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Sábado, 21 de noviembre de 2009

HISTORIETA  › UNA MIRADA AL BUEN MOMENTO DE LA HISTORIETA INFANTIL

“El que lee desde la niñez es probable que nunca abandone”

La frase de Diego Bianki, de Pequeño Editor, da una idea del espíritu que campea entre los cultores de los cuadritos para público infantil. Un género que, de acuerdo con el repaso por comiquerías, librerías y sitios web, está muy lejos de andar en pañales.

 Por Andrés Valenzuela

El chico ríe con el libro que tiene en sus manos. Su padre suspira aliviado. La historieta pasó la primera prueba. “Son 15 minutos menos con la PlayStation”, piensa y estira la cabeza por encima del hombro menudo. Ahora es él quien ríe. “¿Te gusta?”, pregunta. Finalmente vence su pudor, deja el diario y se sienta junto a su hijo. “¿Puedo leer yo también?” Esa es la escena ideal que imaginan muchos editores y dibujantes que trabajan historieta infantil en sus libros.

Las páginas dedicadas a los niños en el mundo de la historieta están despuntando. En otro tiempo el comic infantil fue un entretenimiento central para los chicos, pero las crisis que golpearon al sector también dañaron a estas publicaciones. Los videojuegos hogareños y la proliferación de canales de cable exclusivos para chicos las golpearon aún más. Hoy el sector está nuevamente en alza, a caballito de las mejorías que experimenta la historieta para adultos. Muchas editoriales –incluyendo varias grandes– publican historieta infantil. Hay bastante material en las librerías y más proyectos en camino. Página/12 abordó a dibujantes, guionistas y editores para profundizar en el tema.

Qué hay, qué falta

“Se la compro y se la lee en dos patadas”, se lamenta ella. Su hijo acaba de dejar en la mesa del comedor una revista escolar. Quedó abierta en la historia de terror llena de dibujos. Al pibe le gusta pero... se le hace corta. Es que más allá del espacio –curiosamente, cada vez menor– que revistas infantiles como la tradicional Billiken brindan a la historieta, hay nuevos modos de acceder a las viñetas. Antes de gastar un peso, siempre se puede hacer una prueba piloto con algunas de las webs que publican regularmente comics para chicos (ver aparte). Si en cambio la idea es que los peques puedan leer panza arriba en su cama, un sillón o, por qué no, sobre la arena en las próximas vacaciones, se impone una visita a la librería o a la comiquería.

Ya entre las bateas hay opciones para elegir. Una es la colección Aventuras Dibujadas, de Domus: diez libros con relatos de distintos autores, incluyendo a Carlos Trillo, Lucas Varela, Johr (integrante de Sátiral12) y Chanti. Este último, además, lleva dos libros publicados en Sudamericana de su serie Mayor y menor, que sale en la revista dominical Rumbos, con muchos diarios del interior del país. El autor mendocino es muy popular en las provincias y otra de sus series, Facu y Café con leche, fue recopilada por la editorial La Valijita.

También es posible encontrar la colección La Vuelta al Globo, de Deux Studio (hasta el momento con dos títulos: Ferréopolis y El Chispa), y la colección Aventuras en Cuadritos, de Cántaro. En un formato más “boutique”, aparecen los libros de Pequeño Editor, donde firman Liniers y Tute, entre otros. Diego Bianki, responsable de estas ediciones, explica que en su caso la idea es “sacar a los autores de contexto y llevarlos a otro terreno”. Por eso recurren a dibujantes más orientados a la historieta para adultos. Si no quedó más remedio que entrar a una juguetería, quizás haya suerte y esté a disposición del público la revista bimestral Yogurth de Macedonia, que se reparte gratuitamente.

El crecimiento del sector lo demuestra también la cantidad de proyectos en ciernes. Por ejemplo, la pequeña editorial Pictus, especializada en literatura infantil, lanzará su primer libro de historietas en unos meses (Salven a tomate, de Luciano Saracino y Geb Baro). Ediciones de la Flor, que publica desde hace años las tiras de Mafalda, también tiene otros libros en sus planes. Como las Aventuras de Dante Elefante, de Javier Rovella, publicado originalmente en Francia en la importante revista para niños Spirou.

Pese a tantas posibilidades de acceso a la historieta para chicos, autores y editores advierten que aún falta un largo trecho por recorrer. “Si nos comparamos con España, estamos a años luz”, señala César da Col, miembro fundador del Movimiento Banda Dibujada y autor de Midi Bujo, en la revista InterCole. “Allá tenés varios autores que publican regularmente y, por ejemplo, tiene ediciones propias de Astérix”. Víctor Páez, editor de Yogurth de Macedonia, también señala estas falencias. “Nuestra revista, por ejemplo, surgió de notar que más allá de algunas tradicionales, como Isidorito o Patoruzito, no hay revistas de historietas para chicos, aunque sí hay libros, es una franja poco explotada”, señala.

Noveles lectores

“A ver, chicos, ¿qué historieta leen en sus casas?”, pregunta el docente. “¡Gaturro!”, responden varios a coro. Es la escena prototípica cuando los historietistas visitan una escuela para contar de su trabajo y el universo de las viñetas. “El 80 por ciento te nombra a Gaturro”, comenta Rovella. “No fue pensado para ellos, pero se lo apropiaron”, reflexiona. La creación de Nik es un éxito de ventas. Aunque su autor no goza precisamente de gran prestigio entre sus colegas, su calurosa recepción suele ser prueba de cuánto interesa la historieta como medio a los niños.

“Lo que falta es información”, sugiere Da Col. “En los colegios mostramos los libros que se publican en Francia, en Japón, y los chicos no lo pueden creer, sienten que hay un mundo que tienen vedado. Es clave que sepan que la historieta no son dos cosas nada más.” Por eso, desde Banda Dibujada capacitan a docentes y bibliotecarios. Esto rinde sus frutos. Eduardo Giménez es responsable de La Biblio de los Chicos (www.educared.org.ar/imaginaria/biblioteca/) y cuenta que entre sus lectores abundan los maestros. “A veces alguno lleva a sus alumnos a la sala de computación o a un cíber, los hace leer algo y les pide que comenten”, señala. “El otro día recibimos en unas horas más de cien comentarios de chicos que leyeron las tiras que tenemos publicadas de Dante Elefante”. En La Biblio, explica Giménez, la historieta está al mismo nivel que cuentos, poesías, textos tradicionales, teatro o música. “La historieta es una interesante oportunidad para que el niño comience a experimentar un acercamiento a la lectura, si una persona es motivada a leer desde la niñez es muy probable que nunca abandone la lectura”, considera Bianki.

Saracino es escritor. Desde hace un tiempo, también hace guiones de historieta y defiende el medio como método de acceso a la lectura. “Es una puerta preciosa para leer libros después, o leer más historias, si no querés leer otra cosa. Hay obras de gran altura”, destaca. Y amonesta a los profesores que se resisten a las viñetas: “Que me vengan a decir las profes de Literatura que no hay ningún Shakespeare, es como decir que en el rock no hay un Beethoven. A nadie se le ocurriría discutir a un Frank Zappa, pero tampoco un Astérix”.

“¿Qué quiero que lea?”

Eso se pregunta el padre mientras levanta un libro y otro. Pasa las hojas, busca un signo que lo convenza. Los dibujos son bonitos, sí, ¿pero le van a gustar a su hijo? Cada autor propone distintos caminos para atraer a los futuros lectores. Unos prefieren la aventura, otros el humor y hay quien hasta hace tiras reflexivas.

Isol, dibujante de Equis y Zeta (Sudamericana) es ilustradora desde hace años y también se dedica a la historieta. Su experiencia con el comic para niños nació cuando el escritor Jorge Luján le propuso hacer un libro. “Me gustó su cosa absurda y divertida, que se parece a la mirada de los niños”, explica. “El trabajó con cosas que le dijeron alumnos suyos y las puso en contexto, tiene una perspectiva que a los adultos nos saca de nuestra propia mirada.” Su libro, asegura, no es “de chistes”, sino que está compuesto por observaciones “que a veces hacen reír y otras pensar”. Rovella, en cambio, apuesta por la aventura en la piel de su protagonista-elefante. En Billiken, por ejemplo, El Bruno hace una página “de humor con terror” llamada Escuela de Monstruos, que tiene buena aceptación.

Baro, compañero de equipo de Saracino, afirma que es importante que el lenguaje que trasmitan sea “cercano a los dibujos animados en el estilo de narración”. En el mismo sentido, Da Col destaca la importancia del color en los cuadritos pensados para los chicos. En los temas, suele haber pocos tabúes: las drogas y el sexo, principalmente. “Lo más importante es que te guste a vos”, sostiene Da Col. “Que te entre porque sea una linda historia, bien narrada gráficamente y con un dibujo atractivo, con ángel.”

De ahí se agarra Saracino. “No hay que prohibir al hombre adulto la belleza de leer historietas para pibes.” En el horizonte de sus palabras está, como en casi todos los entrevistados, relatos inmortales como Astérix o Tintin, grandes clásicos de la historieta infantil. Pero también señala El Eternauta, o Nippur de Lagash. “Mi viejo leía a Oesterheld a los 13 años, yo leía Nippur de chico, y si lo agarro hoy seguro que me emociono”, confía. La historieta infantil, además, puede estar llena de guiños para los adultos. “Como una peli de Pixar, que la va a ver un grande y también se divierte”, apunta Baro. La historieta para chicos, concluyen, puede ser no sólo una puerta hacia la lectura, sino también un puente para que padres e hijos lean juntos.

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Además de la buena situación actual del género, hay infinidad de proyectos en ciernes.
 
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