembros del colectivo les dieron a los indígenas la posibilidad de fotografiar su propio entorno y han hecho imágenes maravillosas. Es un colectivo que ya no está operando, pero su gran archivo ha sido legado a la Universidad Católica de Lima”, precisa cual si estuviera en una de sus clases en la casa de altos estudios de Barcelona. Pegaditas están las fotos de Guelatao, de México; Observatorio de Favelas, de Brasil, y Fotokids, de Guatemala.

En el paredón opuesto se encuentran las de los colectivos con fines “comerciales”, que “surgen ante la dificultad de acceder a medios de comunicación para vender sus imágenes, crean plataformas conjuntas para que puedan mostrar el trabajo de forma más amplia y, entre todos, salir adelante”, expone Carreras. Por ejemplo, el grupo Supay, de Perú, que posee un banco de imágenes del cual seleccionaron el conjunto titulado Cholopower. “Es sobre la identidad del ‘cholo’, del indígena peruano, durante los últimos años”, dice. Uno de los paneles más curiosos es el que ocupan las fotos de Monda Foto, “que se ha ocupado de la influencia de Estados Unidos en México, con toda esa locura que tienen los mexicanos, toda esa idea de lo gringo”. A modo de ejemplo, sirva la mención de Batman, el niño de la noche, de Alfredo Pelcastre, que muestra a un mexicanito con un simpático y detallado disfraz del héroe enmascarado. De fondo, el poster de la última peli de la saga, claro. “Como dicen: ‘Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos’”, evoca el curador. También hay fotos de Rolê, un colectivo “nocturno” de San Pablo, y de Cooperativa Sub, de la Argentina, “mucho más aguerrida”.

–El constante flujo de información que posibilitan las ya no tan nuevas tecnologías, ¿deviene en una pérdida de prestigio para el fotógrafo?

–No creo que esté perdiendo prestigio, creo que se está desfigurando. En este momento, todo el mundo puede hacer fotos. Entonces se cuestiona el papel del fotógrafo al tiempo que se revaloriza, porque ante una cantidad masiva de imágenes, millones de ellas, sólo una cuantas son capaces de llamar la atención. Los fotógrafos tienen ahora mucha más presión, porque tienen que conseguir imágenes y trabajar de una determinada manera que destaque su producción. Antes, de los diarios venían siempre fotógrafos, pero ahora, muchas veces, les dan la camarita a los redactores. Y eso es un error, porque no todo el mundo tiene la misma capacidad para hacer imágenes. Precisamente, la muestra es una reivindicación de lo fotográfico.

–¿Es esa masividad de imágenes la que relega a la fotografía profesional a la galería de arte?

–Yo he reflexionado mucho sobre eso y creo que entre todos debemos generar nuevos lugares para la fotografía. Siento que la galería de arte no es el lugar del fotógrafo, porque no deja de ser un lugar comercial que responde a modas y tendencias; y es un mercado que depende de la gente de dinero y todos saben lo que le interesa a esa gente. ¡Se frivoliza demasiado lo que se expone cuando se trabaja en galerías! Los medios de comunicación, lamentablemente, también se han vendido a esa cuestión del capital y las empresas que los patrocinan. Entonces nos encontramos con que los canales habituales no tienen espacio para los fotógrafos, los canales de galería son demasiado tendenciosos y los que sólo les importa ganar plata, lo cual es lícito y maravilloso. Pero, entonces, ¿cuál es el lugar que le queda a esa fotografía que remueve las conciencias, que nos permite reflexionar en torno de las cosas que nos pasan? Creo que las instituciones públicas tienen la obligación de generar espacios para reflexiones que vayan más allá de un interés comercial.

–¿Por qué no les sucede lo mismo a otras “herramientas de comunicación”, como usted define a la fotografía?

–La fotografía es impresionante para establecer contacto. En cambio, por ejemplo, la televisión lo da todo muy machacado, muy manipulado, y uno no puede reflexionar. Con la fotografía sí: todavía tiene ese carácter reflexivo que deja que el espectador se interrogue.

Entrevista: Facundo Gari.

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Claudi Carreras concibió su iniciativa como de intercambio de experiencias y vinculación de pares.
Imagen: Rafael Yohai
 
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