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Jueves, 12 de diciembre de 2013

CULTURA › DíSCOLO RECOPILA ARTES DE TAPA QUE ROMPEN CON FORMATOS Y MATERIALES TRADICIONALES

Las historias más allá de los resultados

La imprenta Grafikar y la empresa de diseño Sujeto Tácito son los responsables de este libro que explica las circunstancias que originaron los diseños. “La gráfica musical ya es un subgénero con derecho propio”, dijo Rocambole en la presentación.

 Por Cristian Vitale

Contar en profundo una imagen, sobre todo cuando ésta intenta vestir músicas, no es cosa fácil. Tal vez quede, en primera y última instancia, recurrir a quien la pensó. A quien, dada una idea matriz, la fantaseó, procesó y concretó así, en su doble dimensión. A Alejandro Ros, por caso, que envasó Mar dulce de Bajofondo Tango Club con una media de red femenina –eterno icono hot del tango– y la transformó en clave de textura electrónica. A Juan Pablo Cambariere, otro capo del diseño, que arropó Colmena, de El Otro Yo, con esas células hexagonales que, concatenadas, implican comunidad. A Jimena Díaz Ferreyra, que captó en fino una historia de Ale Kurz (cantante de El Bordo) y la transformó en el Geloso setentoso que abriga el disco Historias perdidas. O a Rocambole, claro: “La gráfica musical ya es un subgénero con derecho propio”, dijo él, aquel Mono Cohen que empezó inventándole un mundo de imágenes a La Cofradía de la Flor Solar, durante la presentación formal de Díscolo (Desobediencias creativas del packaging discográfico), el singular libro que recopila artes de tapa, cuya esencia es –como el nombre canta– la de romper sistemáticamente con formatos y materiales tradicionales.

“Estoy muy orgulloso de que se produzca un libro de diseño de estas características aquí, en la Argentina, porque históricamente la gente que ha estado involucrada con el diseño gráfico, las artes plásticas y la música, ha tenido que recurrir a libros importados. Hacía mucha falta que apareciera un libro que explicara, de forma literal, las circunstancias que originaron los diseños, con datos precisos sobre el desarrollo de una imagen”, manifestó el inquieto Cohen quien, además de prologarlo, integra al libro los artes de tapa de Los Redonditos de Ricota que le caben por época: Luzbelito, Momo Sampler y Ultimo Bondi a Finisterre, además de los discos de Skay Beilinson. “En junio de 1995, cuando recién habíamos abierto nuestras puertas, se apersonó alguien con un look muy especial: saco negro largo, gorro de lana y barba tupida, y sacó del bolsillo algo que me deslumbró, un objeto que se iba a transformar en algo de culto años después: Luzbelito. La necesidad es la madre de las invenciones, pensé en ese momento, y ésa fue la causa que nos llevó a decirle que sí a Rocambole, para empezar a trabajar esa tapa tan compleja. Cuando Rocambole, la Negra Poli y Skay se fueron de la imprenta, me senté frente a mi hermano y le dije: ‘En qué quilombo nos metimos’”, contó, entre risas, Flavio Mammini, el creador de Grafikar, la imprenta artífice de tales tapas “fuera de serie”.

Responsable, además y junto a la pyme de diseño Sujeto Tácito, de la edición de Díscolo, el libro-objeto de colección que despliega a lo largo de 184 páginas portadas de CD (con testimonios de músicos y diseñadores incluidos) de unos cien artes de tapa finalizados y compilados por ellos, y seleccionados entre los cinco mil quinientos discos compactos que forman parte de su catálogo entre 1995 y la fecha. “Fue muy grato encontrarnos con tantas historias. Nosotros nos pusimos a investigar en los libros que hablaban de packaging y nos parecía que no lograban reflejar lo que había detrás de cada disco, más bien lo mostraban fríamente. Lo que quisimos reflejar en este libro fue el amor y la pasión del trabajo, desde el momento en que el músico compone su canción hasta que el diseñador se encuentra con eso y, entre los dos, conforman un proceso creativo súper rico. Se trató de mostrar las historias detrás de los resultados. De ser menos resultadistas e ir más allá... romper el molde”, sostuvo otro de los orfebres de la joya, Lisandro Barrera, diseñador de Sujeto Tácito.

Entre las cien tapas que pueblan Díscolo no sólo hay rock. No sólo están expuestos, en su plenitud y además de los citados, los trabajos estéticos de Para los árboles, de Luis Alberto Spinetta; Amapola del 66, de Divididos, o Esperando el milagro, de Las Pelotas, sino también los de El disco de tu corazón, de Miranda!; 50 años, una leyenda, de Los Chalchaleros; o la reedición del mítico recital que dieron Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, en Obras, en 1983. “Se trató de hacer un balance entre la rareza del packaging y la obra creativa en su conjunto, sin importar si estábamos hablando de una banda de peso o independiente, o de rock, tango o folklore... Díscolo es, en sí, un compilado muy ecléctico. Nos pareció que esto reforzaba ese concepto de desobediencia, de trasgresión”, extendió otro diseñador de ST –y alumno de Mammini– Arol Echenique, antes de que la cubana Yusa amenizara el crepúsculo con canciones a guitarra y voz, y que Tato Estela, director del sitio Taringa Música, completara el cuadro con el brazo musicovirtual del libro. “Nuestra parte díscola, de provocación, es marcar que el CD está perdiendo cada vez más terreno y que la música vuelve a estancarse si no activamos por otro lado... Que el envase no sea sólo uno, digo, que la música tenga otra piel”, cerró el internauta, como otra de las irreverentes partes de este todo abrasador.

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“Estoy muy orgulloso de que se produzca un libro de diseño así en la Argentina”, dijo Rocambole sobre Díscolo.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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