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Miércoles, 9 de julio de 2008

FLAVIO CIANCIARULO, SERGIO ROTMAN Y EL REGRESO DE LOS FABULOSOS CADILLACS

“Volvemos por el público, las ganas, la guita y la música”

Mientras preparan el Satánico Pop Tour y el disco que combinará versiones y temas nuevos, los Cadillacs abrieron el fuego de las palabras. El saxofonista y el bajista hablan sin eufemismos de aquella separación y de este gozoso reencuentro.

 Por Roque Casciero

“Parece que nunca hubiéramos parado”, afirma Flavio Cianciarulo, bajista y compositor de Los Fabulosos Cadillacs. A su lado, en un sillón blanco que tiene pegado el logo de uno de los auspiciantes del regreso de la banda, Sergio Rotman reafirma los dichos de su viejo amigo: “Fue como si se hubiera vuelto a abrir una puerta que se cerró un instante atrás”. Y suena fuerte en la voz del saxofonista, que le había dado un estentóreo portazo a la banda allá por 1997, cinco años antes de la “diáspora Cadillac”. Sigue Flavio: “El buen clima entre nosotros era predecible, porque no se trataba de cuatro personas que estaban cada una en una punta y las convocó una propuesta en particular. Nosotros seguimos viéndonos todo el tiempo, en situaciones de intimidad y en cuestiones absolutamente cotidianas, así que eso garantizaba que la armonía iba a estar”. Eso ya se experimentó en vivo la semana pasada, cuando LFC tocaron en su show (no tan) secreto en el Planetario, que sirvió para anunciar el Satánico Pop Tour que los llevará por América latina, Estados Unidos y España, y que tendrá una parada histórica para la banda el 12 de diciembre en River (ver recuadro).

Es así, el clima en el universo Cadillac parece relajadísimo: desde la otra punta de La Trastienda (donde les entregaron un reconocimiento por haber vendido 2,5 millones de discos en todo el mundo), Vicentico, el tecladista Mario Siperman y el baterista Fernando Ricciardi, que ya terminaron una entrevista, les hacen chistes a los otros miembros históricos de los Cadillacs que hablan con Página/12 (el trompetista Daniel Lozano apenas abrió la boca, aplastado por la verborragia de sus compañeros). Entonces uno se pregunta y les pregunta cómo llegaron hasta aquí, si hace pocos meses Flavio contestó en la encuesta del Suplemento No de este diario que durante 2008 volvería “cualquier banda menos los Cadillacs”. “Ya sabía que se venía esa pregunta”, se ríe el autor de “Matador” y “Mal bicho”. “Yo les decía a ellos (por sus compañeros): ‘Esperemos al 2009 así no los cago a los del No’, pero no pude convencerlos.”

Sergio Rotman: –Hacela fácil, decí: “Les mentí” (risas).

Flavio Cianciarulo: –Es que en realidad no les mentí, porque en ese momento todavía no se sabía nada. No sé, estaría cruzado ese día... Pero ante esa contradicción, de tantas que tengo en mi vida, pesan más todas las cosas preanunciadas de los Cadillacs. O sea, vernos muchísimo en privado y en público, vernos en la radio (en el programa de Flavio en una emisora comunitaria) para aquel acústico pop y fogonero, de diversión y alegría, haber grabado “La parte de adelante” para el tributo a Calamaro...

S.R.: –Y más que nada vernos en los shows de cada uno, subiendo como invitados uno del otro, compartiendo las bandas. Eso es más fuerte que cualquier palabra. Porque es lógico lo que le pasó a él cuando tuvo que contestar. Si a él le pasó eso, imaginate todo lo que me pasó a mí en estos años: más que para volver a tocar juntos, he hecho planes para asesinarlos (risas). Sin embargo, la música, los escenarios y la parte humana fluían como agua.

F.C.: –Es que los Cadillacs son únicos. Y no quiero que se malinterprete como que estoy presumiendo con esa palabra, sino que significa que son diferentes a todo. Gaby o yo podemos hacer versiones de los Cadillacs con nuestros proyectos solistas, pero cuando ensayás con los Cadillacs es otra cosa. Es un sonido de 17 años en los que aprendimos, nos vinculamos, construimos una química. Eso me subyuga, lo mismo que la armonía en la que nos divertimos.

–Flavio, en una nota de hace dos años dijo que en algún momento había pensado que con usted y Vicentico alcanzaba para que fueran los Cadillacs, pero que luego se dio cuenta de que no era así.

F.C.: –Me está matando con el archivo... Confirmo lo que dije y lo subrayo: los Cadillacs son los Cadillacs. No hubiera sido para nada igual un proyecto Vicentico-Flavio, aunque podría haber sido viable, así como en algún momento vino Sergio a casa y me habló de hacer algo juntos. Pero los Cadillacs somos todos, eso es innegable.

–¿Por qué no está Ariel Minimal, que fue el guitarrista en los últimos dos discos de la banda?

F.C.: –Es una pregunta difícil de contestar porque no hay ningún edicto que hable de su exclusión. No quiero recurrir a eufemismos, sencillamente las cosas se dieron así y así tenían que darse. En alguna medida, con los que estamos hay un retorno a las fuentes, a las raíces. Igual, creo que Ariel nunca dejó de ser un músico invitado en los Cadillacs, él mismo se veía así. Un invitado deluxe, un monstruo, pero él se veía así, incluso cuando yo creía lo contrario. En este ciclo fue natural que no estuviera, no es que hay una lista negra, al contrario. Pero, bueno, hoy están los Cadillacs, son los Cadillacs.

S. R.: –De hecho, el martes 15 estamos armando un festival en homenaje a Toto (Gerardo Rotblat, percusionista de los Cadillacs que falleció en marzo), y ahí va a estar Ariel, así que no tenemos ningún problema. El festival va a ser en Niceto y van a estar Dancing Mood, Mimi Maura (donde toco yo), Mandinga y Misterio (las dos bandas de Flavio), además de otros músicos que fueron amigos de Toto. Y estamos pidiéndole a la gente que traiga sus tambores para homenajearlo.

–Rotman, usted había sido quien recomendó a Minimal, pero al poco tiempo pegó el portazo. Y en una nota en este diario dijo: “En los Cadillacs hay una guerra de egos”.

S. R.: –Esperé once años para aclarar esto: yo no dije que había una guerra de egos. Lo que dije era que había una guerra de egos y que Flavio y Gaby eran dos completos hijos de mil putas (carcajadas). No sé por qué el periodista no puso eso, porque quedó una declaración muy boluda.

F. C.: –Claro, es más interesante lo que dijo Sergio, porque lo que quedó es como si dijéramos “El argentino es soberbio”. ¡Más vale que sí! ¿Qué músico de una banda no tiene el egotrip del artista?

S. R.: –Cuando me llamaron para esa nota había dormido una hora y fui mucho más crítico, por decirlo suavemente, de todos los miembros de la banda, no sólo de Flavio y Gaby. Un día estaba en la banda y al otro día no, por eso había sido tan expeditivo: había dicho que Flavio y Gaby eran dos completos hijos de mil putas porque era lo que necesitaba para abrir el cambio al que me enfrentaba. Y por supuesto que estaba equivocado.

F. C.: –Bueno, pero en ese momento lo sentías y estaba bueno que lo dijeras. Yo sentía lo mismo o peor por vos (risas). Pero, más allá de eso, nunca hubo un encono de grueso calibre que trascendiera una pelea de amigotes, un “sos un pelotudo”. No va más allá de eso.

S. R.: –Y eso le da altura a la discusión.

F. C.: –Me acuerdo de cuando volví a juntarme con este cabrón. El estaba grabando con Cienfuegos, hacía un año que no nos veíamos, y me fui solo al estudio, no quise ni explicarle a mi esposa a dónde iba. Cuando él me vio se sorprendió, pero le dije: “La verdad, vengo a darte un abrazo porque no me acuerdo por qué estaba enojado con vos”. Realmente, los egos en las bandas llevan a las peleas internas, que a veces llegan a cartas documentos que van y vienen. A nosotros nunca nos pasó eso, nunca fue más allá de “somos amigos y en dos meses vamos a estar cagándonos de risa”. No es que nos unió esta gira, tipo “Bueno, Sergio, hagamos las paces, tenemos una buena oportunidad”. No, con éste salimos y no puedo contar las cosas que hacemos (risas).

–¿Por qué creen que en esta época funcionan tan bien las reuniones de las bandas?

S. R.: –Creo que hay un motivo que no se toma en cuenta porque queda tapado por los grandes espectáculos, los anunciantes y los millones de personas, y es que los músicos que se reúnen, desde The Police hasta nosotros, tienen una cuestión lógica de la generación. Esos tipos eran flacos que tocaban con vos y con los cuales un día te peleaste, pero salvo que hayas hecho algo que no pueda arreglarse, es natural que un día digas: “Puta, yo tocaba con Phil Collins, boludo. Che, llamalo a Phil Collins, ¿tenés el teléfono?” ¡Es así! Y seguro que en el medio viene el manager y dice: “¿Vas a llamar a Phil? Bueno, esperá que hago un par de llamados”. Hay una cuestión dinámica del artista y del rock: ¿cómo no vas a separarte si hiciste dos mil shows? Ningún cerebro ni ningún corazón soportan eso, tenés que salir de ahí. Llega un momento en el que lo único que querés es salir del micro, decir “paremos”.

–Bueno, en los años previos a la separación, Flavio ya no soportaba los viajes, ¿no?

F. C.: –Estaba cansado del avión, estresado, alcohólico, gordo, deprimido... Y lo peor de todo es que no era agradecido. No sé, en el último Foro Sol (en el Distrito Federal mexicano) en el que tocamos había 75 mil personas y no lo disfruté. Es algo inexplicable, después me di cuenta de que no podía ser así, por eso este regreso viene a saldar también una cuenta personal. Ahora agradezco hasta el ensayo, ni qué hablar de las cosas que vengan después con más o menos gente.

–¿River era también una cuenta pendiente?

F. C.: –Para mí es un foro más donde tocar cuando podés convocar a esa cantidad de gente. Haría cien Obras feliz de la vida, o cinco o uno. El otro día pensé que iba a haber menos gente y ya iba muy feliz igual. Todo lo que venga de ahora en más es de yapa, yo estoy muy agradecido.

–Después de la gira, ¿seguirán como banda?

F. C.: –Es una buena pregunta que no tiene respuesta. Y celebro que así sea. No sé, es un período que se termina, pero al haber temas nuevos se avizora algo.

–¿Cómo viene ese disco con temas nuevos y versiones de clásicos?

S. R.: –El lunes estuvimos grabando bases con Robert Carranza, ingeniero de Los Lobos, Mars Volta, Supergrass, Sly & Robbie... Pero quería decir que el reencuentro se está comiendo a un proceso musical que empezó el 7 de abril y que va a sorprender a muchos. Hasta acá no hemos hablado de música y, en realidad, no hay mucho que decir porque está sucediendo hoy.

F. C.: –A Sergio le gusta más hablar de música, a mí me impresiona un poco, prefiero tocar. Las bandas se ven en el escenario y en los discos.

S. R.: –Igual, me parece que es inútil explicar nada hasta que no lo escuchen, pero no falta mucho para eso, tampoco.

F. C.: –Siempre celebro la acción, hacer las cosas. Por eso disfruto el hecho de que se quieran grabar temas nuevos y versiones de los temas del repertorio más clásico de los Cadillacs, algunos con los mismos arreglos que antes y otros haciéndolos concha, en el buen sentido de la palabra. Son como tres familias de temas que van a estar en el disco.

S. R.: –No sé, al haber temas viejos con los nuevos se arma un paquete que... ¡Yo me compraría el disco! Igual, no nos veíamos sin hacer temas nuevos.

F. C.: –Claro, pero tampoco una cosa sobre la otra. No nos hubiéramos largado a hacer un disco sólo con temas nuevos, aunque no por temor: juro que me chupa un huevo si dicen que no somos ni la sombra de lo que fuimos, porque celebro la acción de estar motivados, inspirados y en química.

–¿Por qué no se dice que vuelven sólo por el dinero como en otros regresos?

F. C.: –Qué bueno que no se diga eso, porque es absurdo, uno vuelve por un montón de razones. Y no hay una más importante que la otra ni se las puede compartimentar. No puedo decir: “Bueno, voy a hacer esto sólo por el dinero y esto otro por placer”.

S. R.: –Hoy venía pensando en la respuesta porque sabía que se iba a hablar de eso. Nosotros tuvimos la suerte, en una de las cosas más gloriosas que hicieron los Cadillacs, de tocar con los Red Hot Chili Peppers, Cypress Hill y los Sex Pistols en el odioso Filthy Lucre Tour, en el que los Pistols salían con las libras esterlinas en el escenario y diciendo que sólo tocaban por el dinero. Se había generado toda una pantomima, incluso con fans puteando adelante, hasta que abrieron con “Bodies” y toda discusión terminó. Johnny Rotten es un genio que había llevado la discusión a un punto en el todo careció de sentido porque ahí arriba estaban los Sex Pistols. Y a mí me pasó algo cuando tocamos en el Planetario: después de la primera intro escuché un sonido nuevo, un “argghhhhhhh” que venía del público que nunca había escuchado en mi vida, y creo que eso también termina con cualquier discusión.

F. C.: –Tampoco podemos decir que volvemos sólo por el público, porque hay muchas más razones egoístas. Volvemos por el público, por nuestras ganas, por la guita, por la música, porque somos amigos y por el placer de ser los Cadillacs... entre muchas otras cosas.

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La banda recibió ayer en La Trastienda un reconocimiento por haber vendido nada menos que 2,5 millones de discos.
 
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