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Viernes, 10 de julio de 2015

HISTORIETA  › MAñANA CON PAGINA/12, UNA NUEVA EDICION DE FIERRO

Un número para hacer vibrar los huesos

La atracción principal es el regreso de Salvador Sanz, que presenta su nueva novela gráfica, El esqueleto, donde un vegetariano debe lidiar con carnívoros caníbales. Otra particularidad de este número es la reaparición con fuerza del humor gráfico.

 Por Andrés Valenzuela

El número de julio de la revista Fierro, que llega mañana a los kioscos de la mano de Página/12, trae una noticia excelente para los incondicionales de la publicación: el regreso de Salvador Sanz. Autor indiscutido de esta nueva y más longeva etapa de la revista señera de la historieta argentina, Sanz es a la vez una de las figuras más destacadas y populares de la nueva historieta argentina. El dibujante ofrecerá ahora a los lectores de la revista El esqueleto, su nueva novela gráfica tras trabajos como Nocturno o Angela della Morte, ambas ya recopiladas en Argentina y el extranjero y premiadas repetidas veces.

Sanz tiene acostumbrados a sus lectores a la ciencia ficción y el fantástico oscuro. Pero esta vez no habrá naves, ni clones. Y el apocalipsis que propone no viene con zombis, aunque sí con mucha hambre de carne humana. El esqueleto cuenta las peripecias de un vegetariano en un mundo en que los carnívoros devinieron caníbales y se tragan a otros humanos. A la estética realista de costumbre, el autor le agrega un tratamiento del trazo que transmite la aspereza, resignación y violencia del mundo que plantea. “La estética es muy sucia, muy punk, porque en la historia está todo hecho mierda, entonces en el entintando intenté reflejar eso”, explica el autor. Los trazos son más gruesos que los que venían leyendo sus seguidores en los últimos años. “Por eso volví al plumín, que hace años no tocaba –explica–. También metí tramas mecánicas en digital, pero que intentan reflejar los comics en blanco y negro de los setentas”.

Para alegría de sus fans, no faltan las secuencias de acción. Se sugiere prestar especial atención a la lucha con motosierras. “Esta historieta está inspirada en unos personajes que hice para (el fanzine) Catzole allá por los ’90”, cuenta Sanz. “Estaba muy inspirado en el cine clase B de horror, incluso tenía una cosa muy Mad Max que ahora está de moda de vuelta”, recuerda. El dibujante señala que retomó los personajes en 2013, cuando le encargaron unas páginas para una antología zombi (que publicó en Argentina OvniPress), porque estaba hastiado del tema y no se le ocurría nada novedoso. “Cuando salió mucha gente pensó que levantaba una bandera vegetariana, pero aunque respeto esa conciencia, sigo teniendo hábitos carnívoros”, confiesa. Al final, la fuerza de los personajes y de ese primer trabajo independiente se le impuso. “Es raro: no me interesaba retomar ese material, pero hay algo muy fuerte en la estética, algo muy mío que me obliga a dibujarlo, que prácticamente se hace solo”. Según informa Lautaro Ortiz, jefe de Redacción de Fierro, el aporte de Sanz se extenderá durante seis entregas de aproximadamente once páginas cada una. Además, este número el autor pondrá su plumín al servicio de la portada.

Otro aspecto interesante de este número es la reaparición con fuerza de exponentes del humor gráfico. El profuso, ácido y demencial Gustavo Sala aporta dos páginas de delirios y El Niño Rodríguez agrega una propia al acervo de la Fierro. Eduardo Maicas hará otro tanto. En los últimos números de la revista había un predominio mayor de las series y las historias unitarias más serias, y el regreso de las risas ayudará a distender un contenido que viene con enorme fuerza.

Para muestra, dicen, basta una página de Matar al tirano, la cruda historia de la resistencia armenia que relatan número a número el propio Ortiz con el excepcional Ignacio Minaverry. Matar al tirano cuenta cómo Soghomon Tehlirian dispara en Berlín a Talaat Pasha, figura fundamental del genocidio armenio perpetrado por los turcos a comienzos del siglo XX. “Maté al hombre, pero no soy un asesino”, es la frase que define la propuesta de la dupla, que presenta mañana su tercer capítulo. Atención también al dibujo de Minaverry, que encontró para estas páginas una fuerza notable en el trazo y en el trabajo de los rostros de los personajes. Además, el creador de Dora da un paso más con el uso del color, manteniendo los plenos con los que se había aquerenciado en Noelia en el país de los cosos, pero avanzando en su intensidad.

Otra serie que continúa es Zenitram, la propuesta de Juan Sasturain –también director de Fierro– junto al dibujante marplatense Juan Carlos Quattordio, a partir del conocido personaje del escritor.

Mientras tanto, Lucas Nine sigue su derrotero con la nueva etapa de Borges, inspector de aves. Nine, quien acaba de presentar una primorosa recopilación de Té de nuez (también publicada originalmente en esta revista), continúa acá las extrañas, retrogrotescas aventuras del inspector Borges y su muy excéntrico círculo de amistades, enemistades e investigados de curiosa procedencia.

Además, la revista también propone dos inoxidables: El Tomi y El Marinero Turco. El primero con su ya clásico Desmitificador argentino, que siempre levanta polvareda, y el segundo con La ley seca 2, que también propicia los debates entre los lectores. Lo del Marinero es, al decir de Sasturain, una de “gangsters del treinta, clásicos del género que requieren para su disfrute una esmerada atención de los matices, paladar (blanco y) negro”. Ambos aportan a la variedad inhallable en otros espacios que caracteriza a la publicación. Si a estos dos sumamos al siempre polémico Quattordio, estamos ante un número que se predispone a revitalizar el debate sobre la actualidad de la historieta argentina o, al menos, cuáles son sus rasgos esenciales.

El debate será mucho más extenso, porque la habitual sección Cadáver exquisito, que dirige la académica Laura Vázquez Hutnik, discurrirá sobre “los límites y posibilidades de la historieta digital”. La directora del Congreso Internacional Viñetas Serias anticipa que “la incertidumbre puede ser paralizante o transformadora”, así que mejor reflexionar y actuar. O actuar y luego reflexionar sobre la acción. Y para la acción, siempre ayuda tener una Fierro a mano.

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“La estética de El esqueleto es muy sucia, muy punk, porque en la historia está todo hecho mierda”, dice Sanz.
 
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