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Viernes, 12 de febrero de 2016

HISTORIETA  › MAÑANA CON PAGINA/12, UNA EDICION DE FIERRO CON MUCHO MATERIAL PARA DISFRUTAR

Cómo hacer reaparecer a Haroldo Conti

El ejemplar que desembarca en los kioscos incluye “El gringo”, notable adaptación realizada por Manuel Aranda y El Tomi de un cuento del escritor desaparecido en 1976. La obra ganó en 2015 el concurso de historieta del Centro Cultural de la Memoria.

 Por Andrés Valenzuela

“A Conti había que leerlo a escondidas, ni se te ocurría mostrar un libro con su nombre”, recuerda El Tomi.

Algunos libros, algunos autores, se vuelven imprescindibles en la vida de otros libros, de otros autores. Es el caso de Haroldo Conti y el historietista e ilustrador El Tomi. Alcanza leerlo (e imaginarlo) escribiendo desde su rinconcito en Barcelona, lejos del frío de 1976 en que le acercaron por primera vez un libro del poeta desaparecido por la última dictadura cívico-militar de Argentina. El lector podrá preguntarse (con buen tino) por qué se habla sobre Conti en una nota sobre el próximo número de la revista Fierro, que mañana llega a los puestos de diarios junto a Página/12. La respuesta es sencilla: porque mañana en sus páginas también aparece “El gringo”, la adaptación del cuento homónimo que El Tomi hizo junto a Manuel Aranda y que –por si fuera poco– ganó en 2015 el concurso de historieta del Centro Cultural de la Memoria que lleva el nombre del escritor y funciona en la ex ESMA.

Conti no necesita mayor presentación. El Tomi, tampoco: es un viejo conocido de los lectores de la Fierro, donde suele publicar su obra. También es un conocido de los lectores de todo el país, a donde llegaba gracias a las caricaturas que publicaba en la agencia estatal de noticias Télam (al menos hasta que hace dos semanas su nueva administración decidió eliminarlas del archivo público). Sobre Aranda, es el propio ilustrador quien se encarga de iluminar la relación con esta obra. “En la ciudad de Rosario, a fines de los setenta, en plena dictadura militar, mi amigo Manuel, con quien por aquel entonces editábamos una revista llamada Risario, me prestó un libro cuyo autor era un desaparecido, razón por la cual uno no podía llevarlo con la portada a la vista.”

Era una época difícil para la lectura, recuerda el dibujante. “No se te podía ocurrir pasar siquiera por la vereda de enfrente de la comisaría con el libro bajo el brazo, ni sentarse en un banco de la plaza a leerlo a la luz del sol y mucho menos hojearlo en la mesa de un bar”, relata. “Había que leerlo a escondidas. La lectura a escondidas se practicaba, cuanto mucho, bajo la iluminación amarillenta de la mesita de luz de nuestro dormitorio y a puertas cerradas, algo así como cuando éramos pibes y leíamos Tom Sawyer con una linterna bajo las frazadas.” Además, El Tomi evoca las sensaciones que provocaba leer bajo esas circunstancias: “Cada frase destilaba sabor a adrenalina, la memoria se corporizaba leyendo entre líneas, nos hermanaba con los demás lectores, uno se complotaba decididamente con el autor, la lectura a escondidas nos ayudaba a sobrevivir”.

La historieta que Fierro trae a sus lectores este mes (bueno, esa y muchas otras, pero esa en particular) no vio la luz sino hasta cuatro décadas más tarde, cuando el dibujante se sorprendió ante la convocatoria del Centro Cultural de la Memoria para homenajear al autor con adaptaciones a historieta de sus cuentos. “Casi cuarenta años después, a muchos kilómetros y mucho tiempo de distancia de aquel Rosario tuve la hermosa sensación de que Conti había reaparecido”, explica El Tomi. “Sentí que aquella lectura a escondidas había pasado a ser lectura a la vista, tomé real conciencia de que hoy la gente lee en los bancos de las plazas sin miedo y a plena luz del sol, pasa ostentando la tapa de sus libros favoritos con sus títulos y sus autores por la puerta de las comisarías, hojea novelas en el bondi, en el subte, en el celular, en la compu, en los libros digitales, lee desprejuiciadamente en cualquier parte como corresponde, lee a sus amigos y les dicen ‘Me gusta’ una y otra vez, lee hasta sus enemigos para saber qué piensan y ponerse a buen recaudo de ellos, leen convirtiéndolo todo en lectura obligada, en best seller, en trending topic, en fin, así las cosas, entusiasmadísimo le escribí un email a mi amigo Manuel para avisarle que por alguna milagrosa cuestión Haroldo Conti estaba de vuelta”.

“Entonces Haroldo Conti y Manuel se juntaron allá en Rosario, eligieron un cuento que hablaba del Che y me lo enviaron a Barcelona a ver qué me parecía. ‘Es éste’, les contesté, y me puse a dibujar. En febrero de 2015 dieron a conocer a los ganadores, habíamos ganado... perdón, quise decir, habíamos resucitado.”

“El gringo” no llega solo a los kioscos. A la tapa de Juan Soto en este número se suma una de sus historietas (La línea), el regreso de la dupla Diego Parés-Esteban Podetti con Una historia de service, mucho más Zenitram de Juan Sasturain y el marplatense Juan Carlos Quattordio, una medida de La Ley Seca, del Marinero Turco, alguna ilustración humorística de Palomo y un nuevo cuento de Pedro Lipcovich en su clásica sección Muñecos grandes.

Pero todo este combo se completa con otros tres nombres-series-páginas. En primer lugar, la reaparición de Tatum con sus adaptaciones de Ambroise Bierce de El funeral de John Mortonson. Lo de Tatum había aparecido por primera vez en Fierro a finales de 2014 y había quedado pendiente ampliar a los lectores argentinos la obra de este compatriota también radicado en la vieja España. Además, habrá que contar con Te amo, del brasileño Adao Iturrusgarai, uno de los humoristas gráficos más revulsivos que tiene la disciplina en la actualidad, bien reconocido por sus pares. Y finalmente, el esperado regreso de Fernando Calvi con su nuevo trabajo: Al Rey de Constantinopla. Calvi viene de ganar cuanto premio pudo con la retahila de libros publicados en 2015 (algunos de ellos recopilando su labor en esta publicación) y el nivel de su obra es reconocido por editores, crítica, pares y público. Además (si el lector permite el “spoiler”), acá incorpora algunos elementos gráficos que no venía utilizando que seguramente convencerán hasta a los más reticentes. Un número de Fierro, sin dudas, para leer en todos lados.

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