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Miércoles, 30 de enero de 2013

CULTURA › RECTA FINAL PARA EL PREMIO LITERARIO CASA DE LAS AMERICAS

La necesidad de pensar la integración

El jurado en la categoría Ensayo histórico-social inauguró el primer debate de esta edición. Renán Vega Cantor (Colombia), Salim Lamrani (Francia) y Sergio Guerra Vilaboy (Cuba) reflexionaron sobre la integración en América latina.

 Por Silvina Friera

Desde La Habana

Cansados pero felices podría ser el lema de la muchachada latinoamericana que ya ha elegido a los finalistas. En la recta final del Premio Literario Casa de las Américas, cuyos ganadores se anunciarán mañana por la tarde, el jurado en la categoría Ensayo histórico-social inauguró el primer debate de esta edición. Renán Vega Cantor (Colombia), Salim Lamrani (Francia) y Sergio Guerra Vilaboy (Cuba) reflexionaron sobre los avances, dificultades y perspectivas de la integración independiente en América latina. El historiador y ensayista cubano repasó los antecedentes de la integración en la región y aseguró que en tiempos de eclosión y de cambio que se viven en el continente, la celebración de una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) –que está reunida por estos días en Chile– es una muestra de la voluntad integracionista. Los procesos de unidad e integración están asociados a la figura de Francisco de Miranda, “el primero en pensar en la emancipación y sugerir que las colonias de España debían independizarse y congregarse en torno de un solo Estado”. Guerra recordó que más allá del imaginario de Miranda, formado de otros muchos pensadores, subyacía un hilo conductor. La independencia no debía conducir a la desintegración, sino todo lo contrario, “en gran medida, gracias a que paulatinamente se había ido creando una conciencia nacionalista que excedía a la patria chica”.

La lucha por la independencia –desde la perspectiva de Guerra– proyectó siempre la unidad en un sentido más amplio. Para ejemplificar esa amplitud, señaló la intención de Bolívar de liberar América y su proyecto en el Congreso de Panamá. “Era esa época tan feliz, cuando considerábamos a toda Hispanoamérica como nuestra patria de nacimiento”, citó el historiador y ensayista cubano un fragmento de las memorias del segundo presidente ecuatoriano Vicente Rocafuerte (1783-1847) en la que se refiere a la lucha por la independencia. Aunque durante estos doscientos años hubo “intentos exiguos” de recuperar el ideario integracionista, especialmente ante amenazas externas para el continente, el proyecto se archivaba no bien desaparecía el peligro inminente; recién en el siglo XXI “el compromiso histórico de los próceres se ha puesto a la orden del día”. El ensayista y profesor francés dijo que, para entender cómo se reflejan los procesos emancipatorios y de integración latinoamericana en Occidente, es preciso poner las cartas sobre la mesa y desmontar el papel que juegan los medios de comunicación. “Los grandes conglomerados económicos invierten en la prensa escrita, un sector estructuralmente deficitario, con el objetivo de controlar el mercado de ideas, limitar el marco de los pensamientos aceptables y censurar la opinión heterodoxa”. Lamrani precisó que los medios de comunicación occidentales cubren de “manera parcial” la realidad latinoamericana. Cuba y sus dificultades económicas es un paradigma de esta cuestión al comprobar cómo esos medios eluden sistemáticamente cualquier mención al principal obstáculo que enfrentan en la isla: “El estado de sitio económico impuesto desde 1960 por los Estados Unidos”. Finalmente planteó que es “muy difícil que la opinión pública occidental tenga una imagen honesta de la realidad de la nueva América latina, cuando esa prensa defiende un orden establecido”.

En este tiempo, intervino Renán Vega Cantor, hay una especie de tríada de instituciones “aparentemente integracionistas”, como ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), Mercosur (Mercado Común del Sur) y la Celac. Sin embargo, el historiador y ensayista colombiano se preguntó hasta qué punto constituye “un avance significativo” en términos de integración latinoamericana, cuando “el proceso de integración alternativa como la Unión Europea y los llamados Tratados de Libre Comercio (TLC) están hoy en crisis”. Vega se encargó de clavar el aguijón de varios interrogantes al preguntarse si sería casualidad que México, el primer país en firmar un TLC, tenga tan altos niveles de violencia y criminalidad. En el listado de logros, destacó la sustitución de la “putrefacta e insepulta” OEA (Organización de Estados Americanos) por la Celac. Pero advirtió que al mismo tiempo que se habla de integración, el modelo económico que se impone en América latina es del siglo XIX. “Aunque sabemos que no debemos reeditar aquel patrón, carente de soluciones reales a los problemas del continente, es precisamente la lógica de ese modelo extractivista primario exportador que destruye al medio ambiente y al ser humano, la que impera.” ¿Qué hacer, entonces? Vega Cantor propuso trabajar en pos de reivindicar la diversidad que caracteriza las culturas de nuestros pueblos, para evitar que se imponga la “cultura de enlatados” que aplasta el sentir de las sociedades latinoamericanas. A modo de epílogo ponderó la necesidad de pensar la integración en un sentido amplio porque reducirla exclusivamente a lo económico “sería rebajar la riqueza cultural y social del continente latinoamericano”.

Después llegó la hora de los poetas. Entonces coparon la Casa Fernando Balseca (Ecuador), Rafael Courtoisie (Uruguay), Joserramón Melendes (Puerto Rico) y Teresa Melo (Santiago de Cuba). Quedaron levitando por la sala Manuel Galich los ecos del bellísimo poema “Louis Armstrong canta: ‘be careful, it’s my heart’”, de la poeta cubana: “Aquí me instalo yo y no digo una palabra: una/larga conversación sostiene mi mente con la nada./ Estrujo lo que no sé qué es: y me arrullo: be/ careful, it’s muy heart (...) La vida intenta decirle cosas a ese/pobre infeliz y el pobre infeliz estruja lo que no/ sabe qué es,/ y ese es mi corazón, eso/ murmuro, ese es mi corazón bajo el cemento”.

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La “cultura de enlatados” aplasta el sentir latinoamericano, dijeron en Cuba.
 
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