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Sábado, 2 de agosto de 2008

OPINIóN

La semana de los dibujos animados

 Por Eduardo Fabregat

La semana que pasó tuvo bastante de dibujito animado. Todo comenzó el domingo 27, cuando los responsables para Latinoamérica de la cadena Fox decidieron darle un gustazo al ex diputado Lorenzo Pepe y levantaron –solo en la emisión argentina– “E. Pluribus Gorgory”, el episodio 10 de la temporada 19ª de los dibujos amarillos. Para el que viva dentro de un frasco, hay que recordar que se trata del episodio en el que Carl y Lenny, aderezados con cerveza en el bar de Moe, dicen que hay que “abolir la democracia para siempre”, que “cuando la dictadura de Juan Perón te desaparecía, desaparecías para siempre”, y que “además, su esposa era Madonna”. Todo ello en el contexto de un capítulo que no deja títere político con cabeza, incluyendo al matrimonio Clinton y George W. Bush Jr. Resultó curioso que Fox justificara el acto de autocensura enfocando en la cuestión de los desaparecidos: mientras Pepe le solicitaba al Comfer que tomara cartas en el asunto por lo que consideraba una ofensa a la memoria del General, ningún organismo de derechos humanos se puso a perder el tiempo en protestar por un dibujo animado célebre por su delirante sentido del humor. Bastante tienen con las ofensas y peligros reales, como ese Laucha que de pronto encontró una puerta abierta y salió corriendo bajo las narices de quienes supuestamente lo vigilaban.

¿Valió la pena privar al público argentino de un episodio francamente hilarante de la serie creada por Matt Groening, que desmonta de manera feroz los métodos del sistema político, capaz de poner como candidato al pequeño y algo tonto Ralph? Más papistas que el Papa, más peronistas que Perón, los muchachos de Fox quedaron en offside con un tema que ni siquiera levantaba polvareda en la Argentina, que no pasó de la anécdota, que a esta altura, digámoslo de una vez, no le importaba a nadie. En todo caso, el punto más alto de esa polémica se vivió en 1995, cuando Madonna, Alan Parker y Antonio Banderas vinieron a la Argentina a plasmar la ridícula relectura de Andrew Lloyd Webber para el cine: mientras los muchachos de la JP (y también los de Tradición, Familia y Propiedad) pintaban las paredes de Buenos Aires con la consigna “Fuera Madonna”, Carlos Saúl I mantuvo una reunión con la cantante y el director en una isla del Tigre, y zanjó la cuestión concediéndoles el uso del balcón de la Rosada. El presidente que le dio a Evita su principal escenario, quizás hay que recordarlo, también se decía peronista.

Y además: ¿vale la pena censurar un episodio de Los Simpson por una barrabasada sobre Perón, cuando el mismísimo canal estatal ofrece, lunes a lunes, una parodia desternillante sobre los ’70? Cuando Peter Capusotto y sus videos ofreció las primeras canciones de Bombita Rodríguez, “el Palito Ortega montonero”, ya desató las primeras carcajadas. Pero en los programas siguientes fue redoblando la apuesta hasta convertir a su bigotudo personaje en el hit de 2008, con momentos sencillamente inolvidables como el trailer de El picnic de los montoneros o, el lunes pasado, la presentación del juego de mesa “El Montonero Mágico”, en el que todas las respuestas conducen al General. Quizá Lorenzo Pepe esté mirando otro canal. Quizá, paradojas de la pequeña pantalla, un monstruo de la comunicación como la cadena Fox debería aprender algo de una golpeadísima emisora del Estado.

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Hablando de Canal 7: esta semana cartoon dejó también un constante ir y venir de infructuosos llamados entre la redacción de este diario y funcionarios del Gobierno involucrados en el área del Sistema Nacional de Medios Públicos, llamados a los que sólo les faltó la musiquita típica del dibujo animado. No vale la pena dejarse llevar por el deporte de pegarle al funcionario saliente: dejando de lado esa manía de Visión 7 (donde Rosario Lufrano era la cara visible, pero no la responsable del contenido) por seguir a la Presidenta hasta la inauguración de un caño cloacal en Ezpeleta, basta revisar la programación artística para concluir que sería una injusticia estigmatizar la gestión Lufrano como un desastre. Sobre todo en un mundo televisivo donde Gerardo Sofovich, por ejemplo, es considerado “el presidente del jurado de ShowMatch” y no el presidente de los negociados más escandalosos en la historia de la emisora estatal. Lufrano les dio pantalla a varias ficciones, programas sobre cine y un buen segmento infantil, consiguió logros deportivos como transmitir la NBA, la Champions League, un partido de AFA y los Juegos Olímpicos, les dio aire al cine, la música y las ciencias, y a un muy buen programa de investigación rockera como Elepé, que metió un gol al ángulo al conseguir que Luis Alberto Spinetta, Edelmiro Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García desmenuzaran ante cámaras el primer álbum de Almendra.

Tras la renuncia de Lufrano, el nombre de Tristán Bauer cayó de maduro: uno de los chistes habituales, precisamente, era que Lufrano ponía toda la voluntad, pero en la Rosada sólo se hablaba de lo bueno que era el canal Encuentro. Pero, tal como adelantó Horacio Verbitsky el domingo pasado, la oferta fue más allá de la dirección del 7: la partida de Gustavo López parece dejar el campo libre para el desembarco de Bauer en el Sistema Nacional de Medios Públicos. De eso, entonces, se trataron todos los llamados, salpicados de “aún no hay nada confirmado”, “Sí, hubo una oferta, pero hay que pensarlo mucho”, “vamos a tener una reunión” y evasivas enigmáticas por el estilo: no se sabía si al otro lado de la línea estaba Tristán o Jack Bauer. Al cierre de esta edición, todo parecía confirmar la noticia. O no.

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Por último: ésta fue también una semana cartoon por tratarse del particular período que se abre cada invierno, cuando los dulces parvulitos, liberados de las obligaciones escolares, se convierten en máquinas de demandar entretenimiento. Otra vez, los padres se ven arrastrados a esa montaña rusa de transportes llenos de personas en el mismo trance y portando a su correspondiente infante convertido en paquete de abrigos, colas interminables, mercachifles que ponen juguetitos made in China frente a las narices del niño para estimular el comprame comprame, trencitos de la alegría con Power Rangers y Hombres Araña algo desteñidos, lindezas salidas de la tele como 100% Lucha (¿era necesario?), High School Musical: El desafío, Casi ángeles o las “aventuras espaciales” de ese empalagoso dinosaurio púrpura llamado Barney, comida basura y un sinfín de opciones para vaciar la billetera. Este año, para colmo, la billetera quedará más vacía: como los sufridos padres ya han podido comprobar en boletería, son cada vez más los espectáculos que, en nombre de un “seguro de bebé” o eufemismos similares, les cobran entradas a los niños menores de 2 años. Hay incluso un par de propuestas que tasan en 10 pesos el ticket para bebés desde los tres meses. Frente a este nuevo recurso comercial, más de uno se siente como Homero Simpson frente a la avaricia del señor Burns.

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